lunes, 20 de abril de 2015

¿Qué debo comer para bajar el colesterol?

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Los productos derivados de animales, como la carne, los huevos y los lácteos, son algunas de las principales fuentes de proteínas en nuestra dieta. Sin embargo, en algunos casos es conveniente limitar el consumo de estos alimentos o elegir versiones bajas en grasa. Esto es especialmente importante si tienes elevado el colesterol “malo” en la sangre, ya que entre otros problemas, las grasas animales aumentan el riesgo de sufrir de un ataque cardíaco. Sigue leyendo para ver qué es lo que debes comer para reducir el colesterol “malo” en tu cuerpo.

El colesterol es una sustancia que el cuerpo necesita para funcionar adecuadamente, pero debe mantenerse dentro de ciertos rangos considerados normales para mantenernos sanos. Existen dos tipos principales de colesterol: uno es denominado “malo” o LDL (del inglés low-density lipoprotein) y el otro “bueno” o HDL (del inglés high-density lipoprotein). Este último protege a las arterias de que se desarrolle la aterosclerosis (endurecimiento de las arterias), por eso es bueno tener niveles altos del HDL. Por el contrario, el tener niveles elevados de LDL está asociado a un riesgo mayor de sufrir enfermedades cardíacas e infartos.

Si bien es cierto que la elevación del colesterol “malo” puede deberse a causas genéticas y en ocasiones es necesario tomar medicinas para disminuirlo, es igualmente cierto que nuestros hábitos, me refiero a la dieta y a nuestro nivel de actividad física, pueden afectar el nivel de colesterol que tenemos. Por eso, muchas veces es posible disminuir el nivel del LDL simplemente mejorando ciertos hábitos.

Entonces, si tienes problemas con niveles elevados del colesterol en tu sangre y tu médico te ha recomendado que lo bajes ¿Qué alimentos deberías evitar? Empieza por reducir los de origen animal. En este grupo se encuentran las carnes (especialmente las rojas), los huevos (aunque puedes comer las claras) y los derivados de la leche (aunque puedes comer los productos lácteos bajos en grasa o descremados). Los alimentos que contienen grasas trans, como las botanas, los pasteles y los dulces, también elevan el LDL. Por otro lado, los vegetales, así como los cereales integrales, son ricos en fibra y casi no contienen colesterol. Desde luego, también es importante cómo los cocinas. Por ejemplo:

  • Usa productos lácteos bajos en grasa o desgrasados. Y sustituye la crema agria por yogurt o la mayonesa entera por mayonesa baja en grasa.
  • Usa aceite de oliva o aceite cannola en vez de manteca. Y disminuye la cantidad de aceite que usas para freír. No es necesario ahogar lo que cocinas. Limita las frituras en general.
  • Si la receta sugiere freír el platillo, se creativo. Considera asarlo, hornearlo, escalparlo, cocinarlo a la parrilla o al vapor.

A continuación te doy algunos ejemplos de alimentos que te ayudan a bajar el colesterol malo (desde luego que es importante vigilar el tamaño de las porciones porque quieres mantener un peso sano):

  1. Avena, salvado y cereales ricos en fibra
  2. Pescados con Omega 3 y ácidos grasos (como salmón, sardinas y atún)
  3. Nueces, almendras, avellanas y otro tipo de frutos secos
  4. Aceite de oliva
  5. Alimentos que contienen esteroles y estanoles agregado (como las margarinas, los jugos y los yogures)

¡Anímate! Comer sano es más fácil de lo que parece. Si comes carne, elige las aves (sin el pellejo), los pescados o las carnes rojas magras (en moderación).

Por último, ten en cuenta que además de llevar una alimentación saludable, también es importante mantenerte activo para disminuir tu nivel de colesterol malo y tus riesgos de sufrir enfermedades cardíacas. Desde luego que la única manera de saber tus niveles de colesterol, del HDL y del LDL en tu sangre es con un examen de sangre idealmente en ayunas (después de no comer por 8 horas). Si a pesar de hacer todo lo que debes en cuanto a lo que comes y a tu actividad física, tus niveles se mantienen por arriba de los rangos normales, afortunadamente contamos con medicamentos que tu médico te puede recetar. Hazte tus chequeos periódicos regularmente. Recuerda que prevenir es mejor que remediar. El primer síntoma del colesterol elevado puede ser un ataque al corazón. Tú lo puedes evitar.

 

Actualización de un artículo originalmente publicado en el 2010.

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12 tips para hacer ejercicio mientras trabajas

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Que no tienes tiempo para hacer ejercicio debido a tu trabajo es una excusa que está dejando de ser válida. Existen maneras de mantenerte activo/a en tu oficina y no perderte de los beneficios del ejercicio. No dejes de leer para que pongas en práctica el movimiento en tu lugar de trabajo.

Luciana siempre fue deportista, pero desde que empezó a trabajar como asistente en una oficina de Relaciones Públicas hace 3 años, el ejercicio se ha vuelto cosa del pasado. Para ella, los días de trabajo son largos y las horas, muchas veces impredecibles. Por eso, dice que no tiene tiempo para hacer ejercicio.

Muchas personas como Luciana quieren hacer ejercicio pero tienen trabajos que les consumen el día entero. Para cuando llegan a sus casas, lo único que quieren hacer es irse a dormir. ¿Cómo puedes hacer para incorporar la actividad física con esos horarios de trabajo tan estrictos? La respuesta es sencilla: haciendo ejercicio en tu oficina.

¿Cómo? Te preguntarás.  Aquí te doy algunas ideas para que tus días de trabajo sean productivos en todo sentido. También para tu salud.

1.  Si puedes, camina al trabajo o ve en bicicleta. Si tomas el camión o bus, bájate unas cuadras antes para caminar el resto. Si tu oficina es en un piso alto, sube las escaleras. Si vas en carro, auto o coche, estaciónalo lejos de la entrada.

2.  Busca oportunidades para estar de pie: de esa manera se queman más calorías que sentado/a en la silla. Por ejemplo, contesta tus llamadas de pie, quédate parado/a durante una reunión, no te sientes para tomar tu café, etc.

3.  Reemplaza tu silla por una pelota de ejercicio. Esto te ayudará a fortalecer tus músculos centrales.

4.  Sentado/a en tu silla, levanta una pierna, extiéndela y cuenta 3 segundos. Luego baja el pie sin tocar el piso y sostenlo por varios segundos. Repite con la otra pierna y haz 15 veces con cada una.

5.  Haz sentadillas con una pierna (o con las dos) mientras esperas a que salgan tus fotocopias o el fax que te mandaron.

6.  Mantén unas pesas pequeñas o bandas de estiramiento en el cajón de tu escritorio. Así puedes tomarte descansos y trabajar tus bíceps, por ejemplo, entre una llamada y otra; o mientras esperas para una reunión.

7.  Si te da sed, levántate a buscar el agua, el té o lo que tomes. Es mejor hacer varios viajes a la cocina de la oficina durante el día, que tener todo a la mano. De esa forma podrás caminar.

8.  Si tu escritorio es sólido y fuerte como para soportar tu peso, puedes hacer lagartijas (push ups) para fortalecer tus brazos. De pie, pon tus manos sobre el escritorio. Aleja tus piernas para que quedes con una inclinación de 45 grados sobre el escritorio y haz 15 repeticiones.

9.  Para descargar y liberar la tensión puedes hacer ejercicios de estiramiento: levanta tus brazos por encima de tu cabeza como si quisieras tocar el cielo. Sostén por al menos 10 segundos.

10.  Para estirar y relajar tu cuello, inclina tu cabeza de manera que tu oreja casi toque el hombro. Luego, con tu mano presiona suavemente la cabeza hacia el hombro. Repite con cada lado.

11.  Para estirar la parte posterior de tu muslo y tu espalda, aleja tu silla del escritorio y pon el pie sobre el, de manera que la pierna quede estirada. Inclínate hacia la pierna hasta que sientas un estiramiento en la parte de atrás de ésta. Repite con la otra pierna.

12.  Camina durante tu hora de almuerzo y ¡sube las escaleras!

Con estos ejercicios no vas a ser un/a deportista estrella, pero sí lograrás algo, que es mejor que nada. Recuerda que la recomendación es hacer al menos 30 minutos de ejercicio diario. Piénsalo: media hora al día en medio de tu horario de trabajo (por más enloquecedor que sea), no es nada. Y en cambio puede ser una pausa que te dará un respiro para poder seguir siendo productivo/a.

No hay más excusas: ¡haz ejercicio mientras trabajas!

 

Actualización de un artículo originalmente publicado en el 2011.

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Goulash húngaro de carne de res

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Recomendamos mucha moderación en el consumo de la carne roja, pero no es malo darse un gusto ocasional. Este goulash húngaro simplificado se salta el paso de dorar la carne, y lo reemplaza con una capa de especias que le aporta un tono caoba. Se prepara en una olla de cocción lenta. Si no tienes problema con el gluten, este plato con salsa típicamente se sirve con pasta. Sugerimos que utilices fideos integrales. O, si quieres probar algo distinto, prepara ñoquis de papa o spaetzle. Nuestra receta es libre de gluten y baja en calorías, carbohidratos, colesterol, sodio y grasas saturadas. Es apta para diabéticos, saludable para el corazón y ayuda a mantener un peso saludable.

Tiempo de preparación: 30 minutos

Tiempo de principio a fin: 4 ½ a 8 horas (en olla de cocción lenta)

Ingredientes:

  • 2 libras (900 gr) carne de res para guisado, (como aguja o paleta), limpia y cortada en cubos
  • 2 cucharaditas semillas de alcaravea
  • 1 ½ a 2 cucharadas páprika picante o dulce, (o una mezcla de ambas), preferentemente húngara (ver nota sobre ingredientes)
  • ¼ cucharadita sal
  • pimienta recién molida, al gusto
  • 1 cebolla grande o 2 medianas, picadas
  • 1 pimiento rojo pequeño, picado
  • 1 lata de 14 onzas (400 gr) tomates cortados en dados
  • 1 lata de 14 onzas (400 gr) caldo de carne reducido en sodio
  • 1 cucharadita Salsa Worcestershire (salsa inglesa)
  • 3 dientes ajo, picado
  • 2 hojas de laurel
  • 1 cucharada fécula de maíz mezclada con 2 cucharadas de agua
  • 2 cucharadas perejil fresco picado

Preparación:

  1. Coloca la carne en una olla eléctrica de cocción lenta de 4 cuartos (4 litros) o más. Tritura las semillas de alcaravea con el fondo de una olla. Coloca en un tazón pequeño y agrega la páprika, la sal y la pimienta. Espolvorea la carne con la mezcla de especias y gírala para cubrir bien. Coloca la cebolla y el pimiento por encima.
  2. Mezcla los tomates, el caldo, la salsa Worcestershire (salsa inglesa) y el ajo en una olla mediana y haz hervir a fuego lento. Agrega la carne y los vegetales. Coloca las hojas de laurel por encima. Tapa y cocina hasta que la carne esté muy tierna (de 4 a 4 1/2 horas a fuego fuerte o de 7 a 7 1/2 horas a fuego bajo).
  3. Descarta las hojas de laurel. Extrae cualquier resto de grasa visible en la superficie del guisado. Agrega la mezcla de fécula de maíz al guisado y cocina, revolviendo 2 o 3 veces, hasta que espese ligeramente (de 10 a 15 minutos). Sirve espolvoreado con perejil.

Notas y Consejos:

  • Nota sobre ingredientes: Vale la pena buscar páprika etiquetada específicamente como “húngara”, dado que aporta un sabor más completo y delicioso que la páprika normal o española. Puede encontrarse en tiendas especializadas o en Internet en HungarianDeli.com y penzeys.com.
  • Para guardar: Tapa y refrigera durante un máximo de 2 días o congela durante un máximo de 4 meses.
  • Preparación por anticipado: Limpia la carne de res y cubre con la mezcla de especias. Prepara los vegetales. Mezcla los tomates, el caldo, la salsa Worcestershire y el ajo. Refrigera en recipientes separados con tapa hasta por 1 día.

Rinde: 8 porciones de 1 taza cada una aproximadamente

Por porción (sin la pasta): 177 calorías; 5 g grasa (2 g sat, 2 g mono); 49 mg colesterol; 7 g carbohidratos; 0 g azúcares añadidos; 25 g proteína; 1 g fibra; 340 mg sodio; 288 mg potasio.

Extra nutricional: Vitamina C (40% del valor diario), zinc (38% del valor diario), vitamina A (25% del valor diario).

Equivalente a:  1 vegetal, 3 carnes magras.

Opciones de Carbohidratos: ½ 

 

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Imagen: Ken Burris

Exención de responsabilidad sobre las escalas: Las recetas de EatingWell se prueban en forma general en el laboratorio de cocina de EatingWell. EatingWell no puede garantizar que una receta se haya medido para una cantidad de porciones diferente de la original. Observe también que la determinación de las escalas corresponde solo a las medidas de los ingredientes: no se hacen ajustes a las instrucciones de la receta; por lo tanto, el tamaño de las sartenes, los tiempos de cocción y las cantidades de los ingredientes que se mencionan en el texto de la receta solo corresponden a la cantidad original de porciones.

Exención de responsabilidad sobre recetas libres de gluten: Nuestros especialistas en nutrición han verificado que las recetas señaladas como libres de gluten no contengan trigo, centeno, cebada ni avena. Sin embargo, muchos alimentos procesados, tales como caldos, salsa de soya y otros condimentos, pueden contener fuentes de gluten ocultas. Si una receta requiere un ingrediente envasado (por ejemplo, enlatado), recomendamos que lea atentamente la etiqueta para asegurarse de elegir la marca que no contenga fuentes de gluten ocultas. Asimismo, observe que, si bien una receta puede señalarse como “libre de gluten,” las sugerencias para servirlo que la acompañan pueden contener gluten.



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viernes, 10 de abril de 2015

¿Los hombres no lloran?

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Se dice que la tristeza y la depresión son males femeninos. Sin embargo, según el Centro Nacional de Salud Mental, más de 6 millones de hombres en los Estados Unidos sufren de episodios de depresión severa mínimo una vez al año. Imagínate cuántos más habrá en el resto del mundo… Aquí te contamos más sobre la depresión masculina.


En nuestra cultura latina, se le enseña a los hombres, desde que son pequeños, que no deben llorar. Es una concepción machista que quiere hacernos creer que si un hombre llora o se deprime, pierde algo de su hombría. Creo que esto ha causado un profundo daño en la psiquis (manera de pensar) masculina, porque no es cierto que llorar sea sólo cuestión de mujeres. El llorar o deprimirse es, simplemente, humano.


El derribar estas ideas puede ser muy difícil, pero no imposible. Si eres hombre, sabrás que lo que digo es cierto: también tú te sientes triste, quieres llorar y puede ser que en algún momento hayas llegado a pensar que tienes depresión. También sabrás que debido a las ideas en tu mente de que tienes que ser fuerte, dejas pasar en muchas ocasiones síntomas que pueden tratarse y que es indispensable reconocer para tu salud mental.


¡Deja los prejuicios a un lado! La depresión es una condición que afecta a las personas de ambos sexos. Afecta a las relaciones e interfiere con tus actividades diarias y tu trabajo. Y si bien los síntomas de la depresión son similares en los dos sexos, los hombres tienden a expresarlos de forma diferente. Los síntomas más comunes de la depresión masculina son:



Estos últimos síntomas se deben a que como “los hombres no lloran” entonces, en lugar de lágrimas, ellos esconden sus emociones y las disfrazan con agresividad y hostilidad — o, inclusive, con alcoholismo. Por esta razón, muchos hombres deprimidos e incluso, los profesionales de la salud, no tienen éxito a la hora de diagnosticar la depresión masculina y por eso, no se trata como se debería.


¿Qué pasa cuando la depresión masculina no se trata? De acuerdo al Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades – CDC -, los hombres en los Estados Unidos están 4 veces más predispuestos que las mujeres a cometer suicidio. Cerca de un 80% de las personas que se suicidan en el país, son hombres. Una cifra escandalosamente alta, ¿no crees? Es hora de enfrentar el problema.


Si crees que estás deprimido o conoces a alguien que lo está recuerda que existe ayuda. Por eso, es importante dejar las ideas de debilidad atrás y mejor, estar atentos a los síntomas de depresión. Hablar de ellos con un profesional es lo mejor que puedes hacer. No se es débil por padecer de depresión, se es fuerte cuando se reconoce que se tiene un problema y se busca ayuda. ¡Sé valiente! Llorar o estar deprimido, no te hace ser menos hombre.


Actualización de un artículo originalmente publicado en el 2010.


Imagen © Thinkstock / Marjan Apostolovic






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miércoles, 25 de marzo de 2015

Preguntas y respuestas sobre el trasplante de corazón

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Si tu médico te ha dicho que es probable que necesites un trasplante de corazón, debes estar lleno de dudas y preguntas. En Vida y Salud te damos algunas respuestas para que estés mejor informado.


¿Qué es?


El trasplante de corazón es una cirugía mayor en la que se reemplaza un corazón que no está funcionando adecuadamente, por uno más saludable. No creas que los trasplantes de corazón son un tema muy nuevo, pues el primero se realizó en 1967. Y actualmente es una de las cirugías de trasplante de órganos más comunes en los Estados Unidos.


¿Quiénes necesitan un nuevo corazón?


Las personas que tienen insuficiencia cardiaca (falla cardiaca) y ya han intentado todos los tratamientos disponibles, desde medicamentos hasta cirugías, pero no logran solucionar su problema, es probable que tu médico te recomiende un trasplante. Esto se puede deber a: enfermedad de las arterias coronarias (enfermedad arterial coronaria), cardiomiopatía o miocardiopatía (enfermedad del músculo cardíaco), enfermedad de las válvulas del corazón, o defectos congénitos (de nacimiento).


¿Quiénes no deben realizarse un trasplante de corazón?


Esta cirugía no es para todos. No se recomienda que te la hagas si eres mayor de 65 años, tienes mala circulación o alguna enfermedad de los vasos sanguíneos, has tenido o tienes cáncer, padeces de diabetes y eres insulino-dependiente, padeces de alguna enfermedad del hígado, del riñón o del pulmón o de cualquier otra enfermedad mortal.


¿De dónde se obtiene el corazón nuevo?


El corazón nuevo que te trasplantan generalmente es donado por una persona que sufre de muerte cerebral pero cuyo cuerpo sigue con soporte vital manteniendo el corazón saludable para donarlo. La donación es totalmente voluntaria, y así como hay quienes han accedido a donar sus órganos en caso de que sufran algún accidente o muerte súbita, aún muchos temen pensar en la donación pues significa aceptar que algún día morirán.


¿Qué riesgos existen?


Es importante que conozcas los riesgos que implica un trasplante de corazón, antes de aceptarlo. Lo más grave que puede suceder es que tu cuerpo rechace el nuevo corazón, pues tu sistema inmunológico puede pensar que es algo extraño y tratará de atacarlo como si fuera una bacteria o un virus. Otros problemas que puedes tener es que tus arterias se engrosen y se endurezcan dificultando la circulación de la sangre, o que los medicamentos inmunosupresores (anti-rechazo) que debes tomar por el resto de tu vida pueden afectar tus riñones, aumentar tu riesgo de sufrir cáncer y osteoporosis, y disminuir la respuesta del cuerpo frente a las infecciones.


¿Cuáles son las expectativas?


A pesar de los riesgos, algunos estudios demuestran que aproximadamente el 90% de los pacientes que se hacen un trasplante sobrevive al primer año, y el 75% sigue viviendo después de 5 años. Pero tendrás que estar bajo constante control de tu médico, tomar las medicinas por el resto de tu vida y hacer cambios en tus hábitos como: hacer ejercicio, llevar una dieta saludable y dejar de fumar, entre otros.


Consulta con tu médico todas las dudas que tengas. También puedes participar en nuestro Foro sobre Corazón y Salud Cardiaca, para seguir resolviendo dudas. Antes de aceptar un trasplante, infórmate bien…¡es tu corazón!


Actualización de un artículo originalmente publicado en el 2009.


Imagen © iStock / pixologicstudio






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martes, 17 de febrero de 2015

Medicina complementaria, alternativa e integrativa: ¿son lo mismo?

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¿Sabes a qué se refiere la medicina complementaria o alternativa? Estas terapias han sido muy populares por milenios. Aquí te describimos de qué se tratan éstas y su relación con la medicina convencional, hablamos del método científico, de la medicina integrativa o integral… ¡Y mucho más!


A lo largo del continente americano (y del mundo), hay todo tipo de tradiciones, culturas y pueblos que han usado desde hace miles de años medicinas, plantas y formas de curar muy variadas. Esta es la medicina natural, la más cercana a las plantas y la tierra.


Después, con la llegada de los europeos a las Américas, la cultura occidental y la ciencia (como la conocemos hoy) se mezclaron con este conocimiento antiguo y es quizás por ello que en Latinoamérica hemos crecido escuchando, viendo y usando una gran variedad de medicinas, no sólo la convencional o alópata, donde asistimos a un médico o a un hospital o tomamos pastillas fabricadas por compañías farmacéuticas, sino también conocemos de cerca a los curanderos, parteras, chamanes, plantas, mercados con hierbas, remedios caseros y naturales o consejos populares que se han pasado tradicionalmente de generación en generación y hasta brujos, hechicería y métodos “espirituales” para diferentes tratamientos.


Pero así como esto nos abre la mente a otras posibilidades de terapias que pueden o no ir de la mano con la medicina que llamamos convencional o alópata, también nos pone en riesgo de usar sustancias de las cuales no hay estudios científicos que las avalen o que incluso son peligrosas o son usadas por personas no profesionales que no cuidan la salud de la gente o incluso se aprovechan de ella por intereses personales.


Por eso, desde hace mucho tiempo, hay un sin fin de discusiones e investigaciones entre los médicos y los científicos universitarios sobre cómo se diferencian, si son válidas, si funcionan, y si se complementan o se contraponen.


Conozcamos un poco más…


Empecemos con la medicina que llamamos convencional o alópata, o sea, el doctor de bata blanca que estudió en las universidades. Sus referencias son los textos científicos y su método de trabajo se asocia al de recetar a sus pacientes medicamentos fabricados en laboratorios. Lo que caracteriza en el fondo a esta medicina es que está validada por un método científico riguroso. El método científico, de acuerdo a la definición del diccionario médico del American Heritage, consiste en: la observación de un fenómeno, la formulación de una hipótesis respecto al fenómeno, la experimentación para demostrar si la hipótesis es cierta o falsa y una conclusión que valide o modifique la hipótesis.


Como ves, el método científico requiere reunir datos, resolver problemas, analizar conclusiones de acuerdo a los resultados observados…. es complicado. Pero al final, es importante que los descubrimientos puedan ser comprobados mediante experimentación por otra persona, en otro lugar, y en que las hipótesis sean revisadas y modificadas si no se cumplen. No basta con testimonios. Todo tiene que ser comprobado varias veces. De hecho, un medicamento no puede recibir la autorización de las autoridades de salud (en EEUU, la FDA) a menos de que haya pasado por varios niveles de investigación y que los resultados hayan sido revisados y comprobados por varios investigadores en diferentes instituciones.


La medicina alternativa también es una forma de tratamiento (por ejemplo, con plantas o hierbas) pero se le llama alternativa, porque no ha pasado por el método científico, así que no está completamente comprobada ni avalada por la ciencia. Esto puede ser porque todavía no hay muchos estudios al respecto o, porque los estudios que se han hecho no arrojan conclusiones confiables y entonces el uso de esa sustancia aún no puede ser validada por el método científico. De hecho, muchos productos de la medicina convencional se originan en las plantas o sustancias naturales y sus propiedades, y una vez que estos efectos benéficos para la salud se han estudiado y se han comprobado, se extraen y se procesan para crear varios de los medicamentos comunes que podemos comprar en la farmacia. Es decir, muchos de los fármacos que utilizamos hoy en día en la medicina convencional, están basados en remedios tradicionales que han sido rigurosamente estudiados y avalados por la ciencia.


La medicina alternativa o medicina complementaria podría ayudar, aunque no esté basada en evidencia científica, o podría no ayudar (una vez que la ciencia lo evalúa) pero la gente la sigue usando como parte de sus tradiciones. Hay muchos ejemplos de este tipo de medicina en todo el mundo. En nuestro continente pueden ser los temascales o baños de vapor, ceremonias espirituales tradicionales, los ayunos, purgas, dietas y el uso de una variedad de plantas o hierbas. Otras formas de medicina alternativa son: la homeopatía, el ayurveda, los masajes, algunas formas de acupuntura, la moxibustión, la bioenergética, la quiropráctica, la aromaterapia (uso de aceites esenciales), la medicina energética como el Reiki, tai chi o chi kung, la medicina tradicional china, la hipnosis, la meditación o el yoga, por mencionar algunos. Y obviamente, no todas están en la misma categoría.


Por otra parte, la medicina complementaria podría ser una o varias de las que acabamos de mencionar, digamos, una terapia de acupuntura, que puede ir de la mano de los tratamientos convencionales, es decir, la administración de medicamentos, proceso quirúrgicos, terapias químicas o con ciertos aparatos. Algunas terapias no se contraponen, sino que unas ayudan a otras y actúan apoyándose para mejorar la salud del paciente en conjunto.


Varios estudios mencionan a la acupuntura o la hipnosis, por ejemplo, ayudando a los pacientes con dolores crónicos, con estrés o con ansiedad a la par que usan tratamientos de medicina convencional. En estos casos, es siempre importante que conozcas bien cuál es tu padecimiento y lo consultes con tu médico. Si estás interesado en complementar o mezclar terapias alternativas con terapias convencionales, debes estar seguro que tu padecimiento lo permite y que no se contrapone con la terapia alternativa que elegiste seguir. Algunas plantas, procedimientos, terapias o técnicas causan efectos negativos cuando se usan sin vigilancia médica y se combinan con otros tratamientos. Idealmente debes chequear con tu médico primero.


Pero también hay casos exitosos de estudios como los reportados en el portal de Oncología Integrativa sobre pacientes pediátricos (Liossi y Hatria 1999 y 2003) que revelan que la hipnosis disminuyó el dolor y la ansiedad durante los tratamientos contra la leucemia o el linfoma y además, tuvieron mejores resultados que otras técnicas como la relajación.


En pacientes sobrevivientes de cáncer, otro estudio descubrió que el 61.4% usó técnicas espirituales para complementar sus tratamientos; el 44.3% usó técnicas de relajación; 40.1% suplementos y vitaminas; 15% meditación; 11.2% masajes; hipnosis 0.4% y acupuntura o acupresión el 1.2%. De ellos, las mujeres estuvieron más abiertas a probar este tipo de terapias junto con su tratamiento, que los hombres.


Quisiera aclarar que en la columna he usado los términos medicina alternativa y medicina complementaria como si fuesen lo mismo pero, de hecho son diferentes. “Medicina complementaria” se utiliza más correctamente para las terapias no convencionales que se usan junto con los tratamientos convencionales. Mientras que “medicina alternativa” se refiere a las terapias que se usan en vez de los tratamientos convencionales. Un ejemplo de un paciente que elige medicina alternativa sería un paciente con cáncer que decide seguir una dieta y tomar una serie de hierbas en vez de la quimioterapia que le recomienda un médico. Finalmente, cuando hablamos de “medicina integrativa” o “medicina integral” es cuando se mezclan tanto la medicina convencional con la complementaria y la alternativa.


Afortunadamente se están realizando muchos estudios científicos para determinar si varias de las hierbas que se han utilizado y se utilizan ayudan para ciertas condiciones o no y si sí, la cantidad que se necesita y por cuánto tiempo. Además, si tienen interacciones con otras hierbas o medicinas. También se están realizando estudios para valorar varios métodos alternativos. Todo esto nos ayuda a todos a estar mejor informados, y con mejor información a mejorar nuestra calidad de vida y longevidad que, finalmente, es el objetivo de todos los tratamientos ¿No es cierto? A medida que conocemos más, que realizamos los estudios científicos, los tratamientos se vuelven más seguros y una vez que sabemos que son seguros y cómo se deben administrar, dejan de ser tratamientos alternativos para convertirse en convencionales ¡Qué afortunados somos de vivir en el siglo veintiuno!


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lunes, 16 de febrero de 2015

Ventajas y desventajas de consumir carne de cerdo

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Algunas personas evitan comer carne de cerdo (puerco) porque la consideran muy grasosa y otros temen contraer algún tipo de enfermedad, principalmente la triquinosis. Por el contrario, hay quienes la consideran una buena opción proteica (proporciona proteínas) que incluso aporta otros beneficios para la salud. Descubre los pros y los contras de este tipo de carne, cuyo consumo a nivel mundial es superior al de otras como la vacuna (de vaca) o la de pollo.


¿Te gustan las costillitas de cerdo? ¿Adoras los chorizos y las salchichas hechas de carne de cerdo? ¿Te fascina el tocino? ¿Se te hace agua la boca con un lomo de cerdo en salsa agridulce? ¿Y qué tal el tradicional lechón o pernil? ¿O el famoso jamón ibérico? No estás solo. Hay muchas personas en todo el mundo que adoran comer cerdo. Pero es probable que hayas escuchado algunas versiones que ponen la reputación de esta carne, en tela de juicio, sobretodo cuando se habla de los efectos que tiene en la salud.


Y es que todavía existen diversos prejuicios relacionados con comer carne de cerdo, a pesar de ser la de mayor consumo a nivel mundial. De hecho, en lugares como Alemania, Holanda y los Países Bajos alcanza los 60 kilogramos anuales per cápita (por persona) y en los Estados Unidos (que es el principal productor y exportador en el mundo) el consumo anual per cápita es de 25 kilos.


Los principales mitos o temores en torno a esta sabrosa comida son que aporta un alto contenido de grasas y colesterol a la dieta y que puede transmitir enfermedades a los humanos, como la triquinosis. Pero esto no es tan así. Por el contrario, el cerdo puede ser una importante fuente nutricional que aporta proteínas al organismo y resulta tan saludable como otras carnes, ya sean rojas o blancas.


Con respecto a las grasas, hay que considerar que los métodos de crianza y conservación de estos animales han variado con el tiempo y se ha logrado disminuir el valor calórico de su carne. Además, se ha probado que algunos cortes específicos de estos animales aportan menos colesterol que las carnes rojas: las piezas más magras proporcionan entre 60 y 80 miligramos por cada 100 gramos, una cantidad inferior que las carnes de cordero o las vacunas.


Esto último ocurre porque la carne de cerdo es rica en grasas monoinsaturadas, un tipo de ácido oleico característico del aceite de oliva, cuyo consumo contribuye a reducir los niveles de colesterol total en la sangre a expensas del llamado colesterol malo o LDL y a aumentar los niveles del denominado colesterol bueno o HDL.


Así, junto con las aves sin piel o el conejo, el cerdo es una buena alternativa de consumo de carne que no implica una ingesta elevada de grasa ni incide de modo negativo en los niveles de colesterol en la sangre.


Pero, ¡cuidado! Esto no se aplica para los embutidos elaborados a base de cerdo, como el jamón, los chorizos y los patés, que sí son altos en colesterol y en grasas saturadas.


Con respecto a la triquinosis, si bien es cierto que la carne de cerdo es la principal fuente de contagio de esta enfermedad, en realidad este parásito también puede ser transmitido a las personas a través de otro tipo de carnes.


Para evitar el contagio de la triquinosis u otras enfermedades, la recomendación es comer la carne de cerdo bien cocida y conservada, para eliminar los parásitos y las bacterias.


Otros organismos que se pueden encontrar en la carne de cerdo (así como también en otras carnes y aves) son la Escherichia coli (e. coli) , la Salmonella, el Staphylococcus aureus (estafilococo) y la Listeria monocitogenes.


La buena noticia es que todos éstos se destruyen mediante la manipulación adecuada y la cocción cuidadosa ( o sea, que esté bien cocida), hasta alcanzar una temperatura interna de 71.11 °C.


Por otro lado, cuando compres carne de cerdo, busca cortes que tengan poca grasa en el exterior y que presenten una carne firme de color gris rosáceo. Para que tenga mejor sabor y sea más tierna, ésta debe contener una pequeña proporción de grasa veteada en la carne.


Luego, elige tu receta favorita y olvida todos los mitos en torno a la carne de cerdo, pues si es un corte magro, puede proporcionarte varios beneficios nutricionales.


Actualización de un artículo originalmente publicado en el 2010.


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