viernes, 3 de noviembre de 2017

Los senos fibroquísticos: lo que debes saber sobre esta condición tan común


Aunque molesta y dolorosa, es una condición benigna, bastante frecuente en las mujeres, sobre todo en sus años de fertilidad. Averigua si también tú tienes senos fibroquísticos, y qué puedes hacer para aliviar el dolor.

Si estás ya en la treintena, tal vez notes por primera vez algunos síntomas en los senos como inflamación, dolor en las axilas y abultamientos (quistes) que nunca habías palpado antes y que pueden causarte incluso angustia y preocupación. Tu caso es el caso de muchas mujeres, porque en esta etapa el sistema hormonal empieza a experimentar cambios, y el nivel de las hormonas fluctúa más que antes. Estos síntomas que vienes experimentando se conocen como cambios fibroquísticos del seno (o cambios cíclicos del seno), porque se presentan con el ciclo menstrual y con él desaparecen. Son más marcados inmediatamente antes de comenzar el periodo, y más marcados en algunos ciclos que en otros.

¿A que se deben los senos fibroquísticos?

Los expertos piensan que los cambios fibroquísticos del seno están relacionados con los cambios hormonales que ocurren durante el ciclo menstrual. Cada mes, tu cuerpo se prepara para un posible embarazo, y produce las hormonas que les indican a los senos que fabriquen leche. Las glándulas mamarias aumentan de volumen, lo que provoca los abultamientos y el dolor.

Los cambios fibroquísticos pueden presentarse en un seno o en los dos. Entre los más comunes están:

  • Inflamación de los senos.
  • Sensibilidad o dolor en los senos, que se describe a veces como dolor sordo o pesadez.
  • Dolor y molestia en las axilas.
  • Abultamientos en los senos. Las áreas químicas (los quistes) están siempre en el mismo sitio, y aumentan de tamaño o se encogen en relación con el ciclo menstrual. Si ejerces presión sobre ellas las sientes más densas, y los abultamientos pueden moverse en lugar de parecer adheridos al músculo de abajo.

Los senos fibroquísticos son muy comunes y benignos. No son señales de cáncer ni conducen a él. El único problema es que hacen más difícil detectar un cáncer del seno para tomar medidas a tiempo. De ahí la importancia de que consultes con el médico si notas algunos de los siguientes signos o síntomas, sobre todo si tienes un riesgo más alto de lo normal de cáncer del seno, como antecedentes familiares de cáncer. Me refiero si alguien cercano en tu familia ha tenido cáncer, especialmente del seno. Los signos y/o síntomas son los siguientes:

  • Te duelen los senos y no se presenta tu periodo del mes. Aunque esto no es señal de cáncer, sí puede indicar que estás embarazada, y debes hacerte un examen para determinarlo.
  • Señales de infección en los senos. Esto incluye inflamación súbita de los senos, enrojecimiento o dolor, con fiebre o sin ella.
  • Secreción de pus o de sangre en los pezones.
  • Un dolor repentino y agudo en los senos sin causa aparente (como un golpe), que dura dos semanas o más.
  • Un dolor persistente o que se van incrementando en uno de los senos o en los dos, sobre todo si permanece en una área del seno.
  • Un abultamiento nuevo en un seno, que no desaparece después de tu periodo menstrual. Si no tienes periodos menstruales, ve sin demora al médico si notas un nuevo abultamiento.
  • Arrugas o pequeñas depresiones en la piel del seno o de los pezones.

Alivio para el dolor de los senos fibroquísticos

No te preocupes, que hay remedios que pueden aliviar tus molestias. Algunas veces, el dolor causado por los senos fibroquísticos puede ser muy intenso, y requiere analgésicos fuertes, recetados por el médico. En casos muy severos te podría recetar una medicina que es muy efectiva para disminuir el dolor pero que tiene efectos similares a la hormona masculina, así que tiene muchos efectos secundarios (se conoce como Danazol).

Pero en la mayoría de los casos, los remedios caseros bastan para aliviar el dolor. Entre ellos, usar un sostén que les dé a tus senos un buen soporte, y tomar analgésicos (medicinas para el dolor) que no requieren receta médica, como acetaminofén (Tylenol o paracetamol) o ibuprofén (Advil. Motrin). Muchas mujeres también sienten alivio si reducen la grasa en su dieta y disminuyen su consumo de cafeína, aunque esto no está 100% comprobado. Es conveniente que consultes con tu médico antes de tomar suplementos, vitaminas o analgésicos (por ligeros que sean), o de hacer cambios drásticos en tu alimentación. Algunos estudios sugieren que el aceite de onagra podría ayudar. Pregúntale a tu médico. Frecuentemente los síntomas mejoran o desaparecen después de la menopausia.

En todo caso, recuerda que los senos fibroquísticos, aunque molestos por el dolor, son inofensivos y no tienen relación con el cáncer. Si los padeces, toma medidas para aliviar el dolor. Pero, aparte de eso, no necesitas tratamiento ni tienes mayores motivos de preocupación.

 

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jueves, 2 de noviembre de 2017

¿Tienes falta de deseo sexual? 4 posibles razones detrás de tu desgano


La falta de deseo sexual puede tener causas médicas

Hablemos claro: no siempre está el horno listo para las galletitas. Por mucho que quieras a tu pareja hay días en que lo más lejano de tu cabeza y de tus deseos es un encuentro amoroso. Y resulta pertinente decir que no y dejarlo para otro día. Pero cuando el “no” deja de ser la excepción y se convierte en la regla, hay que buscar la causa de tu falta de deseo sexual para proteger tu salud y tu relación de pareja. Si últimamente has dicho que no demasiadas veces, quizás encuentres la razón aquí. 

Te sientes mal o estás francamente agotada. Una pareja comprensiva entiende perfectamente estas causas. Y es que hay razones muy legítimas para decir que no al encuentro amoroso.  Pero si la negación proviene de una persistente falta de deseo sexual y una total ausencia de fantasías sexuales, entonces los especialistas tienen un nombre para la condición: deseo sexual hipoactivo, la forma más común de la falta de satisfacción sexual en las mujeres.

Este trastorno ni llega por sí solo, ni se va por sí solo tampoco. Es muy importante recibir atención médica, primero para determinar qué lo está causando y segundo, para resolverlo.

La falta de deseo sexual frecuentemente se debe a causas psicológicas y a conflictos dentro de la relación de pareja que se han ido acumulando sin resolverse: frustración, enojo, resentimiento, falta de comunicación y de intimidad emocional satisfactoria. En ese caso, la primer opción de tratamiento para la mujer y su compañero (quien es parte del problema y por tanto, de la solución) es la consejería de pareja y la terapia emocional.

Pero la falta de deseo sexual crónica también puede tener causas físicas o relacionadas con el estilo de vida. Por ejemplo, una madre con varios hijos, exhausta por el exceso de trabajo fuera y dentro de la casa e incapaz de relajarse, nunca encuentra la energía para pensar, realizar y disfrutar el sexo.

Otras veces, la causa de la falta de deseo sexual está relacionada con una condición médica. Veamos algunas de las más comunes:

1. La menopausia:

La llegada de la menopausia, ya sea por causas naturales o a consecuencia de una cirugía (cuando se quitan los ovarios, por ejemplo), se caracteriza por el declive gradual o súbito (en el caso de la cirugía) de las hormonas estrógeno, progesterona y testosterona. Los niveles más bajos de la testosterona, en particular, pueden llevar a un descenso de la libido (la energía sexual) ya sea gradual o repentino. El tratamiento convencional del reemplazo hormonal a base de estrógeno y progesterona para aliviar los síntomas de la menopausia también puede empeorar la situación porque el estrógeno aumenta una proteína en la sangre que se adhiere a la testosterona y reduce todavía más sus niveles en el organismo, llevando a una notable falta de deseo sexual.

2. La depresión

Uno de los síntomas más comunes de la depresión es la disminución o falta de deseo sexual. La falta de interés y energía para el sexo, a su vez, aumenta todavía más la depresión. El tratamiento para la depresión puede incluso contribuir al problema, ya que muchos antidepresivos como el Prozac (fluoxetina), Paxil (paroxetina) y Zoloft (sertralina) tienen entre sus efectos secundarios la pérdida de la libido.

3. La distimia

Esta es una condición muy parecida a la depresión pero con síntomas mucho más leves que no es fácil de diagnosticar porque la persona puede funcionar con ella. Pero una mujer con distimia se puede sentir sola, aislada y abrumada. Estos sentimientos, cuando se experimentan a nivel crónico, pueden llevarla al que se aisle de las actividades sociales que disfrutaba antes y a evitar el encuentro íntimo con su pareja.

4. Algunos medicamentos

Algunas medicinas recetadas para la presión alta (hipertensión), algunos antidepresivos e incluso la píldora anticonceptiva, podrían interferir con el deseo sexual, la estimulación y el orgasmo ya que alteran el equilibrio de las hormonas sexuales y los neurotransmisores. Por ejemplo, los antidepresivos conocidos como inhibidores de la recaptación de la serotonina combaten la depresión aumentando la producción de serotonina, pero ésta tiene como efecto secundario, en algunas personas, la disminución del deseo sexual.

Si te encuentras en un caso similar y sospechas que tu falta de deseo sexual se podría deber a un problema clínico, es muy importante que consultes con tu médico para determinar exactamente qué está pasando. Si te han extirpado los ovarios, es importante que midan tus niveles de testosterona (si están por debajo de 20 nanogramos por decilitro definitivamente afecta tu vida sexual), o quizá sea necesario evaluar nuevamente los niveles y/o los efectos de tu terapia de reemplazo hormonal, si estás pasando por la menopausia. El médico también podría ayudarte ya sea con un antidepresivo o a cambiar tu antidepresivo por otro que no reduzca tu libido.

Lo más importante es que visites a un profesional de la salud y que no te sientes a esperar a que las cosas se resuelvan por sí solas. Eso nunca ocurre y solamente empeoran. Quizá  un simple cambio de medicamento o acudir a varias sesiones de terapia de pareja podrían darle un cambio radical a tu vida y a tu relación afectiva.

 

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La presión baja: ¿cuándo debe preocuparte?


Cada vez que te miden o toman la presión, la lectura es baja. ¿Debes preocuparte? Según la Sociedad Americana del Corazón, dentro de ciertos límites, mientras más baja sea la lectura de tu presión arterial, mejor, siempre y cuando no venga acompañada de ciertos síntomas, en cuyo caso sí representa un riesgo potencial para tu salud. ¿Sabes cuáles son esos síntomas? Aquí te lo contamos, así como las causas más comunes de la presión baja o hipotensión.

¿Qué es la presión baja o hipotensión? Para entenderlo mejor, conviene repasar en primer lugar, en qué consiste la presión arterial y cuáles son los niveles que se consideran normales.

La presión arterial es la medida de la presión que la sangre ejerce en tus arterias, impulsada por el corazón, durante las fases de actividad y descanso de cada latido. Hay dos tipos de presión: la sistólica y la diastólica. Estas se miden, generalmente en el antebrazo, con un aparato llamado tensiómetro (o esfigmomanómetro) y las lecturas se obtienen en milímetros de mercurio (mm Hg).

La presión sistólica, es el número más alto (el primero que se obtiene)  y se refiere a la presión que genera el corazón cuando bombea la sangre a través de las arterias en el momento en que ejerce la máxima fuerza de contracción. La presión diastólica, es el número menor (el segundo), y se refiere a la presión en las arterias cuando el corazón descansa entre un latido y otro.

La lectura de la presión puede variar en un período corto de tiempo, según la posición de tu cuerpo, el ritmo de tu respiración, tu nivel de estrés, tu condición física, los medicamentos que tomas y lo que comes y bebes. Generalmente es más baja por la noche, y sube rápidamente cuando te levantas.

Según la Asociación Americana del Corazón y el Instituto Nacional del Corazón, del Pulmón y de la Sangre, la presión arterial de un adulto se considera normal cuando la presión sistólica está en 120 mm Hg o menos y la diastólica está en 80 mm Hg. o menos. Si la sistólica se encuentra entre 120 y 130 y/o la diastólica se encuentra entre 80 y 89 se considera pre-hipertensión, si la sistólica está por arriba de 140 y/o la diastólica se encuentra por arriba de 90, se considera alta (hipertensión). Por el otro lado si la presión sistólica se encuentra en 90 mm Hg. o menos o la diastólica se encuentra en 60 mm Hg. o menos, se considera baja (hipotensión).

Generalmente, la presión baja por sí sola no es peligrosa para la salud (dentro de ciertos límites), y muchas personas la tienen normalmente baja sin experimentar problemas. Pero cuando baja demasiado, se deben tomar medidas inmediatas, pues puede causar que el oxígeno y los nutrientes de la sangre no lleguen a los órganos vitales, lo que trae consecuencias serias de salud.  Si normalmente tiene la presión baja, y has notado uno o más de los siguientes síntomas, debes consultar a un médico cuanto antes, ya que pueden ser una señal de otros problemas médicos:

Los síntomas de la presión baja

Los síntomas más comunes de la hipotensión o presión arterial baja son:

  • Mareos
  • Desmayos (o síncope)
  • Piel pálida, fría
  • Depresión
  • Visión borrosa
  • Dificultad para concentrarte
  • Fatiga
  • Debilidad general
  • Náuseas
  • Palpitaciones
  • Respiración rápida y poco profunda
  • Sed

¿A qué se debe la presión baja?

Existen varias condiciones que pueden provocar la presión baja o hipotensión. Entre ellas están:

  • Deshidratación. Si te deshidratas, tu cuerpo pierde más agua de la que recibe. Fiebre alta, vómitos, diarrea, tomar un exceso de diuréticos o hacer ejercicios vigorosos pueden deshidratarte
  • Sangrado. Cuando pierdes una gran cantidad de sangre por una herida o por una hemorragia interna, la presión puede bajar.
  • Embarazo. Como el sistema circulatorio de la mujer se expande rápidamente, la presión arterial tiene a bajar. La presión suele normalizarse después del parto.
  • Afecciones cardíacas. Algunas pueden dar lugar a baja presión arterial (a veces muy baja), como problemas en las válvulas del corazón, ataques al corazón e insuficiencia cardíaca.
  • Problemas endocrinos. Los problemas de la tiroides, la insuficiencia suprarrenal (enfermedad de Addison), un nivel de azúcar muy bajo (hipoglucemia) y a veces la diabetes pueden causar hipotensión.
  • Infección severa. Si la infección entra en el torrente sanguíneo, puede producirse un choque séptico, este es un problema serio que puede poner en peligro la vida.
  • Reacciones alérgicas severas. Algunos alimentos, medicamentos o el veneno de algunos insectos pueden producir anafilaxis, una reacción alérgica que puede ser seria y muy peligrosa.

Algunos medicamentos también pueden provocar que la presión baje, como: los bloqueadores beta, bloqueadores de los canales de calcio, diuréticos, inhibidores ACE, antidepresivos, antipsicóticos, así como algunos medicamentos para tratar el Parkinson o la disfunción eréctil.  Otras sustancias como el alcohol y los narcóticos también pueden provocar un descenso de la presión arterial o hipotensión.

Te repito, un solo episodio de presión baja no debe preocuparte si no experimentas otros síntomas. Eso si, si el descenso es repentino, aunque sea ligero, puede causar mareo y desmayo.  En ciertos casos, cuando la presión arterial baja de repente puede deberse a otro problema de salud, como un sangrado, una infección severa, una reacción alérgica o lo que se conoce como hipotensión ortostática. Esta última se produce por un cambio repentino en la posición del cuerpo, si te levantas rápidamente después de haber estado sentado(a) o acostado(a). La presión arterial baja de pronto causando mareos, visión borrosa y hasta desmayo.

¿Cómo se trata la presión baja?

El tratamiento de la presión arterial baja depende de las causa. A veces, si la historia clínica no establece la causa (por ejemplo, que estés tomando algún medicamento que lo explique o que te encuentres deshidratado(a), es necesario hacer una serie de estudios como: un electrocardiograma, algunos análisis de sangre, ecocardiograma, prueba de esfuerzo, la maniobra de Valsalva, y/o la prueba de la mesa inclinada, entre otros.

Para evitar que la presión te baje, el médico podría recomendarte lo siguiente:

  • Tomar mucha agua y limitar el consumo de alcohol para evitar la deshidratación.
  • Llevar una dieta sana (si te pide que aumentes el consumo de sodio o sal, hazlo con precaución).
  • Usar medias elásticas.
  • Comer pequeñas porciones de alimentos que contengan carbohidratos varias veces al día.
  • Evitar cambios de posición rápidamente.
  • En ciertos casos, es necesario recetar medicamentos como la fludrocortisona.

Recuerda que la presión baja por sí sola no es el problema. Es la caída súbita o la asociación de la presión baja con otros síntomas lo que requiere que consultes con un médico lo antes posible. Hay situaciones que son una emergencia. No te auto recetes ni te esperes (podría ser importante). Busca ayuda de un profesional de salud. Él o ella buscarán la causa que te produce hipotensión y te indicarán el tratamiento adecuado para normalizarla.

 

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Efectos secundarios de la quimioterapia: mitos y realidades


Con sólo escuchar la palabra “quimioterapia” muchas personas se asustan y viene a su mente la imagen de un paciente terminal. Pero la verdad es que no siempre es así. Aunque es un tratamiento fuerte para el cuerpo, los efectos secundarios de la quimioterapia son diferentes en cada persona. En Vida y Salud te contamos cuáles son los mitos y realidades sobre este tratamiento para el cáncer y te damos tips para sobreponerlos.

Si tienes que someterse a un tratamiento de quimioterapia, es natural que tengas muchas dudas sobre los efectos secundarios. ¿Perderé el cabello? ¿Me debilitaré? ¿Adelgazaré?

La quimioterapia sí puede ser un tratamiento bastante agresivo para combatir el cáncer, pero eso no significa que sus efectos secundarios sean siempre tan extremos. De acuerdo con la Sociedad Americana del Cáncer, todo depende de tu propia salud, de qué tan avanzado esté el cáncer y de cuánto tiempo recibas el tratamiento.

Dependiendo de la quimioterapia que recibas, podría causarte los siguientes efectos secundarios:

  • Náuseas y vómito
  • Debilidad
  • Caída del cabello
  • Propensión a infecciones
  • Anemia
  • Sangrado y moretones
  • Cambios en el apetito y en el peso

Pero recuerda que estos son “posibles” efectos secundarios y que no todas las personas los tienen y no todos los sienten tan fuerte. Además, la mayoría desaparecen una vez termines tu tratamiento y existen muchos medicamentos que ayudan a tratar los síntomas (como las náuseas, la falta de apetito, etc.) y a tratar la anemia, los sangrados y las infecciones, si se presentan.  A continuación te contamos algunos mitos y realidades sobre los efectos secundarios más comunes de la quimioterapia, para que estés mejor informado y no te asustes en vano.

Mito: La quimioterapia impide continuar con la vida normalmente

Realidad: Esa idea que tenemos de los pacientes de quimioterapia postrados en una cama, no siempre es real. De hecho, muchos pacientes con cáncer que están recibiendo este tratamiento, pueden seguir trabajando o estudiando y no se tienen que internar en un hospital o guardar reposo en su casa. Si el tratamiento que te harán no es tan fuerte, es probable que tu médico te lo proporcione en su propio consultorio o en cortas visitas al centro médico, de acuerdo al horario que te conviene. Y podrás continuar con tus actividades diarias, siempre y cuando sientas que puedes hacerlas.

Mito: Las náuseas y los vómitos son incontrolables

Realidad: Es cierto que las nauseas y los vómitos son los efectos secundarios más comunes, pero su intensidad depende del tipo de medicamentos que te estén dando y no todas las personas los sienten tan intensamente como para limitar su vida. Además, casi siempre duran un par de horas durante el tratamiento y en muy pocos casos duran varios días seguidos. Y la buena noticia es que, si te molestan, los puedes reducir con cambios en tu dieta y con medicamentos llamados antieméticos. En este artículo te damos más tips para controlarlos.

Mito: El cansancio es inevitable

Realidad: Todo depende. La quimioterapia es un tratamiento fuerte para tu cuerpo y puede afectar algunas de tus células saludables. Eso puede agotar las energías de tu cuerpo, pero no siempre es inevitable. En algunos casos, especialmente cuando la quimioterapia es suave y los tratamientos no son muy prolongados o frecuentes, puedes sentir simplemente una ligera fatiga. Y si tu cansancio es más fuerte, necesitarás más descanso de lo normal para reponer tus energías.

Mito: La quimioterapia siempre te hace perder todo el cabello

Realidad: No todos los pacientes de quimioterapia pierden su cabello, pues todo depende del tipo de medicamento que estén recibiendo. En algunos casos puede caerse en gran cantidad, pero no por completo. Además, no sucede inmediatamente sino después de algunas semanas y empieza lentamente. Y la buena noticia es que tan pronto termines tu tratamiento, tu cabello volverá a crecer, aunque probablemente luzca diferente y tarde algunos meses más en volver a la normalidad.

Mito: Voy a perder peso

Realidad: No siempre. De hecho, la Sociedad American del Cáncer dice que algunas personas, especialmente las mujeres, aumentan de peso durante la quimioterapia al parecer debido a la ansiedad. Sin lugar a dudas este tratamiento puede afectar tu estómago y tu apetito, y a veces el cansancio o el malestar pueden provocar que no tengas deseos de comer, o que pierdas de peso si tienes diarrea u otros problemas gastrointestinales. Pero no es recomendable que un paciente de quimioterapia pierda mucho peso durante el tratamiento, pues eso sólo afectará su estado general de salud. Por eso tu médico insistirá en que te alimentes saludablemente, pues sólo así lograrás tener las fuerzas necesarias para enfrentar este tratamiento.

Cuando estás recibiendo tratamiento de quimioterapia lo más importante es la lucha contra esta grave enfermedad. Si lo ves de esa manera, tal vez no te asuste tanto la idea de pasar por los efectos secundarios. Finalmente son sólo efectos de algo que también te está ayudando y que además son temporales, y pronto pasarán.

Para más información, te recomendamos nuestro video con recomendaciones para minimizar los efectos secundarios de la quimioterapia.

 

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miércoles, 1 de noviembre de 2017

¿Dolor de músculos? Podría ser fibromialgia


Aunque la fibromialgia es una enfermedad común, especialmente en las mujeres, no es fácil de diagnosticar y puede confundirse fácilmente con otras enfermedades. Eso se debe a que el dolor de los músculos, su principal síntoma, puede relacionarse con muchas otras enfermedades. ¿Cómo puedes saber si tu dolor en los músculos es fibromialgia? Entérate.

¿Qué es la fibromialgia?

Fibromialgia quiere decir “dolor de los músculos y otros tejidos fibrosos”. Y se caracteriza principalmente por causar un dolor de músculos que no es muy típico, además de hipersensibilidad en algunas partes del cuerpo. Esta enfermedad afecta a entre el 2% y el 4% de las personas en Estados Unidos, y la mayoría son mujeres entre los 20 y los 50 años.

Aunque no es peligrosa, la fibromialgia sí puede ser muy dolorosa e incómoda, y puede llegar a limitar tu vida diaria. Por eso es importante detectarla temprano, para iniciar un tratamiento y controlar los síntomas. El problema es que muchas mujeres pueden tardar meses o hasta años de visitas médicas y exámenes para descubrir que tienen esta enfermedad.

Esto se debe a que sus síntomas, especialmente el dolor de los músculos, también se presentan en otras enfermedades como el lupus, el síndrome del túnel carpiano, la esclerosis múltiple, el hipotiroidismo, la osteoartritis, la apnea del sueño, la artritis reumatoide, la polimialgia reumática, el síndrome de las piernas inquietas, etc. Incluso, muchas mujeres pueden simplemente sentir como si tuviera una gripe fuerte que nunca se va.

Además, la fibromialgia no puede detectarse mediante exámenes de laboratorio o radiografías. Y no todos los médicos están familiarizados con ella o con la forma de diagnosticarla.

Por eso es importante que conozcas los síntomas, para que puedas ayudarle a tu médico a identificar lo que tienes.

Síntomas de la fibromialgia

Los síntomas principales (deben sentirse mínimo durante tres meses) de la fibromialgia son los siguientes:

  • Dolor de músculos. Puede ser leve o intenso, y suele sentirse como un dolor persistente en diferentes partes del cuerpo que puede aparecer al despertar, puede aumentar con la actividad, con el frío, con la humedad o con la ansiedad. Puede haber áreas sensibles en la parte posterior del cuello, de los hombros, de la parte baja de la espalda y otras partes del cuerpo.
  • Puntos sensibles. Este es un síntoma clave para detectar la fibromialgia. Se trata de tener hipersensibilidad al tocarte suavemente algunos “puntos” específicos del cuerpo, como el cuello, la espalda alta o la espalda baja, los hombros, el pecho, las costillas, los muslos, las rodillas, los codos y la cadera. La Academia Americana de Reumatología recomienda a los médicos detectar mínimo 11 puntos sensibles (de 18 posibles) en el cuerpo de sus pacientes para poder diagnosticar la fibromialgia. Aunque muchos la diagnostican con menos, especialmente cuando la paciente lleva sintiendo dolor intenso por mucho tiempo.
  • Fatiga.
  • Problemas para dormir, insomnio.
  • Rigidez en la mañana.

Además, hay otros síntomas o condiciones que se asocian frecuentemente con la fibromialgia incluyen:

  • Dolor de cabeza
  • Sensibilidad a la luz
  • Mareo
  • Colon irritable
  • Dificultad con la memoria, “lagunas mentales”
  • Ansiedad y/o Depresión

Si tienes algunos de estos síntomas, habla con tu médico o con un reumatólogo. Es probable que te hagan varios exámenes para saber qué tienes. Es importante descartar otras condiciones ¡No te angusties! En algunas ocasiones el diagnóstico de la fibromialgia es un diagnóstico de exclusión ya que como te mencioné no tenemos pruebas que lo comprueben excepto por el examen físico que es lo que lo confirma.

Y no dudes en buscar la opinión de otro médico si es necesario. Recuerda, mientras más pronto te diagnostiquen la fibromialgia (si eso es lo que tienes), más rápido podrás calmar tus dolores. El especialista es el reumatólogo.

 

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¿A qué se deben los períodos menstruales irregulares?


Si bien muchas mujeres no esperan con emoción la menstruación, la mayoría se da cuenta de la importancia de este sangrado cuando de repente, un mes cualquiera, no aparece o aparece cuando menos lo esperabas. ¿Qué sucede cuando tienes períodos menstruales irregulares o cesan de repente? Empecemos por entender la mecánica del ciclo menstrual, que a propósito, es un proceso fascinante.

Durante la vida fértil de la mujer, los óvulos maduran dentro de los ovarios en un ciclo que dura por lo general 28 días (esto varía de mujer a mujer, e incluso de período en período). En el día 5 de ese ciclo, aproximadamente 20 óvulos empiezan a madurar dentro de los folículos de los ovarios. Estos folículos son una especie de sacos llenos de líquido. Cuando se acerca el día 14, habitualmente uno de los folículos madura antes que los demás y entonces, deja salir al óvulo maduro para que sea fecundado. ¿Qué pasa con los demás folículos? Se marchitan y son reabsorbidos por el cuerpo. En cambio, el folículo maduro, se transforma en lo que se conoce como “cuerpo lúteo” que es el encargado de producir la hormona progesterona, para preparar al útero para que reciba al óvulo fecundado.

Pero si el óvulo no es fecundado, entonces se desintegra y muere. De la misma forma, el cuerpo lúteo, se marchita, lo cual hace que el endometrio (la capa interna del útero) se desprenda y se produzca el sangrado de la menstruación.

  • ¿Qué significa tener un ciclo menstrual regular? Que el intervalo entre los períodos menstruales es constante. Como mencioné antes, por lo general es de 28 días, pero dependiendo de la mujer, puede ser cada 20 a 35 días.
  • ¿Qué significa tener un ciclo menstrual irregular? Que el intervalo entre los períodos menstruales varía cada mes. Es decir, a veces te llega cada 28 días, a veces cada 20, a veces cada 30.

El tener períodos menstruales irregulares es muy común, yo lo veo en mi práctica todo el tiempo. Las causas pueden ser desde insignificantes hasta algo que requiere tratamiento. Por ejemplo, si eres adolescente, podría suceder que las hormonas de tu cuerpo fluctúen y tarden un tiempo en coordinarse y encontrar un equilibrio. Por eso, es normal que durante la adolescencia, tu período sea irregular, o que en ocasiones no llegue.

Y antes de entrar en materia, recuerda que la causa principal para que no te llegue la menstruación, es el embarazo. Así que si no te llega la “esperada visita” asegúrate de que no sea un bebé en camino.

Causas de los períodos menstruales irregulares

Ahora sí, toma nota de las causas más comunes de los períodos menstruales irregulares:

Se pueden tener irregularidades y dejar de menstruar debido a una condición llamada “Insuficiencia o falla prematura del ovario” que indica que una mujer puede dejar de tener sus periodos antes de los 40 años. Esta condición puede ser causada por radiación, cirugía o quimioterapia, en el caso de que se tenga cáncer.

No te olvides que si tienes una vida sexual activa y no quieres quedar embarazada, debes usar un método anticonceptivo en el que puedas confiar para que los períodos menstruales irregulares no te traigan una sorpresa. También, recuerda que aunque tu período desaparezca por un tiempo, esto no te protege de que puedas quedar embarazada, aún estás en riesgo. Si no estás planeando tener un bebé ¡Cuídate!

Y como siempre, te recomiendo que si tienes dudas sobre qué está causando tus períodos menstruales irregulares, debes consultar con tu médico. No sea que detrás de eso, haya alguna condición seria que requiera tratamiento. ¡La salud es lo primero!

 

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Sentir frío en los pies sin que realmente lo estén podría indicar un problema neurológico


ESTIMADA MAYO CLINIC: Últimamente, siento que tengo frío en los pies siempre, pero al tocarlos no lo están. ¿Podría ser este un síntoma de algo que se avecina?

RESPUESTA del Dr. John Jones, Centro Vascular, Mayo Clinic de Rochester en Minnesota, Estados Unidos:

A pesar de que para precisar la fuente exacta de los síntomas es necesario realizar un examen físico y pruebas de diagnóstico, una posible causa para sentir frío en los pies, sin que realmente lo estén, es tener un problema neurológico como neuropatía periférica.

Naturalmente, hay muchas razones para que los pies se enfríen y la más obvia es el ambiente frío, combinado a la falta de calzado adecuado o de medias. De igual manera, el sudor frecuente o constante (hiperhidrosis), generalmente producto del nerviosismo o de literalmente “quedarse helado en los pies”, también puede provocar frío en los pies, sobre todo si la evaporación produce un enfriamiento rápido. Por otro lado, los pies igualmente pueden enfriarse cuando el flujo sanguíneo no es bueno en las arterias que los abastecen. Sin embargo, en todas estas circunstancias, los pies están realmente fríos al tocarlos.

Por lo general, la sensación de frío en los pies es benigna y no existe ninguna causa grave subyacente. No obstante, sentir frío en los pies sin que realmente lo estén podría indicar un problema nervioso, como la neuropatía periférica que es capaz de provocar ese síntoma.

La neuropatía periférica ocurre a consecuencia de un daño nervioso ocasionado por alguna lesión o trastorno médico subyacente. La diabetes es una de las causas más comunes para neuropatía periférica, aunque la enfermedad también puede derivar de una deficiencia vitamínica, de problemas metabólicos, de enfermedades del riñón o hígado, así como de la exposición a toxinas. La neuropatía periférica también se puede heredar y, en ocasiones, nunca se descubre la causa para la enfermedad.

Los nervios periféricos son todos aquellos nervios que se encuentran fuera del cerebro y médula espinal (sistema nervioso central). La neuropatía periférica generalmente empieza en los nervios más largos del cuerpo, que son los que llegan hasta los dedos de los pies; por eso, los síntomas normalmente aparecen primero en los pies y luego, en la parte inferior de las piernas. Además del frío en los pies, otros síntomas posibles de la neuropatía periférica son el sentir entumecimiento, hormigueo, ardor o pinchazos en los pies y piernas que pueden extenderse hacia las manos y brazos, además de dolor punzante o ardiente y sensibilidad al roce. Según la neuropatía periférica avanza, la persona podría perder la sensibilidad, perder la coordinación y presentar debilidad muscular.

Usted debe acudir al médico para evaluar su situación. Si el médico sospecha una neuropatía periférica u otro daño nervioso, hay varios exámenes que podrían realizarse para descubrir la fuente subyacente del problema. Para ayudar con el diagnóstico, el médico posiblemente hable con usted respecto a sus antecedentes médicos y le realice un examen físico y neurológico que incluiría una revisión de los reflejos, de la fuerza y tono muscular, de la capacidad de sentir ciertas sensaciones, así como de su postura y coordinación.

Aparte, se le podrían hacer exámenes de sangre para revisar el nivel de las vitaminas, la función de la tiroides, los niveles del azúcar sanguíneo, además de la función hepática y renal, porque todo esto también puede afectar los nervios. Además, el médico podría sugerirle que se someta a un examen electrofisiológico, conocido como electromiografía (EMG), y a un estudio de la conducción nerviosa. Ambos exámenes miden las señales eléctricas de los nervios periféricos y cuán bien transmiten los señales a los músculos.

En algunos casos, podría ser necesario realizar una biopsia del nervio (procedimiento en el cual se extrae un pedazo pequeño de un nervio sensorial cerca del tobillo para buscar anomalías) y exámenes por imágenes, como resonancia magnética o tomografía computarizada, para determinar la causa del daño nervioso.

Es importante que un médico evalúe su situación pronto. Si la fuente del problema fuera la neuropatía periférica y la sensación de frío en los pies sólo un síntoma de ésta, usted podría encontrarse en las etapas iniciales del trastorno y en ese caso, quizás todo lo necesario sería descubrir y tratar la causa subyacente del daño nervioso.  En cambio, si se deja avanzar el daño nervioso, la persona puede llegar a sentir dolor y presentar otros síntomas que podrían ser más difíciles de tratar con éxito.

 

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Ultima revisión: 2017

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