jueves, 1 de junio de 2017

¿Qué es el síndrome metabólico?


Una de cada seis personas padece el síndrome metabólico

Es tan común como el catarro, corre en las familias, abunda entre los latinos y el riesgo aumenta con la edad… así que las probabilidades de que te afecten son altas. Ésta, sin embargo, es una “lotería” que no quieres ganar. Se trata del síndrome metabólico, un conjunto de factores que aumenta tu riesgo de sufrir de enfermedad cardiaca, diabetes o accidente cerebrovascular. No te angusties: puedes combatirlo y hasta evitarlo… ¡Para luego es tarde!

Según la Asociación Americana del Corazón, 47 millones de estadounidenses lo padecen, lo que equivale a 1 de cada 6 personas.  Presta atención y no creas que vivir en otro país te libra del peligro: esos datos sirven para que tengas una idea de lo frecuente de la condición que puede afectarle a muchas personas en cualquier parte del mundo.  Se trata del síndrome metabólico, identificado como tal hace solamente unos 20 años, pero tan común como la gripe o el catarro.

Es una condición seria, pero no es una enfermedad en sí, sino un conjunto de factores de riesgo que ponen en un mayor peligro a tu salud. Concretamente, quintuplican tu riesgo de desarrollar diabetes y duplican tus probabilidades de desarrollar enfermedad coronaria (de las arterias del corazón) y de los vasos sanguíneos, y ya sabes que ambas cosas pueden conducir a un ataque cardíaco o a un accidente cerebrovascular (derrame cerebral).

¿Cuáles son esos factores de riesgo? Según el National Heart, Lung, and Blood Institute (el Instituto Nacional del Corazón, del Pulmón y de la Sangre) y la Asociación Americana del Corazón, existen cinco factores que forman el síndrome metabólico:

  1. Cintura ancha o grande (40 pulgadas /101 cm o más para los hombres; 35 / 88.9 cm pulgadas o más para las mujeres).  Este factor también se conoce como obesidad abdominal o “tener el cuerpo en forma de manzana”.  El exceso de grasa en el área del estómago es un factor de riesgo mucho mayor para la enfermedad cardíaca que el exceso de grasa en otras partes del cuerpo, como en los muslos o en las caderas, por ejemplo.
  2. Nivel de triglicéridos alto/o tomar medicamentos para tratar los triglicéridos. Estas sustancias son un tipo de grasa que se encuentra en la sangre. Se considera un nivel alto si supera los 150 mg/dl.
  3. Nivel bajo del colesterol “bueno” o lipoproteína de alta densidad o LAD o tomar medicamentos para tratar la LAD (también conocida  como HDL por sus siglas en inglés) . A este tipo de colesterol se le conoce como bueno porque ayuda a eliminar el depósito de colesterol de las arterias. Un nivel bajo de LAD aumenta tu riesgo de desarrollar enfermedad cardíaca. Para los hombres, un nivel bajo sería menor a los 40 mg/dl y en el caso de las mujeres menor a los 50 mg/dl.
  4. Presión alta (hipertensión)/o tomar medicamento para tratarla.  La presión arterial es la fuerza con que la sangre presiona sobre las paredes de las arterias cuando el corazón late. Si esta presión sube y se mantiene alta puede dañar tu corazón y contribuir a la acumulación de placa en las arterias.  Se considera alta una presión arterial por arriba de 135/85 mm Hg. respectivamente. El primer número corresponde a la lectura llamada sistólica, el segundo número se llama diastólica. Ambas son importantes.
  5. Nivel de glucosa en la sangre en ayunas alto, es decir, 100 mg/dl o más/o tomar medicamentos para tratarla.

Cada uno de estos factores, por separado, representa un problema de salud que debes atender.  Imagínate, entonces, lo preocupante que debe ser que se combinen más de uno. Si tienes por lo menos tres de ellos, entonces padeces del síndrome metabólico.

Las causas del síndrome metabólico

Como el síndrome incluye una diversidad de factores de riesgo, sus causas son también variadas Algunas quedan fuera de tu control y son las siguientes:

  • Genética: si en tu familia, por ejemplo, existe tendencia a la diabetes, a la resistencia a la insulina o a la hipertensión tienes un riesgo mayor de sufrir el síndrome metabólico.
  • Grupo étnico: el síndrome es más común entre los latinos, los afroamericanos, los asiáticos y los indios oriundos de América del Norte.
  • Edad: el peligro de sufrir el síndrome metabólico aumenta con el paso de los años, algo que tampoco puedes controlar.

Por otro lado, hay otro grupo de causas del síndrome metabólico, relacionadas con el estilo de vida, en donde si puedes influir. Estas son:

  • Sobrepeso u obesidad
  • Estilo de vida sedentario
  • Resistencia a la insulina: recuerda que la insulina es una hormona que ayuda a convertir la glucosa en energía. En las personas con resistencia a la insulina, los niveles que el cuerpo produce no son suficientes para metabolizar adecuadamente la glucosa. El organismo necesita producir cada vez más insulina para lidiar con los niveles cada vez más altos de azúcar en la sangre, lo que a la larga, puede culminar en diabetes. Una cintura muy ancha (como mencioné anteriormente) o un vientre prominente podría indicar que existe resistencia a la insulina.

Hay otras condiciones que también juegan un papel importante en el desarrollo del síndrome metabólico.  Unas, por ejemplo, están relacionadas con desbalances de tipo hormonal, como el síndrome del ovario poliquístico (tendencia a desarrollar quistes en los ovarios, obesidad, acné, crecimiento de vello, periodos salteados o prolongados).  Y se sabe que las personas con hígado graso, apnea del sueño o que padecen de cálculos biliares (en la vesícula) tienen mayor tendencia a desarrollar este síndrome.

Además de las causas anteriores, es importante que tengas en cuenta que también se puede incrementar el riesgo de sufrir síndrome metabólico si:

  • Tomas medicinas que te hagan subir de peso o que alteren tus niveles de presión arterial, de glucosa (azúcar) o de colesterol en la sangre.
  • Tienes un padre o un hermano diabético
  • Tienes antecedentes de diabetes en la familia

¿Cómo se trata el síndrome metabólico?

Una vez que tu médico detecte que tienes al menos tres de los factores de riesgo, te indicará, como primera medida, inicies una serie de cambios en tu estilo de vida, entre ellos:

Si los cambios en el estilo de vida no fueran suficientes entonces se utilizan medicamentos para tratar y controlar los factores de riesgo necesarios (hipertensión, triglicéridos, colesterol o nivel elevado de glucosa en la sangre). Existe la posibilidad de que tu médico también te sugiera que tomes aspirina. El objetivo no es para quitar ningún dolor. La aspirina disminuye la aglutinación de las plaquetas en el interior de los vasos sanguíneos que participan en la formación de los coágulos que se asocian con la enfermedad cardiovascular (que aumenta en el caso del síndrome metabólico). Pero no tomes nada sin la recomendación de tu médico.

¿Has reconocido alguno de los factores? Si es así, es importante visitar a tu médico. De esa forma sabrás exactamente cómo anda tu presión arterial, tu peso, tus niveles de triglicéridos, de HDL y de glucosa. Ése es el primer paso, el más sencillo y definitivo. Luego, necesitas fuerza de voluntad para realizar los cambios necesarios en tu estilo de vida que, día a día, te irán llevando a mejorar tu salud.  Ten presente que el síndrome metabólico es una combinación de factores que muchas veces no dan síntomas hasta que se desarrollan las complicaciones. El momento para hacerle frente es ahora mismo. ¡No lo dejes para mañana!

 

Publicación original: 2012

Ultima revisión: 2017

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9 pasos para prevenir el cáncer causado por el estilo de vida


Prevenir el cáncer está en tus manos

El tabaquismo, el abuso del alcohol, el sobrepeso y la obesidad, así como el sedentarismo son hábitos nocivos (o consecuencias de los mismos) que afectan nuestra calidad de vida y hasta nuestra supervivencia, ya que conducen a varias enfermedades — entre ellas el cáncer.  Este último es una de las causas principales de mortalidad en el mundo y desafortunadamente, su incidencia va en aumento. Podemos hacer mucho para prevenir el cáncer.  ¿Estás dispuesta(o) a hacerlo?

Todos conocemos a alguien en nuestro entorno afectado por el cáncer.  Y a pesar de que los avances en la detección y el tratamiento del mismo han logrado salvar y mejorar la calidad de vida de miles de  pacientes, la amenaza de esta enfermedad sigue creciendo en todo el planeta.

¿Qué estarías dispuesto(a) a hacer para prevenir el cáncer y evitar un diagnóstico que te afecte a ti o a un ser querido? Con seguridad, si estuviera en tus manos, harías cualquier sacrificio.  ¿Y si te dijera que hay mucho que puedes hacer para prevenir el cáncer y que quizás ignoras?  Ese es precisamente el llamado de alerta que las autoridades sanitarias a nivel mundial lanzaron a raíz del Informe Mundial sobre el Cáncer que se publicó en el 2014 (World Cancer Report 2014).  En este informe se enfatizó la necesidad de la prevención y se subrayaron comportamientos y hábitos que conducen al cáncer, específicamente fumar, beber alcohol, el exceso de peso y/o la obesidad, y la falta de ejercicio. 

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la mortalidad debida al cáncer aumentará drásticamente en un par de décadas en el mundo entero. De 7.9 millones de víctimas en el 2007, se calcula que el cáncer cobrará la vida de 11.5 millones de personas, un aumento de un 45 por ciento. El número de casos nuevos de cáncer aumentará de 11.3 millones en el 2007 a 15.5 millones en el 2030.

Como te darás cuenta, es mucho lo que está en juego. Me dirás que qué puedes hacer para solucionar este problema tan grave. Pues mucho.  Comienza contigo mismo. Esfuérzate por prevenir el cáncer mejorando tu vida y tu entorno.

La American Society of Clinical Oncology (Sociedad Americana de Oncología Clínica) destaca que por ejemplo, la reducción del uso del tabaco es la forma más poderosa de prevenir muchos cánceres letales, especialmente en países en desarrollo en los que el tabaquismo está más generalizado.  Así que si vas a encender un cigarrillo, ¡apágalo!

Otro factor modificable es la obesidad, un factor de riesgo de muchos cánceres y otra de las prioridades de las autoridades sanitarias a nivel global.  En los Estados Unidos, por ejemplo, 1 de cada 3 cánceres está relacionado con la obesidad, con una nutrición deficiente o la inactividad física.  A medida que otros países en desarrollo adopten el estilo de vida de los países más desarrollados, estos hábitos perniciosos se extenderán.

La OMS, por su parte, enumera una serie de factores de riesgo de cáncer que se pueden evitar, repitiendo algunos que ya te mencionamos:

  • consumo de tabaco: causa 1.8 millones de muertes anuales por cáncer (el 60% de éstas se registran en países de ingresos bajos y medianos);
  • exceso de peso, obesidad o inactividad física: en conjunto causan 274.000 muertes anuales por cáncer;
  • consumo excesivo de alcohol: causa 351.000 muertes anuales por cáncer;
  • infección por virus del papiloma humano trasmitido por vía sexual: causa 235.000 muertes anuales por cáncer;
  • agentes carcinógenos en el entorno laboral: causan al menos 152.000 muertes por cáncer cada año.

9 cosas que puedes hacer para prevenir el cáncer

La batalla contra el cáncer empieza en tu propio entorno.  Comienza por modificar los hábitos que perjudiquen tu salud y adoptar otros que la protejan y la mejoren. Aquí hay 9 pasos concretos que puedes tomar para prevenir el cáncer:

1.  Deja de fumar

Evita el humo de segunda mano y no uses productos con tabaco. Se sabe que este hábito no sólo es la causa número uno del cáncer del pulmón sino que también puede influir en el desarrollo de otros tipos de cáncer (por ejemplo, el cáncer de la piel) así como también de otras enfermedades o condiciones que ponen en peligro tu salud. Según la OMS es cáncer del pulmón mata a un mayor número de personas que cualquier otro cáncer y su tendencia irá en aumento en décadas futuras si no tomamos medidas.  Si fumas en la actualidad, proponte dar el primer paso para dejar de hacerlo hoy mismo. Busca ayuda profesional en caso necesario.

2.  Elimina el sobrepeso y la obesidad

No es fácil deshacerse de todas esas libras/kilos de más pero no es imposible. Debes tomártelo en serio ya que el exceso de peso aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de esófago, cáncer colorrectal, cáncer de páncreas, cáncer de endometrio, cáncer de riñón, y cáncer de mama (después de la menopausia).  ¿Por qué no comienzas por eliminar de tu dieta los refrescos o sodas y las bebidas azucaradas? Ambos están relacionados con el aumento de peso a nivel global. Únete al creciente número de personas que las han sustituido por agua u otro tipo de bebidas más saludables. Un estudio reciente en el New England Journal of Medicine, informa sobre el afortunado descenso en el consumo de las bebidas de este tipo en los Estados Unidos. ¡Sigue el buen ejemplo!

3.  Mantente activo(a)

La falta de actividad física (el sedentarismo) se relaciona con el cáncer. Las investigaciones científicas demuestran que las personas que practican actividades físicas tienen menor riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer (como el cáncer del colon, el cáncer del seno, el cáncer de próstata y el cáncer del pulmón). El ejercicio, junto con una dieta sana, te ayudará a lograr tu meta de llegar al peso ideal para tu edad y talla, reduciendo el riesgo que implica el exceso de peso en el desarrollo del cáncer.

4.  Lleva una dieta saludable

El Instituto Americano para la Investigación del Cáncer (AICR por sus siglas en inglés) recomienda que llenes dos tercios de tu plato con frutas, legumbres, granos integrales y verduras, que combinados entre sí multiplican sus propiedades individuales para prevenir el cáncer.

5.  Controla la cantidad de alcohol que consumes

El consumir bebidas alcohólicas en exceso está relacionado con varios tipos de cáncer, por ejemplo, el cáncer del seno (mama), el cáncer de hígado, el cáncer del estómago y el cáncer de la boca.

6.  Protege tu piel de la luz directa del sol

Usa un protector o bloqueador solar para limitar el efecto de los dañinos rayos ultravioleta y evita exponerte al sol en las horas en las que brilla con más intensidad. Ten mucho cuidado con las camas de bronceado, que también se han relacionado con el aumento de los cánceres de piel.

7.  Conoce tus factores de riesgo

Esta información es muy importante para que puedas hacer los cambios necesarios lo antes posible para reducir tu riesgo de desarrollar cáncer. Por ejemplo, se sabe que los fumadores tienen más posibilidades de desarrollar cáncer del pulmón y que exponerse a los rayos ultravioletas del sol aumenta las posibilidades de desarrollar el cáncer de la piel. Del mismo modo, la edad es un factor de riesgo para muchos tipos de cáncer y tener algún antecedente en la familia que haya sufrido esta enfermedad aumenta las posibilidades de que tú también lo tengas en algún momento de tu vida (aunque no significa que vayas a desarrollarlo con seguridad).

8.  Vacúnate

Consulta con tu médico si te beneficia (o a los adolescentes de la familia) recibir la vacuna del virus del papiloma humano (VPH), que se asocia con el cáncer cervical (el cuello del útero), de la garganta y la boca.

9.  No te saltes las pruebas de detección

Las mamografías, los chequeos de la próstata, las colonoscopías, las revisiones de la piel… todas son pruebas diseñadas para detectar el cáncer en su etapa más temprana cuando es más sencillo tratarlo.  Consulta con tu médico cuáles te corresponden de acuerdo a tu sexo, a tu edad y a tu caso en particular.

Aún queda algo más que puedes hacer para prevenir el cáncer: ¡correr la voz! Así van tomando conciencia todos los miembros de tu familia, tus amigos, o tus compañeros de trabajo.  Y entre todos podemos ponerle freno al avance del cáncer. No esperes. ¡Comienza hoy mismo!

 

Publicación original: 2014

Ultima revisión: 2017

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miércoles, 31 de mayo de 2017

Los refrescos: una bomba para tu salud


Crece el número de víctimas de los refrescos por obesidad, diabetes, problemas cardiacos…

A pesar de que por múltiples medios sabemos ya que los refrescos o sodas no son buenos para la salud, en muchos lugares su consumo es realmente difundido e importante. Lo primero que nos viene a la cabeza cuando pensamos en sus efectos negativos es la gran cantidad de azúcar que contienen, pero ahora estudios recientes sugieren que si los consumimos, no sólo hay que preocuparnos por la diabetes o la obesidad sino también por nuestro corazón.

Los refrescos son parte de la dieta diaria de mucha gente, por ejemplo, en América Latina, países como México, Colombia o Brasil, enfrentan problemas de salud pública serios por el consumo de estos alimentos chatarra como el sobrepeso, la obesidad y la diabetes.

La obesidad es la enfermedad crónica que crece con más rapidez en el mundo y mata a casi 3 millones de adultos cada año. Según el Foro Económico Mundial, la obesidad (y las enfermedades que la acompañan como la diabetes y las afecciones cardiacas) ahora causan más muertes que el hambre y esto representa grandes retos para los gobiernos, la economía mundial y los sistemas de salud pública.

Y aunque algunos estudios aún inconclusos sugieren que la cafeína podría ayudar a la salud del corazón (específicamente en las mujeres no fumadoras), no es la cafeína que está en los refrescos, sino específicamente la del café. Estos datos obtenidos del Nurses´ Health Study encontraron que un consumo prolongado y de unas cuatro o más tazas diarias no se asociaba con mayores riesgos de infarto y, al contrario, parecían proteger a estas mujeres.

Pero la historia con los refrescos o sodas, que no nada más tienen cafeína, sino también cantidades elevadas de azúcar, es muy diferente…

En 2013, varias sesiones de la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association) presentaron datos recolectados del “2010 Global Burden of Diseases Study”, donde los investigadores lograron asociar la muerte de 180,000 personas en todo el mundo al consumo de refrescos, bebidas deportivas y jugos procesados (o bebidas de frutas).

Una vez más, Latinoamérica tuvo el mayor porcentaje de muertes por consumo de estas bebidas azucaradas: 38,000 muertes por diabetes y el Sureste asiático así como Asia central tuvieron la mayor cantidad de muertes por problemas cardiacos relacionados al consumo de estas bebidas también (11,000).

Los investigadores encontraron, por ejemplo, que México (uno de los países que más consume este tipo de productos y con graves problemas de obesidad, diabetes y sobrepeso) reportó 318 muertes de adultos por cada millón de habitantes durante este mismo periodo (2010) y todas ellas vinculadas al consumo de refrescos y bebidas azucaradas.

Estos productos contribuyen a desarrollar enfermedades como diabetes, cáncer y problemas cardiacos. En total, en todo el mundo, durante 2010, murieron 44,000 personas por problemas cardiacos derivados del uso desmedido de estas bebidas (más otros 133,000 por diabetes y 6,000 por cáncer) y el 78% de estas personas habitaban países en vías de desarrollo.

Otro estudio llevado a cabo por un grupo de investigadores de la escuela Davis de la Universidad de California, vinculó el consumo de bebidas endulzadas con bajos, medios y altos contenidos de jarabe de maíz de alta fructosa al aumento significativo de los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares, incluso si sólo se consumen por periodos cortos, como dos semanas.

Esto devela que las enfermedades cardiovasculares aumentan a medida que el consumo de azúcar aumenta también. En el estudio, participaron 85 adultos de entre 18 y 40 años, que consumieron diferentes dosis de jarabe de maíz de alta fructosa durante 15 días.

Los hombres además, son más susceptibles que las mujeres a desarrollar estas enfermedades y con sólo tomar una bebida al día, el riesgo se incrementó en un 20% (además del aumento también en los niveles de lípidos en la sangre y problemas de inflamación).

Para las mujeres, el riesgo se va hacia desarrollar aumento en los triglicéridos (por lo tanto, también problemas cardiovasculares) y mayores posibilidades de presentar diabetes tipo 2, según un estudio del University’s Department of Preventive Medicine en Chicago. Otro hallazgo interesante de este estudio, es que no necesariamente las mujeres que participaron en él subieron de peso a pesar de haber aumentado sus medidas, por ejemplo, en la cintura.

Y eso no es todo…

Los refrescos, bebidas azucaradas, jugos procesados, tés enlatados y demás productos que encontramos al alcance de toda la familia en nuestra vida diaria con contenidos elevados de azúcar no sólo afectan lo que ya mencionamos, sino muchas otras áreas de nuestro cuerpo y nuestra salud.

Algunos ejemplos de estas afecciones generadas por este tipo de bebidas azucaradas son:

–       Caries y problemas dentales (así como efectos abrasivos que hacen que los dientes pierdan su esmalte y se desgastan)

–       Síndrome del Intestino Irritable

–       Aumento en la presión arterial o presión sanguínea

–        Aumento en el riesgo de desarrollar cálculos renales y daños en los riñones y/o

–       Riesgo de desarrollar osteoporosis (específicamente con el consumo de bebidas de cola y no de otros sabores)

Cuando consideras que las bebidas azucaradas aumentan tu riesgo de desarrollar varios problemas de salud, incluyendo enfermedades cardiovasculares y que el riesgo para estas puede iniciarse consumiéndolas incluso durante 2 semanas solamente, vale la pena evitarlas. La Asociación Americana del Corazón recomienda que los adultos no consuman más de 450 calorías por semana provenientes de bebidas azucaradas (basado en una dieta de 2,000 calorías). Obviamente, el consumo de bebidas azucaradas no es lo único que afecta tu salud. Una alimentación sana y balanceada, hacer ejercicio regularmente (mínimo 30 minutos de actividad física mínimo 3 a 5 veces a la semana) y mantener un peso saludable también son muy importantes. Acostumbra a los niños desde pequeños a beber agua.

 

Publicación original: 2015

Ultima revisión: 2017

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Aumento de senos: ¿implantes salinos o de silicona?


Si estás considerando hacerte una cirugía para aumentar el tamaño de tus senos, es probable que tengas que decidir entre los implantes salinos y los implantes de gel de silicona. En Vida y Salud te contamos cuáles son las diferencias entre los dos implantes y te ayudamos a despejar algunas dudas para que tomes una decisión informada. Después de todo, el cambiar la forma de tus senos no es una decisión que debe tomarse a la ligera.

Aunque las investigaciones continúan, hasta el momento sólo hay dos opciones si deseas aumentar el tamaño de tus senos utilizando los implantes mamarios: que son los implantes de gel de silicona y los implantes salinos.

Diferencias entre los implantes salinos y los de silicona

Como sus nombres lo indican, están hechos de materiales diferentes. Los implantes de silicona consisten en una coraza de silicona rellena previamente de gel de silicona. Los implantes salinos también tienen una coraza de silicona, pero a diferencia ésta se rellena de líquido salino (agua con sal) durante la cirugía del aumento de los senos.

Además, los materiales hacen que los implantes se sientan diferente. Mientras el líquido salino no es comprimible y da una consistencia más firme a los senos, el gel de silicona es un viscoso y espeso, e imita la grasa corporal haciendo que los senos se vean y se sientan más naturales.

Límites de edad

Cuando usas implantes de senos por razones estéticas, hay un límite de edad. Para los de silicona, debes tener 22 años o más; y para los salinos, debes tener mínimo 18 años. ¿Por qué? Primero, porque antes de estas edades los tejidos de los senos aún están desarrollándose. Y segundo, porque la Administración de Drogas y Alimentos (FDA por sus iniciales en inglés) quería asegurarse que las pacientes tuvieran una edad que consideraban adecuada para tomar una decisión responsable y bien informada.

Riesgos del aumento de senos

En términos generales, los dos implantes de los senos tienen los mismos riesgos: ruptura, infección, dolor, problemas para amamantar y contractura capsular (tejido de cicatrización endurecido alrededor del implante), entre otros. Además, ambos duran en promedio 10 años, y cuando se cumple ese tiempo es posible que necesites una nueva cirugía para reemplazarlos o removerlos por cuestiones cosméticas o porque se rompan.

Pero más allá de los riesgos comunes, la seguridad de los implantes de silicona en los senos ha sido fuertemente cuestionada. En 1992 la FDA prohibió comercializarlos pues se temía que podían provocar problemas inmunológicos o enfermedades en los tejidos conectivos como artritis reumatoide y escleroderma, especialmente al romperse. Sin embargo, en 2006, la FDA permitió su venta nuevamente pues no pudo comprobar estos temores. De todos modos, las investigaciones continúan, los implantes de silicona siguen siendo cuestionados públicamente y algunos cirujanos plásticos prefieren los salinos.

Otra cosa que debes tener en cuenta es que en algunos casos, los implantes pueden reducir la visibilidad de las mamografías y así reducir tus opciones para la detección temprana del cáncer de seno.

¿Y si se rompen los implantes?

Cuando un implante salino se rompe, se nota inmediatamente pues se desinfla y cambia de forma mientras el líquido se sale de la coraza de silicona. Cuando se rompe un implante de silicona, el gel también se sale por fuera de la coraza pero no es tan fácil de detectar. Por eso, cuando tienes implantes de silicona en los senos, algunos médicos recomiendan que te hagas un estudio de Imagen por Resonancia Magnética (IRM) cada dos o tres años. Este estudio, si no hay una sospecha muy alta de ruptura, a veces no lo cubre el seguro médico.

Aparentemente la ruptura de los implantes de senos o mamarios no implica riesgos graves para tu salud. La solución salina, por ejemplo, es absorbida por el cuerpo rápidamente sin causar problemas (es agua con sal). El gel de silicona es un poco más difícil de eliminar. De todos modos, en cualquier caso necesitarás una cirugía para quitar el implante y la sustancia que se ha esparcido.

¿Cuáles debes seleccionar?

La decisión final depende de ti. Consulta con tu cirujano plástico antes de tomar la decisión sobre cuál es el mejor implante de senos para ti, él o ella te podrá asesorar en tu caso particular ya que tu anatomía también influye en los resultados. Si es necesario, pide una segunda opinión.

 

Publicación original: 2009

Ultima revisión: 2017

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9 consejos para evitar la acidez


¿Tienes acidez? No dejes que te amargue el día. En Vida y Salud te damos estos consejos para que evites esa incómoda sensación sin tener que tomar medicamentos. 

Si de vez en cuanto sientes un ardor que sube por tu pecho o hasta tu garganta y que duele, no tengas miedo. Es una reacción normal del cuerpo a algunos alimentos o bebidas que nos caen pesados, o cuando tienes una condición especial de salud. Ese ardor que sientes se debe al ácido del estómago que sube por el esófago. Esto se le llama enfermedad por reflujo gastroesofágico o ERGE.

¿Qué puedes hacer? Si la acidez no es muy frecuente, es decir, te ocurre máximo dos veces a la semana, puedes evitarla con tácticas caseras y cambiando algunos hábitos:

1. Come menos y despacio. Cuando comes más de lo que tu estómago puede tolerar o tan rápido que no le permites funcionar normalmente, el estómago puede reaccionar con acidez. Trata de comer más despacio e intenta comer porciones más pequeñas.

2. Evita ciertas bebidas. El alcohol, el café y el chocolate relajan la válvula entre el esófago y el estómago facilitando el paso de los ácidos estomacales.  Si quieres evitar la acidez, ya sabes el secreto, evita estas bebidas lo más que puedas.

3. Evita ciertos alimentos. Algunos alimentos tienden a provocar acidez más fácilmente, como las frutas ácidas, el picante, la cebolla y el tomate. Descubre los alimentos que no te caen muy bien, anotando en un diario lo que comes y las reacciones que tienes, para saber cuáles debes evitar.

4. Deja de fumar. El efecto del cigarrillo en tu acidez es inevitable. La nicotina debilita el esfínter bajo del esófago (la válvula) permitiendo que los ácidos del estómago entren más fácilmente.

5. Cena temprano. No te duermas inmediatamente después de cenar, pues tu cuerpo no va a poder hacer la digestión como debe, los niveles de acidez aumentarán y el estómago estará lleno. Cena más temprano y espera al menos 2 o 3 horas antes de irte a la cama.

6. Eleva la cabecera de la cama. Si la acidez te afecta especialmente cuando duermes, puedes ayudarte levantando la cabecera de tu cama con algunos ladrillos o bloques, haciendo que tu cabeza y tu pecho estén más arriba que el resto de tu cuerpo. No intentes levantar tu cabeza con más almohadas pues la posición aumenta la presión en tu estómago y empeora la acidez.

7. Pierde peso. Las libras de más empujan a tu estómago hacia arriba haciendo que los ácidos suban por tu esófago más fácilmente. Haz una dieta para cambiar tus hábitos alimenticios y perder peso, eso te ayudará a reducir la acidez.

8. Evita la ropa ajustada en el área de la cintura. ¿Para qué ponerte ropa que te hace presión sobre el estómago? Esa presión puede aumentar tu sensación de indigestión y provocarte acidez. Si quieres seguir poniéndote tus pantalones favoritos, lo mejor es que rebajes algunas libras. Es más saludable.

9. Relájate. A veces la ansiedad y el estrés pueden empeorar tu acidez. Busca algunas técnicas para relajarte como yoga, meditación o masajes. El ejercicio aeróbico de baja intensidad también te puede ayudar.

Si la acidez continúa, prueba un medicamento de venta libre o habla con tu médico. La ERGE puede llevar a problemas más severos, incluyendo la esofagitis (inflamación del esófago) o el cáncer de garganta.  Pero no te rindas, hay muchas opciones para prevenirla.

 

Publicación original: 2009

Ultima revisión: 2017

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martes, 30 de mayo de 2017

Aceite de pescado, ácidos grasos omega 3, ácido alfa-linolenico


El aceite de pescado ha ganado popularidad entre los defensores de los productos naturales por su alto contenido de ácidos grasos omega 3, su papel en el funcionamiento cerebral y la relación que tiene con ciertos beneficios para la salud. Entérate qué hace en tu cuerpo, si hay algunas precauciones que debas tener y si podría tener interacciones con otras medicinas o hierbas.

¿Qué son los ácidos grasos omega 3?

Se le conoce también como omega 3, ácidos grasos omega 3, lípidos marinos, ácido alfa-linolénico o “alimento para el cerebro”. Se obtiene de pescados de aguas frías como la trucha, el salmón, las sardinas, el arenque y el atún.

Los ácidos grasos omega 3 son un tipo de grasa que no produce el cuerpo y que idealmente obtenemos a través de la comida o, de suplementos. Se consideran ácidos grasos esenciales porque son necesarios para la salud. Se conocen como ácido docosahexaenoico (conocido como DHA, por sus siglas en inglés) y ácido eicosapentaenocio (conocido como EPA, por sus siglas en inglés).

¿Para qué sirven?

Los expertos están de acuerdo que los ácidos grasos omega 3 provenientes de los alimentos son saludables para el corazón. Sin embargo, en forma de suplemento no parecen tener el efecto de protección cardiovascular.

Algunos estudios realizados en los años 70 revelaron que entre los esquimales de América y Groenlandia la incidencia de enfermedades cardiovasculares era mucho menor que ente los europeos. Por otra parte, los japoneses tienen una de las mayores esperanzas de vida del mundo. Las dietas de estos lugares tienen un factor clave en común: son ricos en ácidos grasos Omega 3.

Actualmente se clasifica al aceite de pescado como muy eficaz para disminuir los triglicéridos en el organismo, que están generalmente asociados a enfermedades cardiacas. Sin embargo, solamente se considera posiblemente (y no definitivamente) eficaz para el tratamiento de algunos tipos de artritis, presión alta, dolores de la menstruación, trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), prevención de derrames cerebrales, y el colesterol alto.

De acuerdo con la American Heart Association (Asociación Americana del Corazón, AHA sus siglas en inglés), los ensayos clínicos han demostrado que los omega 3 son eficaces para reducir la incidencia de enfermedades cardiovasculares.

El aceite de pescado, que es abundante en los ácidos grasos omega 3, por lo tanto, reducen el riesgo de las enfermedades cardíacas y las arritmias cardíacas. Reducen los niveles de colesterol LDL, que es el colesterol malo y aumentan los niveles del HDL, que es el colesterol bueno.

Este tipo de aceite de pescado en las dosis recomendadas podría disminuir los niveles de triglicéridos elevados en la sangre.

La investigación preliminar ha demostrado que el omega 3 en el aceite de pescado podría ser utilizado para la prevención de la aterosclerosis en pacientes con enfermedad coronaria. Así, el aceite de pescado podría ayudar a disminuir el riesgo de accidentes cerebrovasculares, de ataques al corazón y el tomar aceite de pescado regularmente en las personas indicadas, podría ayudar a evitar varias muertes cardiacas repentinas.

Según la Asociación Americana del Corazón, estos efectos benéficos también podrían aplicarse al ácido alfa-linolénico (que se abrevia ALA, por sus siglas en inglés) y que proviene de algunas nueces, semillas y aceites vegetales, ya que se convierte en aceites parecidos al omega 3 (que son el DHA y el EPA), pero estos resultados son preliminares y deben ser confirmados por una investigación más detallada.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, la administración de suplementos de aceites marinos durante el embarazo se ha evaluado como un método potencial para prevenir la prematuridad (o aumentar la edad gestacional) y la eclampsia y para incrementar el peso al nacer. Otras las posibles ventajas de su uso son aumentar el desarrollo cerebral del feto y disminuir el riesgo de parálisis cerebral y de depresión puerperal.

El origen de las teorías en las que se basan los estudios sobre desenlaces del embarazo radica en la observación de que, en comunidades con un gran consumo de pescado, el peso al nacer es elevado y la gestación, prolongada..

Sin embargo, los estudios que han investigado estos mecanismos y sus posibles beneficios para la salud de las madres y los hijos han obtenido resultados mixtos.

Las conclusiones más alentadoras de una revisión profunda reciente indican que, aunque no se dispone aún de pruebas científicas suficientes para avalar la administración de suplementos de aceites marinos durante el embarazo para reducir el riesgo de preeclampsia, prematuridad o bajo peso al nacer, sí pueden resultar útiles para prolongar la gestación.

No hay evidencia científica contundente que demuestre que el aceite de pescado es un diferenciador determinante en enfermedades como: alergias, Alzheimer, dermatitis, depresión, cáncer, cataratas, enfermedad renal crónica o prediabetes. Todavía se estudia su efecto en el envejecimiento del cerebro.

Algunos efectos negativos del aceite de pescado en tu organismo:

  • Podría contener mercurio, un metal que puede ser dañino para la salud, cuando es excesivo.
  • El consumo de aceite de pescado en cápsulas luego de un largo tiempo, en dosis elevadas, podría causar exceso de vitamina A y D, que conllevan a otros problemas.
  • El consumo de cantidades elevadas de aceite de pescado podría causarhemorragias cerebrales con mayor frecuencia (como sucede entre los esquimales).
  • En dosis elevadas podrían causar sangrado.
  • Podría afectar los niveles de azúcar en la sangre. Las personas que padecen de diabetes o de hipoglucemia (niveles bajos de azúcar en la sangre) deben estar alertas y deben consultar con mu médico o su farmacéutico si toman medicamentos.

Interacción que tiene con otros medicamentos:

  • Aspirina. En combinación con la aspirina los ácidos grasos omega 3 pueden ayudar en el tratamiento de ciertas enfermedades coronarias. Si tienes enfermedad de las coronarias (las arterias del corazón) consulta con tu médico si ésta combinación es apropiada para ti.
  • Ciclosporina. El omega 3 puede reducir algunos de los efectos secundarios asociados con la ciclosporina, utilizada para evitar el rechazo en trasplantes.
  • Medicinas para disminuir la viscosidad de la sangre: (Warfarina, Dicumarol, entre otras). Que también se conocen como anticoagulantes, podrían potenciar su efecto.
  • Algunos antidepresivos, algunas medicinas para las alergias, etc. Podrían tener interacciones si se toman con ácidos grasos omega 3, y la lista es muy larga.

Consulta con tu médico sobre si necesitas tomar un suplemento de aceite de pescado en cápsulas y la cantidad que te recomienda . Y, si tomas otras medicinas o hierbas, asegúrate que no hay interacciones entre ellas y las cápsulas de aceite de pescado o de ácidos grasos omega 3.

 

Publicación original: 2009

Ultima revisión: 2017

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Imagen © iStock / KMNPhoto

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Cepillo de dientes manual o eléctrico ¿cuál es mejor?


La salud bucal empieza con una dentadura limpia. Y para una buena higiene, es imprescindible el uso del cepillo de dientes. Pero ¿sabes cuál es el tipo de cepillo que más te conviene, cómo manejarlo y con qué frecuencia para sacarle todo el partido posible… y (¡muy importante!) cuándo reemplazarlo por uno nuevo? Conocer estos detalles es esencial para mantener la salud de tu boca.

Si algunas vez sientes la tentación de pasar por alto el cepillado de tus dientes, piensa en la cantidad de bacterias que están en acecho en tu boca, y los problemas que la falta de higiene bucal te pueden causar. Entre ellos caries, mal aliento y enfermedades de las encías, que pueden conducir a la pérdida de tus dientes. Por eso es importante que aprendas a cepillarte los dientes correctamente, y que uses también sin falta la crema o pasta dental, el hilo dental y un enjuague antibacteriano.

Es perfectamente posible cepillarte los dientes con efectividad utilizando un cepillo de dientes manual, siempre que emplees la técnica correcta. Sin embargo, un cepillo de dientes eléctrico es una excelente alternativa, sobre todo si tienes algún problema (como artritis), que te dificulte la acción de cepillarte. Aunque es más costoso, el movimiento que el cepillo eléctrico o el cepillo dental de pilas les proporciona a las cerdas ayuda a limpiar con mayor efectividad y más facilidad la placa que se va formando en los dientes.

De todos modos, en cuanto a la higiene bucal, no hay gran diferencia entre los cepillos de dientes manuales y eléctricos. Sólo a ti te corresponde decidir qué tipo te resulta más cómodo y más fácil de manejar. En cualquier caso, para una limpieza más efectiva, escoge una pasta dental con fluoruro y un cepillo de cerdas suaves, que no te lastime la boca.

Cómo cepillarte los dientes

De acuerdo a la Asociación Dental Americana (American Dental Association) cualquiera que sea el tipo de cepillo de dientes que utilices funciona, y recomienda lo siguiente para que te cepilles los dientes correctamente:

• Cepíllate los dientes al menos dos veces al día, una de ellas antes de acostarte. Pero si comes algún bocadillo o tomas una bebida durante el día, es bueno que te cepilles los dientes después también. Del mismo modo, si te levantas por la noche y comes algo, cepíllate los dientes antes de acostarte otra vez. Y no te apresures: tómate el tiempo suficiente para que tus dientes queden bien limpios. Cepillarte los dientes después de comer es importante, porque algunos alimentos y bebidas hacen que la bacteria que hay en tu boca libere ácidos, que dañan el esmalte. Si no puedes cepillarte los dientes inmediatamente después de comer, enjuágate la boca si te es posible. Y si no, bebe bastante agua para reducir la producción de ácidos.

• Utiliza una buena técnica. Sostén el cepillo contra tus dientes en un ángulo de 45° y cepilla de arriba abajo, con movimientos de barrido, la cara externa de los dientes superiores, siempre partiendo de la línea de la encía; cepilla de abajo arriba los dientes de abajo. No olvides cepillar también la parte de adentro de la boca, la superficie de las muelas y la cara interna de los dientes. También debes cepillarte la lengua. Pero no uses movimientos fuertes ni bruscos, que puedan irritar o lastimar los tejidos y las encías, ni muevas el cepillo enérgicamente en sentido horizontal.

• Mantén limpio el cepillo. Cuando termines, enjuaga el cepillo con bastante agua. Guárdalo en posición vertical, y deja que se seque antes de utilizarlo de nuevo. No cubras el cepillo, ni lo coloques en un envase cerrado. Un cepillo húmedo es un caldo de cultivo para las bacterias.

• No te enamores de tu cepillo de dientes. Reemplázalo cuando sea necesario. Cámbialo por uno nuevo (o una cabeza de reemplazo si usas cepillos eléctricos o de pilas) cada dos o tres meses, o antes si notas que las cerdas están deformadas o deterioradas, si estás enfermo(a) o si tu sistema inmunológico está debilitado.

• No compartas con nadie tu cepillo de dientes. Ni uses el de otra persona, incluyendo el de tu pareja. Tampoco lo coloques en un vaso, junto un cepillo ajeno. Si los cepillos se tocan, se intercambian también los gérmenes de una persona a otra.

El uso del hilo dental

Para una limpieza completa, es importante que uses el hilo dental, ya que el cepillo no llega a los espacios apretados entre los dientes, ni debajo de la línea de las encías. La técnica:

• Usa suficiente hilo dental. Necesitas unos 46 cm (18 pulgadas) de hilo dental. Enrolla la mayor parte alrededor del dedo medio de una mano, y el resto en el dedo medio de la otra mano, dejando 3 cm (1 pulgada) para pasarlo por el primer diente.

• Pasa el hilo dental entre los dientes, uno a uno. Usa los dedos pulgares e índices para pasar el hilo suavemente desde la línea de la encía hasta la parte superior del diente para eliminar la placa. Pasa el hilo por todos los lados de cada diente, siempre desenrollándolo de un diente a otro para usar en cada uno una porción limpia. Si se te dificulta usar el hilo dental regular, usa el encerado, que se desliza con más facilidad.

Pero ten en cuenta que cepillarte los dientes a diario, usar hilo dental y enjuague no basta. Además de mantener una buena higiene bucal, es esencial que visites al dentista regularmente para que te haga un examen completo y descubra cualquier anormalidad en tus dientes o tus encías antes de que se conviertan en problemas serios. Como en otras cuestiones de salud, el cuidado preventivo es esencial para conservar una dentadura sana y una sonrisa atractiva.

 

Publicación original: 2012

Ultima revisión: 2017

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Imágen © iStock / Andrew Helwich

 

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