jueves, 14 de diciembre de 2017

El pene: ¿cómo cambia con el paso del tiempo?


El pene, así como el resto de tu cuerpo, también cambia con el paso de los años. Desde el tamaño, hasta la sensibilidad y la rapidez con la que responde a un estímulo sexual, el pene no es el mismo a los 30 que a los 60. Sigue leyendo para que te enteres de sus cambios y no te sorprendas cuando lleguen.

Con la edad, todo el cuerpo va cambiando.  En los hombres, no es secreto que su sexualidad también lo hace. A medida que la testosterona va disminuyendo, también son menores las ganas de hacer el amor, toma más tiempo lograr una erección, mantenerla y llegar a un orgasmo. La disfunción eréctil es más común con los años y en algunos casos, se presentan problemas con la próstata. Pero hay algo de lo que se habla poco y que también es una realidad: el pene cambia de tamaño y de apariencia a medida que envejeces. El pene que tenías a tus treinta años, cuando estabas en la plenitud sexual, ya no luce igual que cuando llegas a los 60 o 70.

El pene cambia de apariencia

A medida que pasan los años, la cabeza del pene, o glande, pierde su color rosado o morado, debido a la disminución del flujo sanguíneo en el área. El vello púbico también disminuye. Es como si debido a la disminución de la testosterona, tu pene volviera a como estaba justo en la pubertad, antes de desarrollarse por completo.

El pene cambia de tamaño

El tamaño del pene también cambia con los años. Esto se debe en parte al aumento de peso y acumulación de grasa en la parte baja del abdomen que hacen que el pene se vea más pequeño. Sin embargo, es real que el pene se encoje tanto en longitud como en grosor, pues las arterias pequeñas que lo irrigan se recubren de sustancias grasas. A este proceso se le llama ateroesclerosis, el cual, puede llevar a sufrir un ataque al corazón. Es por esto, que cuando los hombres sufren de problemas de impotencia, puede ser un signo de que hay problemas con el sistema cardiovascular.

Un indicador de la disminución del tamaño del pene, es por supuesto, el tamaño de la erección: si a los 30 años, tu pene erecto medía 6 pulgadas, puede que a los 60 mida 5 pulgadas. Tampoco es un cambio demasiado dramático, pero sí lo puedes a notar.  Además, debido al desgaste de las paredes que recubren el pene, tus erecciones serán menos firmes.

Los testículos, al igual que el pene, también se achican: pierden alrededor de una pulgada de diámetro.

Otra cosa que puede cambiar en el aspecto y funcionalidad de tu pene, es la llamada curvatura. Existe una condición extrema, conocida como enfermedad de Peyronie significa que el pene tiene una curva pronunciada que puede causar erecciones dolorosas y hacer que la penetración durante el acto sexual sea difícil. Esto no es el resultado del envejecimiento. Esta enfermedad se produce cuando una placa de fibrosis o cicatriz se desarrolla en el cuerpo cavernoso del pene, provocando que éste se incline hacia la cicatriz. La causa puede haber sido un trauma sufrido durante el acto sexual o una lesión durante un deporte, por ejemplo. Puede afectar a cualquier hombre, y se presenta por lo general, alrededor de los 50 años. El tratamiento cuando es muy severo, a veces requiere cirugía.

La sensibilidad del pene disminuye

Muchos estudios al respecto, indican que con el tiempo, el pene se vuelve menos sensible. Esta es la razón por la cual el alcanzar una erección puede tomar más tiempo. Pero no te preocupes: que se demore un poco más, no significa que no la puedes lograr.

Si bien no podemos negar los efectos del paso del tiempo en el cuerpo, es importante que no interpretes esto como el fin de tu vida sexual. ¡Para nada! Estos cambios varían de persona a persona y típicamente no son tan severos como para acabar con tu deseo o tu capacidad para alcanzar un orgasmo. Son cambios moderados que puedes ir discutiendo con tu médico o  con un urólogo a medida que se presentan.

Recuerda que la satisfacción sexual no sólo se basa en la penetración o en tener un pene grande. Se trata de lograr una comunión con tu pareja, y disfrutar de las muchas formas de sexualidad. Además, no es que no vayas a lograr penetrar a tu pareja, así que tranquilízate. Esto es sólo una forma de saber que vas a ver cambios y puedes prepararte, sin alarmarte, para enfrentarlos y sacar lo mejor de ti mismo y tu sexualidad que puedes y debes seguir disfrutando.

 

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Enojo, rabia, ira, cólera: enemigos mortales de tu corazón


Si tienes un temperamento irritable y te enojas con facilidad, ¡respira profundo! No sólo porque el enojo por lo general causa reacciones destructivas, sino porque además le estás haciendo daño a tu corazón. Los ataques de cólera pueden causar un ataque cardíaco sin importar tu edad. Sigue leyendo y entérate de cuál es la relación entre el corazón y el enojo.

¡Grrrrrrrr, qué coraje! Justo cuando estabas terminando el informe para entregarle a tu jefe, se fue la luz, y todo se borró de la computadora. O tal vez estabas cocinando algo y en un descuido todo se quemó. O tu pareja te hizo algo que te hizo salirte de tus casillas. Cualquiera que sea el motivo de tu enojo, seguro habrás notado que, al estar enojado, el pulso se te acelera, la sangre se te sube a la cabeza y sientes un fuerte impulso por hacer algo violento: gritar, romper algo, golpear la mesa con los puños. Y aunque el enojo es una emoción normal y hasta sana, en exceso no es bueno para la salud. Por algo se han creado cursos para aprender a manejarlo y a controlarlo.

El enojo y el corazón

Un ataque de rabia puede hacerle mucho daño a tu corazón. Aunque los científicos aún siguen investigando más a fondo el tema, se sabe que el enojo y otras emociones fuertes afectan directamente al corazón y a las arterias. Cuando te enojas, tienes ira o cólera, el cuerpo activa un mecanismo de combate o pelea, te pone alerta y es entonces cuando se liberan hormonas como la adrenalina y el cortisol, se aceleran los latidos del corazón, la respiración se hace más agitada y sientes una descarga de energía. Los vasos sanguíneos se contraen y la presión arterial sube. Cuando esta reacción ocurre con demasiada frecuencia, el sistema cardiovascular se sobrecarga y se gasta.

Existen evidencias de que estas reacciones pueden causar acumulación de placas de grasa en las arterias y por lo tanto, se dañan. Esto, obviamente, debilita el sistema cardiovascular y hace que estés a las puertas de sufrir un infarto, aunque seas joven.

Un estudio realizado por el Johns Hopkins School of Medicine, evaluó a 1,337 hombres estudiantes de medicina y encontró que aquellos propensos al enojo presentaron tres veces más probabilidades de sufrir un ataque al corazón siendo jóvenes, o al menos, más propensos a desarrollar problemas cardíacos a lo largo de su vida.

Por eso, cuando algo te cause enojo, ¡respira profundo! Cuenta hasta diez, haz una pausa, pon las cosas en una balanza y no reacciones con violencia. El practicar técnicas de relajación puede ayudarte a controlar estos ataques ya evitar que tu corazón sea el más afectado. ¡No dejes que un ataque de rabia te cause un ataque al corazón!

Si tienes dudas acerca de este tema, consulta con tu médico.

 

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3 mitos populares sobre el cáncer


Que si el maquillaje da cáncer, que si el desodorante, que si el azúcar, que si el plástico… Mucha gente cree que estos factores contribuyen al desarrollo del cáncer por versiones que escuchan de otros o que leen en el Internet. Sin embargo, antes de que entres en un pánico innecesario sobre las posibles causas del cáncer, entérate si ciertos mitos populares acerca de el cáncer son correctos o no.

El cáncer: un tema rodeado de mitos y miedos

“¡No calientes tu comida en un recipiente de plástico porque te da cáncer!” Le gritó una compañera de trabajo a una de mis pacientes a la hora del almuerzo. A partir de ahí se armó una discusión sobre el tema y muchos de sus colegas empezaron a discutir sobre si esa afirmación era cierta o no. La conclusión general, me cuenta mi paciente, es que en la vida diaria existen muchos factores que “secretamente” causan cáncer y nadie nos informa al respecto.

Es normal que te asustes ante estas especulaciones y que trates de averiguar qué tan cierto es. Por eso, aquí te presentamos algunos de los mitos más comunes que existen en relación a las causas del cáncer para que la próxima vez que escuches alguna de estas advertencias, tengas las respuestas correctas basadas en los conocimientos de la ciencia en estos momentos.

Mito #1: El poner recipientes y envolturas de plástico en el microondas hacen que la comida se impregne con sustancias cancerígenas.

Realidad: Si los recipientes o envolturas de plástico indican que son aptos para usar en microondas, no debes preocuparte de que liberen químicos o sustancias cancerígenas en la comida. Sin embargo, aquellos recipientes que no han sido diseñados para usar en el microondas pueden derretirse y liberar químicos perjudiciales. Por eso, siguiendo la recomendación de la FDA (Administración Federal de Drogas y Alimentos), fíjate siempre que los recipientes estén marcados con una etiqueta que dice “apto para microondas” (en inglés: “microwave safe”). De la misma manera, hay recipientes diseñados para la lavadora de platos. Fíjate que así lo indique el recipiente para estar seguros de que al ponerlos en la lavadora (en inglés: “dishwasher safe”), no se afecten con el calor y liberen sustancias perjudiciales.

Algunos médicos están de acuerdo con que los plásticos que no son perjudiciales — los que no contienen (están libres de) BPA o bisfenol A, una sustancia que se usa para fabricar plásticos — son aquellos que están marcados con los números 1, 2, 4 o 5 en la parte de abajo del recipiente.

Mito #2: Las personas que tienen cáncer no deben comer azúcar porque hace que la enfermedad avance más rápidamente.

Realidad: No es cierto que el comer azúcar haga que la enfermedad se propague más rápidamente. Es cierto que todas las células del cuerpo dependen del azúcar o glucosa en la sangre para tener energía, pero darles más azúcar no acelera su crecimiento, así como darles menos, no hace que crezcan lentamente. Así que la próxima vez que escuches que alguien dice esto, no le hagas caso. Si eres un enfermo de cáncer, puedes hablar con tu médico acerca del tema para que te de tranquilidad.

Desde luego que el azúcar refinado no es un alimento nutritivo. Es mejor obtener el azúcar de los carbohidratos provenientes de las frutas, los vegetales y los granos integrales.

Mito #3: El cáncer es contagioso.

Realidad: No hay nada más lejos de la verdad que esta afirmación. El cáncer no es una enfermedad contagiosa, así que puedes estar con un paciente que tiene cáncer, tocarlo y compartir con él o ella sin que tengas por qué preocuparte. Además, las personas que tienen cáncer necesitan mucho apoyo y afecto, así que estar con ellos les hace bien.

Tal vez la idea de que el cáncer es contagioso surgió por una interpretación equivocada, ya que algunas enfermedades contagiosas pueden causar el cáncer. Es el caso del Virus del Papiloma Humano (VPH) una enfermedad de transmisión sexual que puede ser la causa del cáncer del cuello uterino (cáncer cervical); y de la Hepatitis C, un virus que se transmite a través del sexo o del uso de agujas contaminadas y que puede causar el cáncer del hígado.

Con esto en mente, puedes hablar con tu médico acerca de cómo prevenir la transmisión de estas enfermedades. Pero no te comas el cuento de que el cáncer se contagia. ¡No es cierto!

Ahora que ya te informaste al respecto de estos mitos sobre el cáncer, puedes hablar con conocimiento de causa la próxima vez que alguien te quiera asustar con algún dato falso. En caso de que surjan más dudas, antes de darlas por ciertas, consulta con tu médico.

 

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miércoles, 13 de diciembre de 2017

Las caídas: aprende a prevenirlas en niños y ancianos


En las películas cómicas, las caídas y los tropezones nos matan de la risa, y ni qué decir de las peripecias de los payasos del circo… mientras más escandalosas, mejor. Claro que todos se levantan, se sacuden y aquí no ha pasado nada. Eso es en el mundo del espectáculo y de la diversión. Sin embargo, en la vida real las caídas son algo muy serio. Pueden ser muy peligrosas para las personas de todas las edades, y en particular para los más vulnerables: los niños y los ancianos. La buena noticia es que la mayoría de las caídas puede prevenirse. Aquí te decimos cómo.

Trata de imaginarte un lugar peligroso. Seguro que ni remotamente te pasó por la mente un terreno para juegos infantiles o tu cuarto de baño, ¿cierto?  Y sin embargo, cientos de personas llegan a diario a las salas de emergencia de todo el mundo para el tratamiento de lesiones sufridas por caídas producidas mientras jugaban en el parque, practicaban un deporte, se daban una ducha o bajaban las escaleras en su propio hogar. Las caídas, además de lesiones y fracturas, pueden incluso resultar fatales. Por eso queremos que aprendas a evitarlas y así que te protejas tú y que protejas a tus seres queridos.

Todos podemos sufrir una caída, pero hay dos segmentos de la población especialmente vulnerables: los niños y los adultos de más de 65 años. Las estadísticas te darán una mejor idea de la seriedad del asunto:

Las caídas en los niños: la supervisión es la clave

Las estadísticas:

  • Las caídas son la principal causa de lesiones no fatales que afectan a niños y adolescentes entre las edades de 0 a 19 años.
  • Cada día, 8,000 niños reciben atención en las salas de emergencia de los Estados Unidos únicamente, por lesiones ocasionadas por caídas (esto representa un total de 2.8 millones de niños lesionados al año).

Lo que se puede hacer para prevenirlas:

En el hogar:

  • No dejes a un bebé o a un niño pequeño sin supervisión sobre la cama, sobre un sofá o sobre un cambiador.  Puede voltearse y caerse.
  • Selecciona juguetes y productos para el bebé o para el niño que cumplan los estándares necesarios de seguridad.
  • Usa siempre las correas de seguridad en las sillitas altas para comer  y sube la baranda de seguridad en las cunas.
  • No coloques al niño en un andador con ruedas en el que pueda desplazarse y rodar accidentalmente por las escaleras. Es preferible un andador fijo o dejarlo en su corralito.
  • Las ventanas abiertas son un peligro para todos los niños menores de 10 años. Las caídas desde una ventana son muy graves y pueden hasta causar la muerte. Para evitarlas, instala protectores en todas las que estén por encima del primer piso.  Aleja los muebles de las ventanas para que el niño no pueda subirse a ellos y llegar a la ventana.
  • Las escaleras son otras de las áreas más peligrosas del hogar.  Instala rejillas de seguridad en el tope y en la parte baja de las escaleras para mantener aislados a los bebés y los niños más pequeños. Enséñale a los mayorcitos a no bajarlas y subirlas corriendo y evita que dejen objetos tirados en los escalones que puedan ocasionar un resbalón.
  • Ten cuidado también con las alfombras que no están adheridas al piso que pueden moverse. Para que no se deslicen, fíjalas con cinta adhesiva doble o coloca debajo de ellas un pedazo de fieltro.
  • Coloca alfombritas antideslizantes en el fondo de la bañera. Seca cualquier derrame de agua para evitar resbalones.
  • Revísales el calzado. Procura que la suela no resbale y que usen un zapato de la medida correcta.

En patios y áreas de juego y recreo:

  • Es importante que los niños se diviertan al aire libre y se ejerciten mientras juegan, pero deben hacerlo de forma segura. Aproximadamente 15 niños de hasta 14 años de edad pierden la vida debido a estructuras defectuosas, equipos inadecuados y descuidos en el área de juego cada año en los Estados Unidos.
  • Los niños siempre deben jugar bajo la supervisión de un adulto.
  • Asegúrate de que los columpios, los toboganes y todos los equipos sean los indicados para la edad del niño.
  • Evita que los niños muy pequeños compartan el área de juego de los más grandes para evitar accidentes.
  • Las superficies debajo de los toboganes y de los juegos deben ser lo suficientemente blandas como para amortiguar las caídas y deben cubrir hasta unos seis pies alrededor de los aparatos de juego y de ejercicios.  Las más recomendables son las de aserrín, arena o caucho. Las menos seguras y que debes evitar son las de cemento o asfalto.

En el deporte:

  • Asegúrate de que el niño utiliza los protectores adecuados para el deporte que practique: rodilleras, protectores para las muñecas y codos, así como cascos o protectores dentales.
  • Es imprescindible que los niños usen cascos protectores cuando patinan ya sea sobre ruedas o en el hielo, sobre patinetas  y también cuando montan bicicleta. Eso evita lesiones en la cabeza, que pueden ser graves.
  • Si monta bicicleta, verifica que tenga el tamaño adecuado para su edad y que el niño pueda mantener bien el equilibrio.
  • Evita que monte bicicleta o patine durante la noche, en zonas con poca iluminación o en áreas de tráfico denso.

Recuerda que especialmente en el caso de los bebés y de los niños muy pequeños la supervisión es fundamental ya sea en casa o en el patio de juegos o de recreo.

Las caídas en los adultos de más de 65 años: un problema muy serio

Las estadísticas:

  • Según datos del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, 1 de cada 3 adultos de más de 65 años se cae cada año. En las personas de esa edad, las caídas  son la causa principal de muerte por lesiones y heridas. También son la causa más común de las heridas que no son fatales y de las admisiones al hospital debido a traumas.
  • Las cifras son alarmantes: solamente en el 2009, las salas de emergencia trataron a 2.2 millones de personas mayores con lesiones no fatales y 581,000 de ellas requirieron ser hospitalizadas.
  • La tasa de mortalidad por caídas en las mujeres y los hombres de más de 65 años se ha disparado en la última década.
  • Las consecuencias son serias para este grupo de adultos:
    • De un 20 a un 30% de las personas que se caen, sufren lesiones moderadas a severas (laceraciones, fracturas de cadera y traumas en la cabeza). Estas lesiones les dificultan vivir de manera independiente y aumentan su riesgo de morir anticipadamente.
    • Las caídas son la causa más común de lesiones traumáticas al cerebro.
    • La mayoría de las fracturas en las personas mayores son causadas por caídas. Las más comunes son las fracturas de columna, cadera, antebrazo, pierna, tobillo, pelvis, brazo y mano.
    • Muchas de las personas que se caen, aunque no se fracturen, temen volverse a caer. El temor limita sus actividades, y al moverse menos, pierden control y tono muscular lo que aumenta aún más el peligro de volverse a caer.

Lo que se puede hacer para prevenirlas:

  • Practicar ejercicios regularmente: aproximadamente un 75% de los adultos de este grupo llevan una vida sedentaria y pierden hasta un 2% de fuerza muscular cada año entre los 65 y los 85 años. La pérdida de fuerza y el tono de los músculos, unidas a otros problemas como la falta de equilibrio, aumentan las probabilidades de caerse. Cuando un adulto de esta edad se cae, pierde confianza y se vuelve más sedentario aún, aumentando, como mencionamos anteriormente, las probabilidades de volverse a caer.
    • Los ejercicios deben enfocarse en fortalecer las piernas y mejorar el equilibrio. Para aumentar la fuerza muscular, también pueden realizar ejercicios con pesitas de dos a tres veces a la semana. Lo ideal es que los dirija un profesional o un terapista físico. Para ponerse en contacto con los terapistas de su área, pueden hacerlo a través de una compañía proveedora de cuidados de salud o de su médico.
    • Ejercitarse durante 30 minutos por lo menos 3 veces a la semana reduce el riesgo de las caídas en un 50%.  Puede por ejemplo, caminar a un ritmo moderado durante media hora varias veces a la semana.
  • El médico o el farmacéutico deben revisar los medicamentos que está tomando para evitar las interacciones entre ellos, y los efectos secundarios que incluyan mareos o adormecimiento.  Cuando las personas mayores no están alertas, corren más peligro de caerse.
    • Los medicamentos para bajar la presión arterial aumentan el riesgo de las caídas cuando la presión arterial baja y se desarrolla hipotensión ortostática (se produce al levantarse la persona después de haber estado sentada o acostada y se siente mareada).  Lo mismo sucede con algunos los antidepresivos, algunos antihistamínicos y algunos sedantes.
    • El uso de varios medicamentos  a la vez puede producir mareos, inhibir la conexión entre los nervios y los músculos y desencadenar la hipotensión ortostática.
  • Hacerse una revisión de la vista por lo menos una vez al año y renovar sus lentes, en caso necesario, para asegurarse que ve lo mejor posible.
  • Comer alimentos ricos en calcio y vitamina D (o suplementos si se lo indica su médico) para combatir la osteoporosis
  • Ser cautelosos: muchas caídas ocurren cuando la persona mayor quiere seguir realizando las mismas actividades de siempre, sin darse cuenta de que su capacidad ha mermado. Las personas con problemas del oído interno (que causa vértigo y dificulta el equilibrio), con artritis o con disminución en la sensibilidad en las piernas debido a mala circulación de la sangre, deben tener más cuidado.
  • Evitar beber alcohol.
  • Usar zapatos de suela de goma y tacón bajo para evitar resbalones, evitar caminar en pisos húmedos o mojados o subirse en sillas o en escaleras para buscar objetos.

Cuidados especiales en el hogar:

  • Agarrarse bien del pasamanos al bajar las escaleras.
  • Usar un bastón o un andador en caso necesario
  • Cuidado con el cuarto de baño: es una de las áreas más peligrosas del hogar, no solamente por las superficies resbalosas del suelo o la bañera, sino porque al levantarse de la taza sanitaria o al salir de la bañera se pueden producir cambios en la presión arterial que causen mareos y hasta desmayos.
  • Instalar alfombras antideslizantes en el fondo de la bañera, y barras en la bañera y al lado de la taza sanitaria.
  • Eliminar las alfombras de paso que no estén adheridas al piso para evitar resbalarse o tropezarse con ellas.
  • Mantener el hogar bien iluminado.
  • Evitar cables en el piso y objetos regados que puedan producir caídas.
  • Distribuir los muebles de forma que quede suficiente espacio para caminar.
  • Mantener a la mano (cerca de la cama, por ejemplo), una lista con los teléfonos de emergencia.

Como ves, las caídas no suceden porque sí. La mayoría puede evitarse con un poco de precaución. Revisa bien tu hogar y toma las medidas necesarias para proteger a todos los miembros de la familia de caídas potencialmente peligrosas.

 

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Prolapso vaginal: el secreto mejor guardado de muchas mujeres


Con el paso de los años, a veces la vagina deja de servir como soporte para nuestro aparato reproductor femenino. Muchas mujeres van al médico preocupadas por los síntomas, pero salen aún más asustadas cuando les dicen que tienen prolapso vaginal y que necesitan cirugía. Hasta que se encuentran con una amiga que les dice “tranquila, a mí también me pasó, y a tu prima, y a la cuñada de Cata y la mamá de Olga”. Si es algo tan común, ¿por qué no dijeron nada antes?

Shhhhhh… como sucede con gran parte de los temas relacionados con la salud de la vagina, las mujeres en general creamos un manto de silencio alrededor y preferimos no hablar de ella. Y mucho menos cuando se trata de enfermedades o problemas de la vagina como el prolapso vaginal.

Por eso, a pesar de que el prolapso vaginal le sucede al 30% o 40% de las mujeres mayores de 40 o 50 años, no se habla abiertamente de eso. Hasta que alguna mujer ha sido diagnosticada y debe someterse a cirugía pronto; en ese momento, todas las demás empiezan a confesar: “no te preocupes, yo ya pasé por eso”.

¿Qué es el prolapso vaginal?

“Prolapso” significa caída. Cuando se habla del prolapso vaginal, quiere decir que los tejidos y los músculos de tu vagina se estiran y se debilitan, y no tienen la fuerza para soportar todos los órganos que se encuentran en el área de tu pelvis (como la matriz, la vejiga, la uretra, la misma vagina, el recto y el intestino delgado). Esto se llama “relajamiento o estiramiento del piso pélvico”. Y como consecuencia, los órganos se desacomodan y también empiezan a caerse en vez de permanecer en el lugar donde normalmente se encuentran.

Existen diferentes tipos de prolapso vaginal:

  • Prolapso de la bóveda vaginal: La parte superior de la vagina se debilita y empieza a caer. Este problema es común en la mayoría de las mujeres a quienes les quitaron la matriz en algún momento de su vida (histerectomía).
  • Prolapso del recto o Rectocele: cuando la pared posterior de la vagina se debilita, el recto la empuja y crea un abultamiento
  • Prolapso de la vejiga o Cistocele: cuando la pared anterior de la vagina se debilita, permitiendo que la vejiga empiece a caer. Si la uretra también cae, esta condición se llama cistouretrocele.
  • Hernia del intestino delgado o Enterocele: Cuando hay prolapso de la vagina después de una histerectomía, y las paredes dos paredes de la vagina se separan, los intestinos empiezan a empujar contra la vagina y forman una hernia.
  • Prolapso del útero: Cuando los tejidos y ligamentos que mantienen al útero en su lugar se debilitan, éste empieza a caer dentro de la vagina y empieza a debilitar sus paredes también.

Causas del prolapso vaginal

¿Por qué sucede? Existen varias causas por las cuales los tejidos y los músculos de la vagina y la zona pélvica se empiezan a debilitar y permiten la caída de los órganos. Una de las causas más comunes es la histerectomía, pues deja el vacío del útero que debilita los tejidos de la vagina y permite la caída de otros órganos.

También es común que el prolapso vaginal suceda después de la menopausia, por la falta de los estrógenos. Estas hormonas ayudan a mantener con fuerza los tejidos y los músculos del piso pélvico para que puedan aguantar a un bebé. Pero después de la menopausia, el cuerpo femenino ya no puede esperar más bebés y los músculos de esa área se debilitan por la falta de estrógenos.

Además, el prolapso vaginal puede simplemente suceder como consecuencia del paso de los años y otras circunstancias como haber tenido muchos partos, la obesidad, actividades físicas muy fuertes, otras cirugías pélvicas, fumar, etc.

Si es una situación tan común, ¿por qué necesita cirugía? Porque con el tiempo los órganos van cayendo cada vez más y más dentro de la vagina, e impiden que los demás órganos funcionen como deberían. Y si no recibes tratamiento médico a tiempo, los órganos caídos, o la misma vagina, pueden empezar a salirse por el canal vaginal hacia fuera de tu cuerpo. Por eso es tan importante identificar el problema a tiempo.

Síntomas del prolapso vaginal

Estos son algunos de los síntomas más comunes que te permitirán identificar a tiempo cuando tienes este problema:

  • Incomodidad y dolor en la vagina y el área de la pelvis, especialmente al estar de pie por mucho tiempo
  • Una sensación de que algo “se quiere salir” por la vagina
  • Problemas para orinar: la vejiga tiene mucha presión y no puede vaciarse por completo, entonces sientes que siempre tienes ganar de orinar y que debes ir al baño frecuentemente.
  • Incontinencia urinaria: en algunos casos puede suceder al revés, que la orina se salga con cualquier esfuerzo o fuerza que la mujer haga, ya sea al estornudar, toser o al hacer ejercicio.
  • Infecciones urinarias frecuentes
  • Problemas para defecar (ir al baño a evacuar): cuando el recto está caído o hay algún otro órgano que lo está presionando.
  • Incomodidad o dolor al tener relaciones sexuales.

Si sospechas que puedes tener un prolapso vaginal, es importante que veas a tu médico cuanto antes. Generalmente no es una situación muy peligrosa, siempre y cuando los órganos no se salgan por completo por la vagina con el tiempo. Por eso es necesario tratarlo o hacer una cirugía a tiempo, para evitar esta complicación.

Y no te avergüences de hablar de este problema. Tan pronto le cuentes a alguna amiga, familiar o colega de trabajo femenina, te darás cuenta que no eres la única mujer en el mundo que pasa por esta situación. Eso te dará más tranquilidad para superar este problema de la mejor manera.

 

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Que el alcohol no sabotee tu dieta en estas fiestas


¿Te has puesto a pensar cuántas calorías  aportan las bebidas alcohólicas a tu dieta? Según un nuevo estudio, el alcohol añade 100 calorías promedio por día entre los adultos estadounidenses. En otros países la cifra es mayor. Para que no te descuides en estas fiestas, aquí te contamos más sobre estos hallazgos y te damos opciones para mantenerte en forma, antes y después del brindis.

Cuando se piensa en modificar la dieta para cuidar la figura o bajar de peso, muchas veces no se tienen en cuenta las bebidas, aunque éstas pueden agregar calorías y hacer que sea más difícil lograr el objetivo deseado. Esto no sólo es válido para las sodas, los jugos (zumos) y las bebidas azucaradas. El alcohol también es una fuente importante de calorías: una cerveza agrega alrededor de 150 calorías, lo mismo que un refresco, por ejemplo.

El alcohol y la dieta

Al respecto, un estudio llevado por unos investigadores del Centro Nacional de Estadísticas de la Salud (NCHS, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos ha detectado que un adulto estadounidense toma a diario 100 calorías promedio, provenientes de cerveza, vino u otras bebidas alcohólicas. Y si bien no todos beben esa cantidad, la investigación demuestra que alrededor del 30 por ciento de los hombres y el 18 por ciento de las mujeres mayores de 20 años consumen algún tipo de bebida alcohólica todos los días.

El informe, que fue publicado en la revista NCHS Data Brief, detalla los patrones de consumo de las bebidas alcohólicas de los adultos en Estados Unidos desde 2007 hasta 2010. Allí se indica, por ejemplo, que las 100 calorías diarias promedio representan alrededor del 16 por ciento del total de las calorías consumidas al día. Pero hay que tener cuidado y vigilar el total de las calorías diarias. Si bien 100 calorías no parecen mucho, con el tiempo pueden convertirse en kilos o libras extra en el cuerpo.

Por otro lado, el informe también indica que los hombres tienden a elegir cerveza y otros tipos de alcohol, mientras que las mujeres prefieren el vino. ¿Y a ti, cuál es la bebida que más te gusta para brindar? El dicho dice que no hay que hacerlo con agua, pero tanto el alcohol (como las sodas) puede derribar tu intento por cuidar o mantener tu peso, sobre todo en este mes de fiestas y de reuniones donde aprovechamos para brindar por todo, por lo que ocurrió y por lo que está por venir.

¿Qué puedes beber que no arruine tu dieta?

Aquí te damos algunas recomendaciones sin alcohol para que los brindis no atenten contra tu silueta:

  • Elige gaseosas sin azúcar (como las sodas o refrescos de dieta). Esta puede resultar la elección más sencilla, aunque no es la más nutritiva.
  • Los jugos naturales de frutas o verduras, en moderación, son una buena opción, pero ten cuidado con la cantidad, ya que junto a sus vitaminas y minerales también te proporcionan calorías. Además, evita agregarles azúcar y si llevan leche, que sea descremada.
  • Leche descremada (desnatada) o baja en grasa (también puede ser de soja o soya) y otros productos lácteos, como el yogur parcialmente o totalmente descremado. Al igual que con los jugos, es importante que tengas cuidado con la cantidad y las calorías que pueden proporcionarle a tu dieta.
  • Té frío de cualquier tipo (negro, verde, de hierbas), solo o con un chorrito de limón. Prueba sabores hasta encontrar tu preferido. Sólo ten cuidado con el azúcar y, en lo posible, trata de evitarla. Recuerda que la miel de abeja también es azúcar.
  • Agua con sabor agregado de manera natural. Sin duda es la mejor opción, ya que no aporta calorías y te mantiene hidratado. Para prepararla en casa, puedes agregarle cubitos de fruta fresca (como naranja, uvas o mango) o una frutilla (fresa) congelada, así como ramitas de menta o una rodaja de lima, limón o pepino.

Puede que, además de todo esto, igual quieras brindar con alguna copita de alcohol. En ese caso, ten en cuenta que hay diferentes opciones, algunas con más calorías que otras. Una copa de vino, por ejemplo (y sólo una para el brindis) además de calorías tiene antioxidantes y otras propiedades que podrían darte algunos efectos benéficos para la salud. Por el contrario, las bebidas alcohólicas con huevo, dulces y licores no aportan nutrientes pero sí muchas calorías.

Así que ¡no te olvides! De copa en copa, puedes sabotear tus esfuerzos por mantener un peso saludable. Prueba nuevas opciones y sigue brindando como de costumbre, pero con sabores mas variados y menos calóricos.

 

Ultima revisión: 2017

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martes, 12 de diciembre de 2017

Vitamina A: lo que debes saber sobre el retinol


La vitamina A es una vitamina liposoluble esencial para el organismo humano, pues colabora en la formación y el mantenimiento de los huesos, de la piel y de una buena visión. Su deficiencia puede causar ceguera pero, en exceso, puede ser tóxica. En este artículo te explico para qué sirve y las precauciones que debes tomar al consumirla.

También conocida como retinol, debido a que genera pigmentos necesarios para el funcionamiento de la retina, la vitamina A se encuentra en la alimentación en dos formas:

  • La vitamina A preformada, que la puedes obtener de productos de origen animal como pescado, carne de res, aves del corral y productos lácteos.
  • La provitamina A, presente en alimentos de origen vegetal como algunas frutas y verduras. El tipo más común de este tipo es el betacaroteno.

Así mismo, la vitamina A está disponible en suplementos, generalmente en forma de acetato de retinilo o palmitato de retinilo (vitamina A preformada), betacaroteno (provitamina A) o una combinación de vitamina A preformada y provitamina A.

La cantidad de vitamina A que se deben consumir diariamente depende de la edad y el sexo. Otros factores, como el embarazo y la salud, también son importantes. Consulta a tu médico acerca de cuál es la dosis adecuada para ti. Una dieta saludable y balanceada te pueden proporcionar la vitamina A que necesita tu cuerpo.

¿Dónde encuentro la vitamina A?

La vitamina A se encuentra en huevos, carnes, productos lácteos, hígado, alimentos fortificados y aceite de hígado de bacalao, pero debes tener en cuenta que éstas fuentes pueden llegar a tener un alto contenido de colesterol y grasa saturada.

El betacaroteno tiene como fuentes las frutas de color naranja y amarillo como: el melón, la toronja y los duraznos, las zanahorias, la batata (camote), la calabaza, el brócoli, la espinaca y la mayoría de las hortalizas de hoja verde. Cuanto más intenso es el color de la fruta u hortaliza, el contenido de betacaroteno es mayor. Estas fuentes vegetales de betacaroteno no tienen grasa ni colesterol.

La mejor forma de obtener los requerimientos diarios de vitaminas esenciales es consumir una variedad de frutas, verduras, productos lácteos y fortificados, legumbres y granos integrales.

¿Para qué funciona la vitamina A?

Se han probados varias funciones de la vitamina A en los humanos y en los animales. Su eficacia y seguridad no ha sido comprobada en todos los casos. Algunas de estas afecciones son serias y siempre deben ser evaluados por un profesional calificado en la salud, recuérdalo.

Se usa comúnmente para ayudar en la formación y en el mantenimiento de los dientes, membranas mucosas, tejidos blandos y óseos, así como para favorecer la buena visión y una piel saludable.

Sin embargo, ésta vitamina y sus derivados también se usan para tratar otras afecciones :

Empezando por la deficiencia de vitamina A que sucede en personas que no la reciben en una forma crónica y prolongada. Por ejemplo, en personas desnutridas, niños, ancianos o los que están enfermos crónicamente. Los síntomas incluyen las manchas de Bitot o acumulación de queratina en la conjuntiva del ojo (que se ve con más frecuencia en los niños), que son una señal de xeroftalmia o resequedad ocular; ceguera nocturna o dificultad para ver en la oscuridad, resequedad de la piel y del cabello; picazón; en casos severos puede haber perforación de la córnea.

Cierta evidencia científica demuestra que los derivados de la vitamina A (retinoides) son eficientes para tratar trastornos de la piel, como el acné.  Si estás embarazada no debes usar isotretinoina para tratar el acné ya que existe el riesgo de causar defectos congénitos (defectos de nacimiento en el bebé).

Otro derivado de la vitamina A, el ácido all-trans-retinóico, ha demostrado ser un buen tratamiento para la leucemia promielocítica aguda (ve nuestro video sobre la leucemia aquí) y mejora la media proporcional de supervivencia de esta enfermedad. Se debe administrar bajo rigurosa supervisión médica.

En los niños que tienen deficiencia de vitamina A, los suplementos ayudan a disminuir la severidad y las complicaciones del sarampión. Su administración debe estar indicada por un médico.

Mientras la evidencia científica sugiere que la vitamina A podría ayudar para el tratamiento de la malaria y la retinitis pigmentosa (retinitis pigmentaría), los resultados de los estudios son mixtos en relación a su efecto en: el cáncer del seno, la prevención de las cataratas, el tratamiento del VIH, la función inmunológica, el cáncer pancreático, la prevención del cáncer en la piel, pulmón y estómago, la conjuntivitis, la artritis, el eczema, al diabetes y los trastornos respiratorios.

Precauciones

En las dosis recomendadas, la vitamina A es segura. Los adultos que consumen alimentos fortificados con vitamina A, como productos lácteos descremados o bajos en grasa, y una buena cantidad de frutas y vegetales, no necesitan suplementos de ésta vitamina.

Los suplementos de vitamina A no se deben usar en forma simultánea, ya que puede haber riesgo de toxicidad. Por eso más no es mejor.

Las personas con enfermedad hepática (del hígado) y que consumen altos niveles de alcohol, pueden llegar a desarrollar intoxicación del hígado por consumo de suplementos de vitamina A.

Los síntomas de exceso de vitamina A incluyen cansancio, dolor de cabeza, dolores musculares y de las articulaciones, sequedad de la piel y los labios, sequedad y enrojecimiento de los ojos, depósito de grasa en el hígado, náusea o diarrea y caída del cabello, entre otros. Esto sucede de tomar suplementos, no de consumirla en los alimentos.

Las personas con malabsorción de grasa, que padezcan infecciones intestinales o triglicéridos elevados no deben tomar vitamina A en suplementos.

Como no se han establecido los riesgos de la vitamina A para los lactantes y se excreta en la leche materna, y su exceso causa defectos de nacimiento, se recomienda que las madres tengan precaución con los suplementos.

Cuando se consume betacaroteno en cantidades excesivas cambia el color de la piel a amarillento o anaranjado.

Se debe evitar si tienes hipersensibilidad o alergia a ésta vitamina.

La falta de vitamina A puede hacerte propenso a tener problemas de la vista, resequedad ocular, trastornos en la piel y a contraer enfermedades infecciosas.

Interacciones

Si estás tomando anticonceptivos orales, debes usarla con cuidado, pues éstos pueden llegar a incrementar los niveles de ésta vitamina.

Evita la combinación de la vitamina A con tetraciclinas y medicamentos o agentes tóxicos para el hígado, ya que aumentan el riesgo de efectos tóxicos. Interactúa con varias medicinas que utilizan un sistema enzimático en el hígado llamado citocromo P450. Tu médico te puede ayudar para que te asegures que es seguro para ti.

La vitamina A puede incrementar el riesgo de sangrado cuando se toma con aspirina, anticoagulantes, antiinflamatorios no esteroideos (como ibuprofeno, etc.) y Ginkgo Biloba. La vitamina A y el beta-caroteno también pueden aumentar los triglicéridos en la sangre que aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Como con cualquier otra hierba, suplemento o vitamina que tomes, aunque se venda sin receta, consulta a tu médico antes de empezar para asegurarte si la necesitas, si la dosis es adecuada y checa periódicamente con él o ella.

 

Ultima revisión: 2017

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