jueves, 3 de agosto de 2017

La terapia de testosterona: ¿puede ser peligrosa?


Un panel de expertos en Estados Unidos le ha recomendado a la Administración de Alimentos y Medicamentos de dicho país (FDA, por sus siglas en inglés) regular estrictamente el uso de los medicamentos con testosterona ya que dicen que la terapia de testosterona puede poner en riesgo la salud cardiovascular y su uso se ha expandido sin controlar ni evaluar la salud general de los pacientes. Otros expertos tiene un punto de vista diferente.

Cuando llega la crisis de los 40 o de la mediana edad, muchos hombres recurren a la terapia de testosterona porque quieren aumentar su virilidad, mejorar la memoria, su masa muscular y hasta su estado de ánimo. En resumidas cuentas, la usan para sentirse mejor “como hombres”. Por supuesto, también lo hacen los hombres que ya tienen 60 años o más, con el ánimo de sentirse más jóvenes.

Sin embargo, un panel de expertos en Estados Unidos ha advertido a la agencia federal que regula los medicamentos (FDA) que es necesario hacer estudios detallados para saber si los hombres que recurren a la terapia de testosterona, podrían estar aumentando su riesgo de desarrollar cáncer de próstata y problemas cardiovasculares como la formación de coágulos o trombos. Es decir, sugieren que se establezcan regulaciones más estrictas para recetar estos medicamentos.

La FDA había aprobado la utilización de medicamentos con testosterona en algunos casos y cuando el caso particular lo exigía. Sin embargo, el uso de la terapia de testosterona se ha extendido desde el principio de la década en los hombres de 40 años, y se estima que uno de cada 25 hombres de 60 años los toma. En 2013, se reportó que 2,3 millones de estadounidenses estaban recibiendo terapia de reemplazo de testosterona, según el panel de expertos.

Esto es alarmante si se tiene en cuenta que la quinta parte de los hombres que están recibiendo terapia de testosterona ni siquiera se han sometido a una prueba para determinar su nivel de la hormona masculina. A esto se suma que por lo general, quienes recetan los medicamentos con testosterona son médicos generales, o de atención primaria y sólo en el 20% de los casos lo hace un especialista (urólogo o endocrinólogo).

Muchos endocrinólogos indicaron en el panel que la testosterona se está recetando sin una  indicación clara, o para hombres que no la necesitan en absoluto.

La terapia con testosterona, incluso cuando se da siguiendo las indicaciones al pie de la letra y en pacientes que la necesitan, puede tener consecuencias serias para la salud cardiovascular, de acuerdo al reporte presentado a la FDA.

En concreto, un estudio reciente encontró que el riesgo de apoplejía (ataque cerebrovascular) y/o ataque cardíaco aumentó 30 por ciento en un grupo de hombres a quienes se les habían recetado de forma reciente, medicamentos con testosterona. Otro estudio encontró que los hombres mayores de 65 años duplicaron su riesgo de tener un infarto luego de tres meses de tomar medicamentos con testosterona, según datos proporcionados por la FDA.

En base a esto, la FDA advirtió a las compañías farmacéuticas a principios de año que deben poner etiquetas en los medicamentos con testosterona advirtiendo sobre los riesgos de accidentes cerebro vasculares.

Por otro lado, un estudio de más de 25,000 hombres por investigadores del University of Texas Medical Branch at Galveston  publicado en Science recientemente, no encontró un aumento en la incidencia de los ataques al corazón en pacientes mayores de 65 años a los que siguieron durante 8 años. Y ha habido otros estudios que parecen contradecir los hallazgos de los estudios iniciales.

Es más, el Androgen Study Group (Grupo del Estudio de Andrógenos), que es un grupo multidisciplinario formado por urólogos, endocrinólogos, médicos familiares y científicos que se dedican a la investigación, trató de instar a la FDA a esperarse antes de poner esa etiqueta a principios del año. Ellos no reciben dinero de ninguna compañía farmacéutica y no tienen intereses financieros. Basaron su petición en estudios previos de 30 años que han demostrado justamente lo inverso, el riesgo cardiovascular de los hombres con deficiencia de testosterona y su mejoría cuando recibían la terapia de testosterona. Y en el hecho de que los dos estudios en los que basaron su preocupación acerca del riesgo del aumento en enfermedades cardiovasculares, tenían problemas en cómo se habían realizado y a uno le faltaba el grupo control.

Es posible que estudios prospectivos de buena calidad, de varios años de duración nos den las respuestas definitivas. Y probablemente también es cierto que no es lo mismo un hombre joven con hipogonadismo y niveles de testosterona por debajo de lo normal (confirmada con el diagnóstico realizado correctamente) que un hombre de 70 años con niveles de testosterona en niveles bajos normales.

¿Qué podrías hacer mientras se resuelve la controversia?

Esto es lo que sugiere el Dr. Pallais de Harvard:

  • Si te sientes cansado, con libido bajo, hay que descartar otros problemas antes de considerar la terapia de testosterona como el primer tratamiento. Quizá dormir más, comer mejor, aumentar el ejercicio, descartar otro problema médico (depresión), mejorar la relación de pareja, etc.
  • Medir el nivel de testosterona en dos ocasiones (entre las 7 y las 10 AM) en dos días diferentes. Antes de iniciar tratamiento, obtén la opinión de un endocrinólogo.
  • No empieces el tratamiento con testosterona sin consultar al especialista si has tenido un problema cardiovascular (ataque al corazón, ataque cerebrovascular, o tienes problemas del corazón) o si has tenido cáncer de la próstata o tienes problemas de la próstata o no estás seguro.

 

Publicación original: 2014

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Si el cáncer te causa dolor, ¡busca alivio!


La mayoría de los pacientes con cáncer se preocupan por el dolor y le temen. Se calcula que un tercio de ellos lo experimentan en algún grado, ya sea leve, moderado o intenso y por diferentes razones. Pero cualquiera que sea la causa, ninguno tiene que padecerlo. El control del dolor es parte del tratamiento y la recuperación del cáncer. Garantiza una mejor calidad de vida y mayores probabilidades de supervivencia. Si tienes dolor, debes contar con el apoyo de tu equipo de oncología para encontrar la solución.

Uno de cada tres pacientes con cáncer que recibe tratamiento experimenta algún tipo de dolor. Y mientras más avanzado sea el cáncer, las probabilidades de sufrirlo aumentan todavía más.

Las causas del dolor

Para algunos pacientes, la causa principal es el mismo cáncer. A medida que un tumor aumenta de tamaño y se extiende, ya sea en el área de origen o en la metástasis, puede ejercer presión sobre un órgano, un hueso o en una articulación ocasionando dolor. En otras ocasiones, puede sentirse cuando el tumor avanza dañando los tejidos y los nervios cercanos a él, o cuando produce sustancias químicas que destruyen el equilibrio en esa área del cuerpo.

Los tratamientos para el cáncer, aunque son necesarios y beneficiosos, podrían causar dolor. La cirugía, por ejemplo, podría ocasionarte dolor en el proceso de recuperación. Por otro lado, la quimioterapia y la terapia de radiación a menudo dañan células saludables ocasionando efectos secundarios dolorosos como quemaduras, lesiones en la boca, nervios dañados (neuropatía), entre otros. A pesar del dolor, es necesario continuar con los tratamientos, pero hablando con el oncólogo para encontrar alivio a esos síntomas.

Los tipos de dolor

Cada persona experimenta el dolor de forma única, con mayor sensibilidad o resistencia al mismo. Pero en términos generales, el dolor producido por el cáncer se divide en los siguientes tipos:

  • Dolor agudo que resulta de una herida o daño a los tejidos del cuerpo, que sigue a una cirugía por ejemplo y que puede tratarse de manera muy efectiva.
  • Dolor crónico o persistente que, por lo general, es más resistente a los tratamientos y causa mayor impacto tanto desde el punto de vista físico como emocional del paciente.
  • Dolor intermitente que puede presentarse como “brotes” de intensidad variada, después de un movimiento, provocado por tos, por ejemplo, u otro evento.

Cómo controlar el dolor

Existen varios métodos para aliviar y controlar el dolor que pueden usarse individualmente o en conjunto para lograr mayor que sean más efectivos. Si la causa es un tumor, la eliminación del mismo (ya sea mediante cirugía, ablación, o tratamientos como la terapia de radiación o la quimioterapia), es la que proporciona el alivio. Pero por lo general, el método más común es utilizando medicamentos. Entre ellos:

  • Analgésicos de venta libre, como la aspirina, el acetaminofén (Tylenol), ibuprofeno (Advil, Motrin, etc.), o por receta en sus dosis más fuertes
  • Analgésicos opioides leves como la codeína
  • Analgésicos opioides más fuertes como la morfina (Avinza, MS Contin), oxycodone (Oxycontin, Roxicodone), fentanyl (Actiq, Fentora), hidromorfona (Dilaudid, Exalgo) o metadona (Dolophine, Methadone)
  • Antidepresivos y anticonvulsivos que aunque no están primordialmente diseñados para controlar dolor, se utilizan con este motivo en casos en que las terminaciones nerviosas se han dañado, como en la neuropatía
  • Analgésicos tópicos que se rocían o frotan sobre la piel y causan efectos secundarios más ligeros que los que se toman por vía oral

Otras formas de aliviar el dolor incluyen bombas para enviar el medicamento directamente a la médula espinal, bloqueo de los nervios, fisiatría (medicina de rehabilitación física) y otras estrategias como masajes, acupuntura, yoga, reflexología, aromaterapia, terapia musical, así como otras estrategias de tipo psicológico y de comportamiento como la meditación y la relajación profunda que ayudan a calmar la ansiedad y la depresión que a menudo acompañan al dolor.

Hay que tener presente que todos estos métodos tienen sus ventajas y sus riesgos y conviene discutirlos con el médico antes de ponerlos en práctica. La radioterapia puede causar ardor, enrojecimiento, decoloración y hasta quemaduras en la piel, pero además, dependiendo del área del cuerpo en que se aplique, puede causar cansancio, úlceras en la boca y/o diarrea. La quimioterapia, por su parte, además de la náusea y la fatiga, puede causar pérdida del cabello, infertilidad, y dejar al paciente más propenso a infecciones, entre otros muchos efectos secundarios potenciales.

Los analgésicos, especialmente los más fuertes, como los opioides, pueden causar estreñimiento, pero éste se puede contrarrestar al aumentar el consumo de fibra, agua, ejercicio y el uso de medicamentos que estimulen el movimiento de los intestinos. El sueño, la confusión y el letargo son efectos que pueden interferir con las actividades de la vida diaria, especialmente con las primeras dosis. Es importante que le reportes al doctor si desarrollas cualquier otro efecto secundario como alucinaciones o cambios en tu comportamiento para que modifique tu medicamento.

El temor a algunos efectos secundarios, como el posible daño al hígado o al riñón o a que el uso prolongado de las medicinas para el dolor les cause adicción, hace que muchos pacientes no hablen abiertamente con su médico y sufran en silencio. En relación a esto, la Sociedad Americana contra el Cáncer advierte:

  • El oncólogo y su equipo pueden ayudar al paciente a manejar los posibles efectos secundarios causados por los medicamentos para el dolor. A veces, basta con cambiar la medicina, la dosis o el momento del día en que se toma.
  • El dolor se debe tratar desde que se manifiesta y no se deben guardar las medicinas más fuertes “para más adelante”, previendo que el cáncer y el dolor empeoren. Aunque es posible que el cuerpo desarrolle tolerancia a los medicamentos, en caso necesario se puede aumentar la dosis o agregar otros medicamentos.
  • Es importante combatir el dolor porque si éste no se alivia el paciente se siente tenso, deprimido, cansado y hasta solitario.
  • El alivio del dolor le permite al paciente mantenerse activo, dormir y descansar adecuadamente, realizar las actividades cotidianas, socializar con la familia y los amigos y evitar la depresión.

No aceptes al dolor como algo “normal” porque tienes cáncer. Si lo tienes, es vital que se lo comuniques al médico. Como otros síntomas, tiene alivio y solución, pero depende de ti pedir la ayuda que necesitas y es muy importante para tu recuperación.

 

Publicación original: 2014

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miércoles, 2 de agosto de 2017

Endometriosis: lo que debes saber


Para entender qué es la endometriosis, es necesario primero comprender qué es el endometrio. Así se llama al tejido que recubre la parte interior del útero, lugar donde crece el bebé durante el embarazo. Cada mes el endometrio se engrosa para recibir al óvulo fecundado, y cuando esto no sucede llega la menstruación, que es cuando el endometrio se desprende y sale del cuerpo como sangre. La endometriosis ocurre cuando ese tejido endometrial crece en otro lugar fuera del útero. La mayoría de las veces se encuentra en las trompas de falopio, en los ovarios, detrás del útero o en el tejido que cubre la pelvis.

Al crecer fuera del útero, este tejido desarrolla pequeños bultos conocidos como “implantes”. Cuando llega el proceso de ovulación y menstruación, la sangre que brota de los implantes no encuentra salida del cuerpo y al quedarse atrapada forma como cicatrices llamadas adherencias, que cubren los tejidos que los rodean y causan dolor. Sin tratamiento adecuado, la endometriosis tiende a empeorar con el tiempo pues con cada menstruación el problema aumenta.

Esta enfermedad puede ser: leve, moderada o severa. La clasificación depende de qué tan grandes son los implantes, de si están muy esparcidos y de la cantidad de adherencias o áreas con cicatrices que se ha generado.

La endometriosis es una enfermedad bastante común, pero aún hay mucho por aprender acerca de qué la causa. En Estados Unidos, aproximadamente 5 millones de mujeres la padecen y es considerada como una de las causas principales de infertilidad. Aunque no es una enfermedad maligna, o sea, no es ni se vuelve cancer, la endometriosis puede afectar enormemente la calidad de vida de una mujer.

No todas las mujeres que padecen endometriosis tienen síntomas. Algunas mujeres simplemente nunca los tienen, mientras que otras sí pueden presentar uno o más de los siguientes síntomas:

  • Dolores menstruales (dismenorrea): Este es el síntoma más común. Generalmente se siente dolor en la pelvis (parte baja del abdomen) antes y durante el periodo menstrual. También pueden ir acompañados de dolores en la parte baja de la espalda y en el abdomen. El grado del dolor no siempre tiene una relación directa con la gravedad de la endometriosis, pues algunas mujeres que tienen endometriosis leve padecen de dolores muy fuertes, mientras que otras que con endometriosis severa, pueden nunca sentir dolor o sólo un poco.
  • Dolor en la pelvis fuera del periodo: Pueden sentir dolor en la pelvis durante la ovulación, teniendo relaciones sexuales, al orinar o al defecar.
  • Sangrado excesivo: cuando sangra mucho durante el periodo (menorragia).
  • Manchado premenstrual: Cuando sangra entre periodos.
  • Infertilidad: la forma más común de diagnosticar endometriosis, es cuando una mujer tiene problemas para quedar embarazada.

Comúnmente los síntomas empiezan varios años después de que el periodo menstrual empieza. Con los años los síntomas tienden a incrementar mientras las áreas con endometriosis también se expanden.

Cuando la menstruación se detiene temporalmente debido al embarazo, o permanentemente debido a la menopausia, los signos y síntomas de la endometriosis se detienen. Después de la menopausia, los implantes disminuyen de tamaño y los síntomas van desapareciendo. Para las mujeres embarazadas, lamentablemente éstos pueden volver después del parto.

Causas de la endometriosis

Hasta el momento, las causas de la endometriosis se desconocen a ciencia cierta. Hay varias teorías al respecto.

Una de las teorías sostiene que el sangrado menstrual que contiene células endometriales regresa a las trompas de falopio donde se implanta y crece. Otra teoría dice que algunas mujeres tienen una predisposición genética a la endometriosis por herencia familiar. Y finalmente, una tercera teoría se refiere a carencias en el sistema inmunológico que causa que el tejido menstrual se implante y crezca en diferentes áreas del útero.

Pero ninguna de las teorías está totalmente confirmada. En ese caso, lo que más ayuda es saber cuáles son los factores de riesgo que indican que una mujer puede tener endometriosis:

  • No haber estado embarazada nunca
  • Que la madre o la hermana sufran endometriosis
  • Tener periodos menstruales menores a 27 días con sangrados que duran más de 8 días
  • Cuando se tienen problemas físicos que evitan el flujo normal de la menstruación
  • Haber sufrido infecciones que dañaron el tejido que cubre la pelvis o
  • Haber empezado a menstruar a temprana edad

Prevención y tratamiento de la endometriosis

Como las causas de la endometriosis se desconocen, aún no se han desarrollado formas definitivas para prevenirla.

En cuanto al tratamiento, existen varias opciones. La elección de cuál es el que más conviene depende de la situación específica de cada mujer: la gravedad de la enfermedad, la gravedad de los síntomas y si la mujer desea quedar embarazada en el futuro. Además, esta decisión debe tomarse siempre en consulta con un médico.
Veamos cuáles son las opciones de tratamiento.

Cuando se sufre endometriosis leve, lo mejor es simplemente controlar el dolor y hacer chequeos regulares cada 6 o 12 meses. Algunos tratamientos caseros para calmar el dolor pueden ser los baños con agua tibia o los paños calientes para relajar los músculos de la pelvis. En cuanto a las medicinas, se puede iniciar con Ibuprofeno (Advil, Motrin IB, etc.) para ayudar a reducir los dolores menstruales. Pero si la dosis máxima de estas medicinas no alivia el dolor, seguramente necesitará que le receten una medicina más fuerte o intentar otro tratamiento.

Para las mujeres con endometriosis leve que quieren quedar embarazadas,  la mejor opción es buscar el embarazo por vías naturales lo más pronto posible. Si en los primeros seis meses no se logra, pueden intentar con otros métodos de fertilización.

Cuando la mujer no quiere quedar embarazada y sufre de endometriosis moderada, se le pueden sugerir terapias hormonales. Los suplementos hormonales son efectivos para reducir o eliminar el dolor de la endometriosis. Esto se debe a que los cambios hormonales durante el periodo menstrual son justamente los que causan que el tejido endometrial se engrose y termine en sangrado.

Un tipo de terapia hormonal se hace mediante el uso de anticonceptivos orales que contengan estrógenos y progesterona. Cuando se usan continuamente (de 6 a 9 meses), se suspende el ciclo menstrual durante un tiempo prolongado y se crea un estado parecido al embarazo, llamado pseudo-embarazo. El tratamiento impide que la endometriosis empeore y alivia el dolor, pero puede ocasionar manchados.

Otro medicamento común para estos casos es Danazol, que proporciona la hormona masculina. Y los medicamentos conocidos como antigonadotropinas (Synarel y Depo Lupron, entre otros), impiden que los ovarios produzcan estrógeno bloqueando la glándula pituitaria que normalmente estimula los ciclos del ovario.

Sin embargo, es necesario ser conscientes de que los tratamientos hormonales pueden ocasionar efectos secundarios como manchados, aumento de peso, depresión y acné, entre otros. Por este motivo es importante que siempre estén regulados por un médico y generalmente no deben durar más de 6 meses, a menos de que él o ella se los recomiende.

Cuando la mujer desee quedar embaraza, los tratamientos de fertilización son los más aconsejables, si los métodos naturales han fallado.

Cuando se sufre de endometriosis severa o de dolores intensos, se puede considerar la cirugía para remover los implantes y las adherencias que se encuentran fuera del útero. Esta cirugía no afecta ni remueve ningún órgano, solo estas anormalidades. Además en algunos casos, se puede hacer laparoscópicamente, que tiene una recuperación más rápida. La cirugía suele utilizarse cuando se está intentando quedar embarazada o cuando el dolor es intenso.

Para las mujeres que no desean tener hijos en el futuro y están sufriendo de endometriosis o síntomas severos, existe la opción de la histerectomía, que consiste en extirpar el útero. Muchas veces durante esta cirugía se realiza se remueven los ovarios y/o las trompas de Falopio para asegurarse que la endometriosis no volverá. Si no se extirpan estos otros órganos, desde luego se revisan para remover cualquier implante o adherencia que tengan.

Existen opciones para tratar la endometriosis, por eso no hay que preocuparse. Pero lo más importante es que ésta se descubra lo más temprano posible para evitar mayores complicaciones y mayor dolor.

Si eres una mujer que podría estar en riesgo de desarrollar endometriosis (ver síntomas y causas), no esperes hasta el último momento, pide una cita con tu ginecólogo. ¡Actúa ya!

 

Publicación original: 2009

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Manchas en la piel: cuando el melasma o cloasma afecta tu cutis


Quisieras que tu cutis (la piel de tu cara) se viera tan perfecto y parejo como el de las modelos de las revistas, pero desde hace un tiempo te han brotado unas manchas cafés (marrones) en la piel de la frente y las mejillas que empeoran cuando te expones al sol.  Una de tus amigas también las tiene, pero le brotaron durante el embarazo y ahora no sabe qué hacer para eliminarlas. No se desesperen. Esa condición llamada melasma (en las mujeres embarazadas se llama cloasma), puede mejorarse con el tratamiento adecuado. Pero para empezar, ambas deben protegerse muy bien de los rayos del sol.

El cutis frecuentemente es el reflejo de nuestros hábitos, o de ciertas circunstancias en nuestra vida. Por ejemplo, el melasma, que consiste en la aparición de manchas o áreas de hiperpigmentación en la cara, es un trastorno de la piel muy común, que afecta casi siempre a las mujeres jóvenes y con más frecuencia a las de piel canela. Los hombres pueden tenerlo también pero se ve sólo en un 10% de los casos.  Veamos qué es esta condición y cómo se presenta.

El melasma es una hiperpigmentación de la piel, una mancha oscura de color café o grisáceo que no da ningún otro síntoma (ni dolor, ni picazón, por ejemplo), pero que puede resultar muy molesta a nivel estético ya que afecta principalmente el rostro.

¿Qué produce estas mancha en la piel?

Las causas principales incluyen:

  • La exposición al sol, por lo general sin protección, por eso es más frecuente en climas tropicales.
  • Cambios hormonales, como la fluctuación en los niveles de las hormonas femeninas, el estrógeno y la progesterona. Por eso es tan frecuente durante los embarazos (resulta tan común que lo llaman “la máscara o la marca del  embarazo”).  Cuando aparece durante la gestación se denomina cloasma.
  • Se presenta también en algunas mujeres que toman pastillas anticonceptivas o en las que reciben terapia de reemplazo hormonal durante la menopausia.
  • Lo causa también el uso de productos que irritan la piel y/o que estimulan la producción de melanina (es el pigmento que le da el color a la piel y es el responsable del bronceado).

Las personas con predisposición genética o con historia familiar de melasma tienen más riesgo de padecer esta condición.

Cuando aparece adopta uno de estos patrones:

  • Centrofacial: en el centro de la cara. Es el más común e incluye la frente, las mejillas, la parte superior de los labios, la nariz y la barbilla.
  • Malar:  la parte más protuberante (prominente) de las mejillas
  • Mandibular: en el contorno del hueso de la mandíbula

También hay cuatro tipos de pigmentación asociados con el melasma:

  • Epidérmico: se caracteriza por exceso de melanina en las capas superficiales de la piel (o epidermis).
  • Dérmico: este tipo se reconoce por la presencia de melanófagos (células que se alimentan de la melanina) en la dermis, que es la capa de la piel que se encuentra debajo de las capas superficiales.
  • Mixto: que incluye una mezcla de los dos anteriores.
  • Un cuarto tipo, sin clasificar, que se caracteriza por un exceso de melanocitos en las personas de piel oscura.

Diagnóstico y tratamiento del melasma o cloasma

El dermatólogo (o el médico que es el especialista de la piel), evaluará la piel de tu cara para determinar la profundidad del melasma en tu caso particular. Para eso usará una lámpara que se conoce como lámpara de Wood.  Si es necesario descartar alguna otra condición en tu piel, y lo considera necesario, podría tomar una biopsia (un pedacito de piel bajo anestesia local) para enviarla al laboratorio para que se analice bajo el microscopio. Con la evaluación de la lámpara y/o los resultados de la biopsia (de ser necesario) podrá determinar el tratamiento indicado.

A veces, el melasma puede desaparecer por sí solo si lo desencadenó algo como una elevación hormonal, como el embarazo, o el uso de pastillas anticonceptivas. Si se descontinúan las pastillas, por ejemplo, o al final del embarazo, el melasma se puede ir desvaneciendo con el tiempo. Pero casi siempre hace falta ayuda adicional.  Las formas de tratamiento más comunes del melasma incluyen:

  • Lo primero y lo más importante, dentro de lo posible, es evitar la exposición al sol y usar siempre una crema de protección solar y/o sombreros y gorras cuando estés en exteriores. Usa una crema con protector de FPS (factor de protección solar) de 30 o más, que debes aplicarte diariamente, idealmente 20 minutos antes de salir de tu casa.
  • La aplicación de cremas a base de hidroquinona (HQ) al 2% de venta libre (Esotérica y Porcelana), o al 4% por receta (Obagi Clear, Glyquin, Tri-Luma y Solaquin).  Las cremas al 2% se aplican dos veces al día sobre las manchas oscuras y son, por lo general, muy efectivas y menos irritantes que las cremas al 4%. Este tipo de tratamiento se recomienda en todos los tipos de melasma, pero el tipo epidérmico responde particularmente bien, ya que la pigmentación está más cerca de la superficie de la piel.
  • En caso de melasma que sea más profundo y/o severo se puede emplear una combinación de cremas que contengan tretinoina (ácido retinoico), ácido kójico y ácido azelaico para aclarar el colorido del cutis. El uso de estas cremas durante mucho tiempo puede ocasionar irritación en la piel. Siempre sigue cuidadosamente las instrucciones del envase o del dermatólogo.
  • En algunos casos se recomienda cremas con esteroides tópicas (que se aplican en la piel de la cara), la exfoliación química con ácido glicólico.
  • El melasma también puede tratarse con rayos láser para eliminar la pigmentación oscura, pero el tratamiento con láser no resulta efectivo en todos los casos. En algunos hasta los empeora por lo que deben aplicarse con mucha precaución y siempre por un dermatólogo.

Cualquiera que sea el tratamiento seleccionado y mientras éste dure, debes evitar la exposición el sol. Las mujeres embarazadas y las que están amamantando deberán posponer el tratamiento para evitar riesgos relacionados con el desarrollo del feto o del recién nacido. En esos casos, es necesario recurrir a las bases y a los correctores cosméticos para emparejar el cutis hasta que se pueda utilizar un tratamiento efectivo.

Con disciplina en el tratamiento y evitando la exposición al sol tendrás las mejores posibilidades de que la piel de tu cara regrese a su coloración original. Finalmente recuerda que esta condición no es un problema médico, es una cuestión cosmética, a pesar de que algunos le llaman manchas hepáticas o del hígado. Cuida tu cutis con esmero para que puedas ofrecerles a todos tu mejor cara.

 

Publicación original: 2009

Ultima revisión: 2017

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martes, 1 de agosto de 2017

Comer pescado en el embarazo, ¿resulta en niños más inteligentes?


El consumo del omega 3 por las madres podría ayudar en el desarrollo cognitivo de sus hijos

Se cree que el pescado hace que los niños sean más inteligentes porque contiene ácidos grasos omega 3, un tipo esencial de grasa que se encuentra naturalmente en el cerebro, los ojos y el sistema nervioso central. Los omega 3 no son un simple nutriente, son una colección de varios, incluidos el ácido eicosapentaénico (EPA) y el ácido docosahexanoico (DHA).

Varios estudios han demostrado que consumir comidas ricas en estos nutrientes puede reducir el riesgo de desarrollar ciertas condiciones, como enfermedades cardiacas. Muchos estudios también han relacionado directamente el consumo de pescado por parte de madres lactantes al mayor desarrollo cognitivo (memoria y rendimiento del cerebro) en niños de hasta 3 años de edad. Si bien los estudios no son definitivos, debido a que hay otros factores que pueden tener un impacto en el desarrollo infantil, sí parecen ser muy prometedores.

Las mujeres embarazadas – y las que dan pecho a sus recién nacidos – que consumen pescado para beneficiarse del omega 3 deberían saber el número de porciones que deben consumir y las especies de pescado que son consideradas seguras. Para ayudar a asegurar la salud óptima para la madre, y para alentar el desarrollo positivo de su bebé, a continuación presentamos algunas pautas que ayudarán a incorporar el beneficioso omega 3 a cualquier dieta.

Porciones recomendadas de pescado rico en ácidos grasos omega 3

Hasta 12 onzas por semana durante el embarazo.

Especies de pescado con algo contenido de ácidos grasos omega 3

Salmón, sardinas, arenque, bacalao, corzo, sábalo y pescado blanco, todos ricos en ácidos grasos omega 3.

Riesgos de comer la especie incorrecta de pescado

Hay especulación de la existencia de riesgos al comer pescado que pueda producir una alta contaminación con mercurio, como pez espada, blanquillo, caballa blanca y tiburón. La Administración de Medicinas y Alimentos (Food and Drug Administration o FDA) ha hecho advertencias en los últimos años sobre este punto. Se dice que comer estas especies de pescado puede producir envenenamiento con neurotoxinas, cosa que puede ser dañina para cualquier persona, en especial los infantes. Sin embargo, el pescado no es la única opción. Hay muchos otros alimentos que contienen omega 3.

Alimentos alternativos al pescado que contienen omega 3

  • Los fabricantes de fórmula y alimentos para bebés han sido muy buenos en saturar las cantidades saludables de grasas omega 3 en sus productos. No parece probable que esta tendencia vaya a cambiar.
  • Las nueces, nueces de Cuba, nueces de haya, pacanas, piñones secos, granola y linaza (disponible en forma de semillas enteras, semillas molidas y aceite) son bocadillos o botanas grandiosos y es fácil encontrarlos todo el año.
  • Los productos lácteos, como el queso mozzarella y la leche entera (o con un 3.25% de contenido de grasa) también son buenos.
  • Las frutas crudas, como las fresas, zarzamoras, arándanos, guabas, cerezas, melones y limones crudos (con la cáscara).
  • Vegetales como la coliflor, lechuga, frijoles o frijoles pintos, calabaza, colecitas de Bruselas, brócoli, pepinillos (preferible con bajo contenido de sodio), semillas de rábano (el retoño o crudas) y la espinaca.
  • Carne y piel de codorniz, piel de pavo o guajolote cocida y tostada o cerdo curado (jamón).
  • Las madres también pueden agregar a sus preparaciones una variedad de especias ricas en omega 3, entre ellas albahaca fresca, orégano seco, clavo molido, hojas de parra enlatadas y aceite de colza (canola oil).

 

Publicación original: 2010

Ultima revisión: 2017

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Las relaciones entre los adolescentes: señales de alerta


Las relaciones entre los jóvenes de hoy no son como las de antes

¡No entiendo! ¿Esa chica no es tu novia a pesar de que te besas con ella? ¿Qué quiere decir que “te enganchaste” o que “tienes un rollo”? ¿Tu amigo tiene “derecho a” qué exactamente? ¿La conociste por el Internet y te manda esas fotos? Las relaciones entre los jóvenes de hoy no son como las de antes. Pero antes de que te escandalices sin motivo, entérate sobre cuáles son las verdaderas señales de alerta de una relación o cita riesgosa.

Las relaciones entre los jóvenes en otras épocas no son ni un pálido reflejo de lo que son ahora. Y para muchos padres puede ser difícil comprender qué es normal para una cita romántica en estos tiempos y qué no. Para no asustarte en vano cuando tus hijos empiecen a salir, lo mejor que puedes hacer es comprender cómo son las relaciones de hoy en día.

Actualmente muchos adolescentes no establecen “noviazgos” oficiales como antes, sino que empiezan a “salir” con alguien, a “tener un rollo” o a “engancharse”. Y ese tipo de relaciones pueden tardar tanto como 6 meses, o tan poco como una semana o una noche de fiesta. Así es.

¿Qué pasa en esas relaciones? Es muy probable que ese tipo de “rollos” incluyan algo más que un beso en la boca y agarrarse de la mano. El sexo, sobre todo el sexo oral, ya no es un asunto extraño para los adolescentes y es importante aceptar que tarde o temprano tus hijos van a tener una vida sexual activa y hay que respetarla.

Sin embargo, el aceptar la sexualidad de los hijos no quiere decir que dejes de estar alerta ante algunas situaciones que puedan poner en riesgo su integridad y su salud.

Háblales acerca del sexo

No pretendas que tus hijos sepan cómo protegerse contra enfermedades de transmisión sexual (ETS) o embarazos si nadie les habla de ello. Ni esperes a que sientan la confianza para hacerte preguntas si no les has abierto la puerta primero. Háblales del respeto al cuerpo, de la salud sexual, de los embarazos no deseados, de los preservativos o condones, de que es posible decir que “no”, de los riesgos de la promiscuidad y de la importancia de confiar en la pareja sexual. Y déjalos que te cuenten cuál es su perspectiva y qué dudas tienen al respecto. Tanto tú como ellos pueden aprender mucho en esa conversación. Y desde luego, háblales de tus valores, de otra forma ¿de dónde los van a aprender?

Alerta al abuso sexual

Es común pensar que el abusador sexual es un desconocido que ha perdido la razón y se ha convertido en una especia de “monstruo”. Pero la mayoría de los abusos sexuales son realizados por personas conocidas. Y en el caso de las niñas adolescentes, los abusadores pueden ser fácilmente un familiar, un maestro de la escuela o hasta un amigo. Muchas adolescentes no creen que han sido abusadas cuando se ven forzadas a tener relaciones sexuales con un primo mayor que ellas o con su maestro. Y quedan aún más confundidas cuando el chico las obliga a tener sexo en la primera cita. Enséñale a tu hija que sólo debe tener relaciones sexuales cuando realmente quiere, que nadie la debe forzar a hacerlo, y que quien la obligue es un abusador aunque sea el primo o el “amigo”. ¡No es no, y punto!

Amor electrónico: ¡cuidado!

Hoy en día es muy fácil entablar relaciones de todo tipo por el Internet y el celular. Pero una cosa es hacer nuevos amigos virtuales, y otra muy diferente es entablar relaciones íntimas con desconocidos y hacer citas a través del Internet cuando se es menor de edad. Y actualmente muchos adolescentes no saben marcar ese límite al usar las nuevas tecnologías. Por ejemplo, es muy frecuente que se envíen mensajes de texto con alto contenido sexual, incluso hasta con desconocidos, y eso los puede llevar a citas riesgosas. También algunos comparten información privada o fotografías íntimas (sextear) con sus “conocidos” en el chat, Facebook, My Space o Twitter sin saber cuál será el uso que los demás pueden hacer de eso. Y peor aún, muchas adolescentes entablan relaciones virtuales con desconocidos quienes resultan ser hombres mayores y las invitan a citas a ciegas con fines sexuales.

Trata de estar alerta a lo que tus hijos hacen en el Internet, háblales sobre la importancia de no compartir información privada con desconocidos, y siempre pregunta si la persona con quien van a salir es de su edad y de dónde lo conocen.

El estar un poco desactualizado en cuanto a las relaciones hoy en día no es nada grave. Lo que sí puede ser grave es que por no tratar de comprender en qué andan en tus hijos, no puedas brindarles un consejo a tiempo para que eviten situaciones o relaciones riesgosas. ¡Ponte las pilas!

 

Publicación original: 2010

Ultima revisión: 2017

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10 cosas que nunca debes olvidar antes de darle medicina a tu hijo


Medicar a un niño parece sencillo pero requiere ciertos cuidados, sobre todo cuando vayas a administrarle medicinas de venta libre. Descubre 10 cosas que nunca debes olvidar a la hora de darle medicina a tu hijo.

Si bien no se recomienda automedicarse cuando los adultos nos sentimos mal, puede ser sencillo decidir qué medicamento tomar para aliviar el malestar, sobre todo cuando se trata de enfermedades cotidianas a las cuales ya estamos acostumbrados o ya hemos consultado con el médico. Existen medicamentos de venta libre que si se administran con precaución no deben causar problemas de salud.

En el caso de los niños, en cambio, el administrar medicina requiere de ciertos cuidados. Si tu hijo/a se enferma, no dudes en seguir estos consejos:

1. Asegúrate de tener medicamentos especiales para niños

Recuerda que -en estos casos- el niño no debe ser considerado una persona pequeña, y que por lo tanto si un adulto toma una píldora X, al niño no podemos darle media o un cuarto y listo.

2. Más dolor no significa más medicina

Respeta las cantidades y la frecuencia que indica la etiqueta o que te ha indicado el médico o el farmacéutico.  Que le des más remedio no significa que vaya a sanar más rápido, por el contrario, puede ser peligroso para el niño. Por ejemplo, no sólo puede no ser más efectivo, se puede intoxicar.

3. Utiliza un buen medidor

En general, cuando adquieres un medicamento incluye un medidor propio. Siempre utiliza ese o uno equivalente. Una cuchara de cocina, por ejemplo, puede no contener la cantidad de medicina necesaria para tu hijo.

4. Controla las cantidades

La cantidad requerida por cada niño depende de su peso y tamaño. Si compartes medicamentos entre 2 o más niños, por ejemplo, ten en claro la dosis que requiere cada uno, que puede ser diferente entre ellos.

5. ¡Cuidado con la interacción de medicamentos!

Recuerda comentarle a tu médico qué otras medicinas, suplementos o hierbas está tomando tu hijo, para evitar que la mezcla de provoque una reacción inesperada no deseada. O que no deban mezclarse.

6. Conserva los medicamentos en un lugar seguro

Mantén la medicina siempre fuera del alcance de los niños, consérvalos en un lugar seco y fresco (a menos que específicamente te indiquen algo diferente), y una vez que tu hijo termine el tratamiento desecha lo que haya sobrado.

7. Corrobora las fechas de vencimiento

Ya sea cuando se trate de algún medicamento que tenías en casa o de una medicina que estés por comprar, siempre revisa que no esté vencido.

8. Organiza las medicinas

Sobre todo si tienes más de un hijo, lo ideal es que anotes en el envase a quién pertenece el medicamento y cómo administrarlo.

9. Termina el tratamiento

No suspendas el tratamiento que te dio el médico tan pronto tu hijo comience a sentirse mejor, ya que en algunos casos puede ser peor y los niños pueden tener una recaída posterior.

10. ¡Los niños no pueden tomar aspirina!

Nunca le des este medicamento a tu hijo, especialmente cuando tengan una enfermedad causada por un virus (como la influenza y la varicela), ya que puede ocasionar una condición llamada Síndrome de Reye, que hasta puede poner al niño en peligro de muerte (los síntomas incluyen entre otros: náuseas, vómitos y un cansancio extremo, que pueden llevar incluso a que caigan en coma y dejen de responder).

Por último, no intentes diagnosticar el problema de tu hijo. Recuerda que el uso correcto de los medicamentos consiste en saber en qué momento son necesarios y cuándo no. Si no estás seguro si los síntomas de tu hijo requieren tratamiento médico o no, pregúntale al médico.

En la mayoría de los casos, los tratamientos en el hogar sin el uso de medicina son la manera ideal de lograr la recuperación, especialmente en casos leves de resfriados o gripe.

Para ayudar al sistema inmunológico a recuperarse, asegúrate de que el niño descanse y tome mucho líquido, como agua, jugos y/o caldo, para evitar la deshidratación que puede ocurrir debido a la pérdida de líquidos al vomitar, al tener diarrea, al sudar o al eliminar secreciones por la nariz. Desde luego, si no puede retener líquidos, llama al médico de inmediato.

Con todos estos datos en mente, te resultará más fácil ayudar a tus hijos. Y recuerda siempre consultar a tu médico sobre el mejor tratamiento para cada uno de ellos. ¡Nunca automediques!

 

Publicación original: 2011

Ultima revisión: 2017

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