jueves, 7 de diciembre de 2017

Cáncer de mama: lo que debes saber sobre el cáncer del seno


El cáncer de mama o del seno es una amenaza real para las mujeres. Y todavía tenemos mucho que aprender de él para poder detectarlo a tiempo y controlarlo, antes de que nos cambie la vida. ¿Qué es, cómo se forma y qué tipos de cáncer de mama existen? Sigue leyendo para conocer los detalles sobre este cáncer y así poder estar alerta…

¿Quieres saber qué tan real es la amenaza del cáncer de mama para las mujeres? También conocido como cáncer del seno, actualmente es el cáncer que más afecta a las mujeres en todo el mundo. Tan sólo en Estados Unidos, 1 de cada 8 mujeres desarrollará cáncer de mama en el transcurso de su vida. El aprender a conocer tus senos y estar atenta a cualquier señal de alerta, es el paso más importante ya que si el cáncer del seno se detecta a tiempo, el tratamiento generalmente es más efectivo.

¿Cómo se forma el cáncer de mama?

Antes de comprender cómo se forma el cáncer de mama, debemos comprender cómo son nuestros senos por dentro. Éstos están compuestos por lóbulos, conductos, tejido conector grasoso, venas y vasos linfáticos. Para alimentar a nuestros bebés cuando somos madres, los lóbulos están compuestos por pequeñas glándulas mamarias (que producen la leche), las cuales están conectadas a conductos que llevan la leche hasta el pezón.

Como cualquier otro cáncer, el cáncer de mama surge cuando algunas células se alteran y empiezan a reproducirse de forma anormal y sin control. Cuando las células cancerosas se empiezan multiplicar dentro de los senos, inicialmente se forman pequeñas protuberancias o tumores que se pueden ver en algunos estudios (como la mamografía) o sentir a través de la piel mediante el tacto cuando son más grandes. Sin embargo, las protuberancias en los senos no siempre son cancerosas. Existen los tumores o quistes benignos y existen los tumores malignos o cancerosos. ¿Cuál es la diferencia? Mientras la mayoría de los quistes en los senos no ponen en riesgo tu vida, los tumores malignos sí pueden ser una amenaza para tu salud y, además, pueden esparcirse a otros tejidos u órganos de tu cuerpo. Cuando descubres algún crecimiento o protuberancia extraño en uno de tus senos, es necesario hacer más estudios. A veces, sólo se puede saber qué tipo de tumor es a través de una biopsia (tomando un pedacito del tejido).

Si en efecto el tumor en tu seno es maligno, es posible que con el tiempo las células cancerosas empiecen a esparcirse a otras partes del cuerpo, ya sea a los tejidos que rodean los senos o a otros órganos del cuerpo. Esto se llama metástasis.

El riesgo de que esto suceda depende del tipo de cáncer de mama que tengas y de dónde se haya empezado a formar. Por ejemplo, cuando hablamos de tipos, un cáncer puede ser in situ, es decir que no invade otros órganos (está en ese lugar solamente), o puede ser invasivo. Y cuando hablamos del lugar donde surge, en la mayoría de los casos el cáncer se desarrolla dentro de los conductos lácteos (carcinoma ductal) o en los lóbulos (carcinoma lobular). Aunque en algunas ocasiones, el cáncer de mama también puede desarrollarse en otros tejidos internos del seno o simplemente ser un carcinoma inflamatorio, que no forma ningún tumor sino que son células cancerosas que tapan los vasos linfáticos de la piel. El carcinoma inflamatorio no es muy común y se llama así porque hace que el seno se vea rojo e inflamado.

Cuando el cáncer es invasivo, y especialmente cuando surge en los vasos linfáticos, las posibilidades de que las células cancerosas se esparzan son altas pues pueden llegar a las glándulas linfáticas fácilmente, o las células de un cáncer del seno pueden entrar al torrente sanguíneo (a la sangre) y hacer una metástasis en otras partes del cuerpo como los huesos, el hígado, los pulmones y/o el cerebro.

La importancia de la detección temprana del cáncer de mama

Afortunadamente las investigaciones y avances médicos han permitido encontrar formas de tratar exitosamente el cáncer de mama y de controlar su crecimiento. Pero se ha comprobado que entre más temprano se detecte, especialmente antes de que se esparza, mejores resultados puedes obtener con el tratamiento.

¡Ponte alerta! Visita a tu ginecólogo y hazte el autoexamen de los senos regularmente. Y si tienes más de 40 años, hazte una mamografía como te lo indique tu médico de acuerdo a tus factores de riesgo.

 

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miércoles, 6 de diciembre de 2017

Las duchas vaginales: más riesgos que beneficios


¿Son buenas o malas las duchas vaginales? Es hora de hablar claro sobre este tema de higiene femenina.

Para muchas mujeres, el hacerse duchas vaginales es una forma de sentirse más limpias. Tal vez escucharon a sus amigas hablar del tema o incluso lo vieron en comerciales de televisión. No hay nada malo con querer mantener limpia la vagina, lo que es cuestionable es si está bien hacerlo con una ducha que lava su interior. Por lo general, y como suele suceder, tu cuerpo es tan sabio que él mismo sabe cómo mantenerse limpio por dentro. Sin embargo, si te quedan dudas acerca de si las duchas vaginales son beneficiosas o perjudiciales, es una buena idea que sigas leyendo. Tal vez te aclare tus dudas.

¿Qué es una ducha vaginal?

La ducha vaginal es un método que se utiliza para lavar la vagina, típicamente con una mezcla compuesta por agua y vinagre. Algunas duchas vaginales también contienen fragancias y antisépticos.  Las duchas vienen en una botella con un aplicador que impulsa la mezcla hacia adentro de la vagina y se pueden comprar en el supermercado. Algunas mujeres prefieren hacer su propia mezcla casera.

¿Tienen algún efecto positivo las duchas vaginales?

Se estima que alrededor de un 20% a un 40% de las mujeres en Estados Unidos usan duchas para su higiene vaginal, y dicen que las hace sentir más frescas y limpias. La mayoría dice hacerlo para eliminar olores desagradables, para limpiar su vagina de algún residuo del período menstrual e incluso para eliminar el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual. Sin embargo, más allá de esa “sensación” de frescura, las duchas vaginales NO son recomendables pues no se ha comprobado que sean eficaces para combatir ninguno de los propósitos mencionados. Es más, las duchas vaginales pueden incrementar el riesgo de desarrollar infecciones en la vagina y otras complicaciones que pueden surgir durante el embarazo, como aumentar el riesgo del parto prematuro.

¿Cuáles son los riesgos de las duchas vaginales?

Los riesgos de ducharte la vagina son muchos más que los beneficios. Así que si aún piensas que sin importar lo que pase, quieres seguir aseándote la vagina con estas duchas, debes reconsiderarlo. Los siguientes son algunos de los problemas que causan las duchas vaginales:

  • Infecciones vaginales (vaginosis bacteriana): las duchas vaginales alteran el equilibrio natural de la vagina. Estos cambios hacen que se cree un medio propicio para el crecimiento de las bacterias que causan infecciones en la vagina.
  • Enfermedad inflamatoria pélvica: es una infección que afecta al útero, las trompas de Falopio y los ovarios. Las investigaciones demuestran que si usas duchas vaginales, el riesgo de contraer esta enfermedad aumenta más del 70%.
  • Complicaciones durante el embarazo o relacionadas con el embarazo: si eres de las mujeres que usan duchas vaginales y no has podido quedar embarazada, tal vez esto tenga algo que ver. Los estudios han demostrado que las duchas vaginales más de una vez por semana, aumentan la dificultad para quedar embarazada. Además, las duchas vaginales aumenta el riesgo de tener un embarazo ectópico (cuando el embrión se instala fuera del útero) un 76%.

Supongo que ahora no tienes dudas sobre las ventajas y desventajas de las duchas vaginales. La recomendación es no hacerlo, puesto que tener olor vaginal es normal y con un jabón neutro y agua es suficiente para mantenerla limpia. Sin embargo, si llegaras a sentir un olor muy intenso, visita a tu ginecólogo porque puede tratarse de alguna infección a la que debes prestarle atención.

 

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¡Tengo dolor de espalda! ¿Qué puedo hacer para aliviarlo?


Si alguna vez has dicho esto, eres parte de las ocho de cada diez personas que sufren de dolor de espalda en algún momento de sus vidas. El dolor puede ser agudo o crónico y sus causas pueden variar. No dejes de leer acerca del dolor de espalda, una de las causas más comunes de consulta a los médicos.

Si alguna vez has levantado un objeto pesado,  pasas horas sentado, hiciste un mal movimiento, o simplemente sufriste un golpe puede que sufras de dolor de espalda.

Este dolor puede ser leve y constante, o presentarse como punzadas que te dificultan el movimiento. También puede surgir de repente, debido a una caída o algún problema con la alineación de tus huesos.

Un dolor de espalda se clasifica como agudo cuando aparece súbitamente y dura algunos días o pocas semanas. Si en cambio, dura más de tres meses, se dice que es crónico.

Causas del dolor de espalda

El dolor de espalda puede deberse a diferentes causas. La tensión muscular, el espasmo, los discos lesionados y la hernia discal son algunas de las causas más comunes. También puede ser causado por accidentes, caídas, fracturas, esguinces o mala postura. Además, puede acompañar a otras enfermedades como la artritis, la escoliosis, la fibromialgia, la endometriosis y a condiciones especiales como el embarazo.

Igualmente, el dolor de espalda puede surgir debido a alguna infección, tumor o por estrés.

El dolor se puede manifestar en forma de punzadas, tensión muscular, dolor que irradia hacia las piernas y puede afectar tu vida cotidiana al restringir tu flexibilidad y tu habilidad para hacer ciertos movimientos y para pararte derecho(a).

Consulta a tu médico si tu dolor es constante e intenso, en especial cuando estás descansando. Así mismo, si el dolor se refleja en las piernas, si te causa debilidad, adormecimiento u hormigueo en una o las dos piernas, debes hablar con un especialista de inmediato.

También debes estar muy atento(a) y visitar a tu médico si el dolor se acompaña de pérdida de peso sin que estés a dieta y/o si hay inflamación (hinchazón) y enrojecimiento en la espalda.

El médico te hará un examen físico para determinar la causa del dolor de espalda y para recomendarte un tratamiento. Otras pruebas que ayudan a determinar las causas del dolor en la espalda incluyen radiografías, estudios de resonancia magnética, estudios de tomografía computarizada y análisis de sangre, entre otros.

Tratamientos para el dolor de espalda

Una vez determinada la causa de tu dolor, tu médico te recomendará un tratamiento que puede incluir medicamentos analgésicos (medicinas para le dolor), relajantes y/o anti inflamatorios, ejercicios específicos, compresas frías y/o calientes, terapia física, inyecciones para aliviar el dolor y cambios de conducta (en la forma en que te sientas, como duermes, y tu postura en general). En algunos casos como los de dolor de espalda por hernia en los discos de la columna que no responden a los tratamientos convencionales o que están comprimiendo a los nervios o ciertos casos de fracturas en las vértebras, es necesario hacer una cirugía.

También existen terapias alternativas que pueden ayudarte a aliviar el dolor como la acupuntura, acupresión, la estimulación eléctrica transcutánea, los masajes y la manipulación o ajuste de la columna vertebral (quiropráctica).

Prevención del dolor de espalda

Para prevenir el dolor de espalda, puedes tomar ciertas medidas como:

  • Hacer ejercicio con frecuencia para fortalecer los músculos de la espalda y el abdomen. Está comprobado que quienes llevan un estilo de vida sedentario son más propensos a sufrir de dolor de espalda.
  • Mantener un peso saludable y una dieta que incluya calcio
  • Mantener una buena postura al estar de pie y sentado(a). Si tienes que estar de pie por mucho tiempo, mantén tu pelvis en una posición neutral y prueba descansar tus pies por turnos apoyándolos y elevándolos para quitar la presión de la parte baja de tu espalda.
  • Flexionando las rodillas y manteniendo la espalda derecha cuando se levantan objetos pesados para proteger la espalda.

Si tienes dolor de espalda que no mejora, consulta con tu médico para encontrarle solución y mejorar tu calidad de vida.

 

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Hirsutismo: el vello excesivo en las mujeres


Hay mujeres más velludas que otras, es normal. Pero si eres de las que tiene vello oscuro y grueso excesivo en donde casi ninguna mujer lo tiene, como la cara, la espalda o el pecho, es probable que tengas hirsutismo.

¿Qué es el hirsutismo?

Así se llama cuando a las mujeres nos crece mucho vello grueso y oscuro en las zonas donde generalmente les crece a los hombres: la espalda, el pecho, el abdomen, el mentón y el cuello o encima del labio superior. Generalmente se debe a un exceso de hormona masculina – andrógeno –  en las mujeres. Aunque en algunos casos se ha encontrado que también se puede deber a rasgos característicos de ciertos grupos étnicos.

Muchas mujeres sufren en silencio por ese incómodo vello excesivo que las avergüenza tanto y que ellas hacen hasta lo imposible por ocultar o eliminar. Si eso te sucede a ti, sabemos lo difícil que es, pero no te sientas sola… hoy en día el hirsutismo afecta al 10% de las mujeres en Estados Unidos.

La mayoría de las mujeres que tienen hirsutismo sólo sufren por el exceso de vello. Sin embargo, si tus niveles de hormona masculina (el andrógeno) son muy altos, tu cuerpo puede empezar a sufrir muchos más cambios, como queriendo adoptar una fisonomía masculina. Por ejemplo, la voz se vuelve más gruesa, sufres de calvicie o acné, tu busto se reduce y tu masa muscular aumenta, etc. ¡Un problema serio! En esos casos debes ver a tu médico urgentemente. Afortunadamente esto les sucede a pocas mujeres, y la gran mayoría únicamente sufre de exceso de vello.

La buena noticia es que hay posibilidades de tratar y controlar el hirsutismo. Entre el cuidado personal y los medicamentos, tienes varias opciones para elegir y así dejar de sufrir por este problema. Consulta con tu médico para que identifique las causas de tu hirsutismo o exceso de vello y te recomiende el tratamiento más adecuado para ti. En algunos casos son problemas endocrinológicos que REQUIEREN tratamiento, ya que puede deberse a tumores que están produciendo esas hormonas (es la minoría de los casos).

Opciones de tratamiento para el hirsutismo

Algunas opciones son…

  • Tratamientos caseros: afeitarte con cuchilla, usar el depilador para las zonas pequeñas, depilación con cera, depilación con productos químicos, decoloración.
  • Tratamiento médico: Píldoras anticonceptivas, medicamentos anti-andrógenos, y cremas medicadas para reducir el crecimiento del vello como Vaniqa.
  • Hacer dieta: Si tu problema es el exceso de peso, es muy probable que al perderlo disminuyan los niveles de hormonas masculinas en tu cuerpo.

Si no te habías atrevido a preguntar por qué tenías ese problema o a buscar ayuda para solucionarlo, ahora tienes una nueva posibilidad. Consulta a tu médico sobre el hirsutismo, él o ella te podrá ayudar.

 

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martes, 5 de diciembre de 2017

El posparto: ¿qué te espera después de un parto vaginal?


Muchas mujeres que tienen sus hijos por parto natural o vaginal, no saben bien qué viene después. El posparto, como se le llama a este período después de que nace tu bebé, implica algunos cambios mientras tu cuerpo vuelve a la normalidad. Aquí te contamos qué puede suceder y cómo cuidarte después de un parto natural o vaginal.

Llegó el tan esperado momento. Después de 9 meses de espera, tu bebé nació. Tus emociones están como en una montaña rusa. Estás feliz de ser madre y tener una nueva vida en tus brazos, pero también, te sientes extraña y no reconoces a tu cuerpo. La realidad es que el embarazo altera tu organismo de formas que tú no alcanzas a imaginar. Por eso, después de un parto vaginal o natural, es normal que sientas ciertas incomodidades que van de la mano con la recuperación de tu cuerpo. El traer una vida al mundo es un impacto muy fuerte. Y tu cuerpo es el que más siente el posparto en los pechos adoloridos, los cambios en la piel, la pérdida del cabello, y más.

¿Qué te espera durante el posparto?

Dolor vaginal: Si tuviste una episiotomía o rasgadura en la vagina durante el parto, la herida te podría doler durante varias semanas, en especial cuando caminas y te sientas. ¿Qué puedes hacer para ayudarte a calmar el dolor durante el posparto, y sanar más rápido?

  • Calma la herida aplicando hielo envuelto en un trapo. Los pañitos que venden en las farmacias para aliviar hemorroides son también útiles para este tipo de heridas porque contienen un ingrediente que cura: las avellanas.
  • Mantén limpia la herida. Cada vez que vas al baño, baña el perineo (la zona entre la vagina y el ano, donde está tu herida) con un poco de agua.
  • Al orinar, hazlo acurrucada en lugar de sentada. El echarte un poco de agua tibia sobre la vulva mientras orinas ayudará a disminuir la molestia o el dolor.
  • Cuando vas al baño a evacuar (defecar), trata de no hacer demasiada fuerza. Esto aliviará la presión en la herida. Si llevas una dieta rica en fibra y líquidos, tus heces serán más blandas y esto ayudará con el dolor. También ayuda que te pongas un paño limpio en la herida y lo sostengas contra ella mientras defecas.
  • Ten cuidado al sentarte: presiona bien tus nalgas una contra la otra. Si el sentarte te duele demasiado, usa un soporte en forma de rosquilla o donut para aliviar la presión.
  • Haz los ejercicios de Kegel, pues te ayudan a tonificar los músculos pélvicos. Aprieta los músculos de tu pelvis desde el día siguiente de tu parto, sosteniéndolos así por al menos 5 segundos y luego vas aumentando a diez. Repítelos varias veces al día durante el posparto.
  • Mantente atenta a cualquier síntoma de infección en la herida como inflamación (hinchazón), aumento en la temperatura (calor) o secreción parecida a la pus. Llama a tu médico de inmediato.

Secreciones vaginales: Vas a tener sangrado durante 6 semanas después del parto vaginal, aproximadamente. No te sorprendas: los primeros días el sangrado será fuerte. Poco a poco, pasará de rojo brillante a rosado, amarillo o café. Para evitar que desarrolles una infección, no se aconseja el uso de tampones, es mejor que uses toallas sanitarias. También es común que te salgan coágulos durante el posparto. Sin embargo, debes estar pendiente de algunos signos, como fiebre, sangrado excesivo o secreción de mal olor. En estos casos debes contactar a tu médico de forma inmediata.

Dificultad al orinar: Los tejidos que rodean a la vejiga y la uretra también pueden inflamarse durante el parto vaginal. Por eso, podrías tener dificultad al orinar durante el posparto. Pero lo mejor que puedes hacer es contraer y relajar tus músculos pélvicos cuando te sientes en el baño. También te aliviará poner un paño en la herida del perineo y echarte agua en la vulva mientras orinas. Por lo general, esta incomodidad pasará sola. Si no se calma y te duele orinar, si sientes muchos deseos de orinar o sientes que no estás vaciando bien tu vejiga, consulta con tu médico. Puede tratarse de una infección urinaria.

Contracciones: También conocidos como “entuertos”. Estas contracciones se sienten en los días después del parto. Los entuertos tienen como objetivo reducir el tamaño de la matriz o útero hasta que llegue a su tamaño normal y de contraer los vasos sanguíneos sangrantes que han quedado en donde estaba localizada la placenta. Si bien son molestos y se parecen al dolor que produce un cólico menstrual, los entuertos son una buena señal de que el cuerpo está sanando y está evitando una hemorragia mayor. Es probable que también los sientas cuando amamantas a tu hijo o hija puesto que tu cuerpo segrega oxitocina para que la leche salga del pecho y esto produce una contracción. Tu médico puede recetarte un medicamento si los dolores son muy fuertes. No dudes en consultarlo. Recuerda que no debes auto recetarte, ya que estás amamantando y todo lo que tomas puede pasar a tu bebé y afectar su salud.

Hemorroides: si cada vez que vas al baño a evacuar (defecar) sientes que te duele o notas una inflamación (hinchazón) cerca del ano, probablemente tengas hemorroides. Así se le llama a la inflamación de las venas del ano o el recto. Para aliviar el dolor mientras que las hemorroides sanan, usa pañitos que contienen hamamelis (witch hazel, en inglés) para refrescar el área afectada. Los venden en la farmacia, le puedes preguntar al farmacéutico o a tu doctor, para que te recomiende el mejor. Es probable que tu médico te recomiende que te apliques alguna otra crema en el área también.

Un consejo: para evitar que te salgan hemorroides durante el posparto, es bueno que tu dieta se alta en fibra, es decir, que incluya frutas, vegetales y granos enteros y que bebas mucha agua. También si puedes, mantente activa físicamente. Esto ayuda a que tus heces sean más suaves. Puede ser que tu médico te recomiende algún medicamento o laxante para ayudarte con esto.

Senos adoloridos: Que los pechos te duelan después del parto y además se sientan hinchados y pesados, es normal. Por lo general esto dura menos de 3 días y luego se mejora a medida que vas amamantando a tu hijo. El sacar la leche ayuda a descongestionarlos, por eso, si no amamantas, trata de ayudarte con una bombita succionadora para sacar la leche.

Es normal también que gotee un poco de leche. Para eso, existen paños que puedes ponerte encima del pezón para mantenerte seca.

Cambios en la piel: puede ser que notes que en tu cara aparecieron algunos puntos rojos. Esto se debe a que algunos vasos sanguíneos se pueden romper por la fuerza que hiciste al pujar durante el parto. Pero ¡no te preocupes! Desaparecerán en pocos días. En cambio, las estrías, las marcas más temidas por las madres, no desaparecen. Sólo cambian de color con el tiempo: de rojizas o moradas se vuelven blancas o grisáceas. No le aparecen a todas las mujeres. Hay un componente hereditario y también depende de cuánto peso aumentaste durante el embarazo y la rapidez con que lo hiciste.

Pérdida del cabello: recuerdo a una de mis mejores amigas, que luego de que tuvo su primer bebé se llevó la sorpresa de su vida cuando se estaba peinando y vio cómo se le caían mechones de pelo. Esto se debe a que durante el embarazo la elevación de las hormonas hace que el crecimiento normal del pelo se altere. Como resultado puede ser que haya una capa de pelo adicional que se cae toda al mismo tiempo cuando las hormonas empiezan a bajar al dar a luz. Es bueno que durante el posparto solamente te laves el pelo cuando sea necesario y que no sometas a tu cabello a químicos y altas temperaturas.

Cuídate durante el posparto. Dale tiempo a tu cuerpo de recuperarse y de volver a la normalidad. Mientras tanto, disfruta del milagro de dar vida.

Ante cualquier duda sobre los cuidados que debes tener después de un parto natural o vaginal, consulta con tu médico.

 

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¿Adolescente enojado? 8 tips para lidiar con la ira en los adolescentes


¿Tu hijo adolescente está enojado con frecuencia? ¿”Explota” con facilidad por cualquier cosa? ¿Las explosiones vienen acompañadas por gritos y portazos? Si tus razonamientos y regaños solamente logran escalar y empeorar la ira y el enojo, hay cosas que puedes hacer para reducir la tensión y tomar, como padre y adulto, el control de la situación.

El detonante del enojo de tu hijo puede ser algo tan sencillo como pedirle que recoja y limpie su habitación, exigirle que termine sus tareas antes de salir con los amigos, o preguntarle el porqué de las malas calificaciones en el último informe del colegio. En lugar de una respuesta adecuada, recibes un ataque y una respuesta airada y hasta irrespetuosa.  Muchos padres reaccionan a un hijo adolescente enojado dejándose arrastrar en el intercambio verbal de justificaciones y reclamos, echándole más leña al fuego, o se quedan paralizados sin saber qué hacer. Para que puedas tomar el control, aquí te sugerimos ocho consejos para sobrellevar la situación.

1.  Evita enfrentar y gritarle a tu hijo cuando está enojado. Lo más fácil del mundo es responder con ira ante la ira. Después de todo: “¿Qué se ha creído este niño?”. Tienes que ser más fuerte emocionalmente y actuar con inteligencia. Lo primero es mantener la calma para evitar que la situación empeore. Si evitas echar más leña al fuego, tu hijo tendrá la oportunidad de ventilar su enojo y discutir la situación calmadamente más adelante.

2.  No intentes razonar con tu hijo cuando está enojado y las emociones están desbordadas. Los adultos usamos la lógica y la razón para explicar las cosas. Pero si tu hijo está en plena rabieta, o muy enojado, la lógica no te servirá de nada. Y la frustración de la falta de entendimiento solamente empeorará las cosas y quizás se intercambien palabras de las que luego se arrepentirán. Es preferible que lo dejes retirarse a su habitación y esperes a otro momento más adecuado para explicar tus puntos.

3.  No le pegues, bajo ninguna circunstancia. Ante una falta enorme de respeto o consideración, algunos padres pierden todo el control y llegan al plano físico y ésa es una enseñanza terrible.  Evita hacer lo mismo, no importa lo que hayas escuchado de otros padres o de la forma en que te criaron a ti. El golpe físico solamente le enseña al hijo que los problemas se resuelven con violencia.

4.  Si es necesario, retírate hasta que recuperes el control. La ira es una emoción poderosa y se contagia rápidamente. Si la discusión y los reclamos de tu hijo llegan en un mal momento y te sientes a punto de perder el control, decídete por una retirada a tiempo: sal a caminar, enciérrate en tu habitación, respira profundamente, cualquier cosa que te devuelva la ecuanimidad, al menos como para que no hagas algo estando enojado, de lo que luego puedas arrepentirte. Si van discutiendo en el automóvil, estaciona (aparca) el auto lo antes que puedas. No conduzcas mientras estás en una discusión acalorada para evitar un posible accidente.

5.  Evita amenazar con castigos exagerados. El apasionamiento puede llevarte a prometer escarmientos que luego no podrás cumplir, y a la larga, eso te perjudica. Nunca prometas un castigo o consecuencia que no sea realista o sea desproporcionada a la falta. En vez de eso, conversa con tu hijo y explícale cuáles comportamientos son inaceptables y qué consecuencias habrá si te desobedece. En lugar de castigo, habla de retirar o reducir sus privilegios — televisión, videojuegos, celular (móvil), computadora — o actividades (cine, visitas, deportes). Se firme y mantén tu palabra para que tu hijo te respete y aprenda bien la lección.

6.  Refuerza la importancia de mantener el respeto mutuo. En esto tienes que predicar con el ejemplo.  No es un signo de debilidad decirle a un hijo: “Estoy tan enojado ahora que no puedo hablar contigo”, o “Necesito dar una vuelta.  Hablamos cuando me calme y te calmes tú también”. Al contrario, hace falta mucha fuerza interior para dominar los impulsos, especialmente la ira. Evita usar palabras vulgares, o insultos para que tu hijo aprenda a discutir, pero de manera limpia y respetuosa.

7.  Busca ayuda si tu hijo se muestra muy agresivo. Si el enojo del adolescente puede ponerlo en peligro a él o a los demás, no pierdas tiempo y busca ayuda profesional. Es necesario que un(a) terapista o un psicólogo(a) entrenado(a), descubra por qué está actuando de esa manera y le enseñe tácticas para manejar sus frustraciones.

8.  Mantén las vías de comunicación abiertas. Elige un momento oportuno y en privado para tratar de averiguar si hay algo que está perturbando a tu hijo adolescente. Asegúrale que es normal sentir sentimientos de enojo y enfado, pero que somos responsables de lo que hacemos cuando estamos enfadados. Por ejemplo: tu hijo puede sentirse enojado por algo que le pasó en la escuela, pero tirar la puerta, romper o tirar objetos, o decir groserías no son formas aceptables de ventilar su enojo o su mal humor. Es posible que tengas que repetir esto muchas veces, pero es importante.

Por último, trata de ser paciente con tu hijo. La adolescencia es una época emocionalmente difícil para cualquiera y tu hijo necesita tu apoyo y tu ejemplo aun cuando esté enojado. Una de las mejores enseñanzas que puedes darle al adolescente es a aprender a manejar las emociones fuertes, como la ira. Si le enseñas respeto y autocontrol le estarás dando las mejores armas para una vida emocional más saludable y armoniosa con los demás.

 

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Se cayó el bebé: ¿qué debes hacer si tu bebé se cae?


No te angusties si se cae tu bebé. Les pasa a todos.

Existe la posibilidad de que tu bebé se voltee y se caiga de la cama, del coche o carriola, del sofá, o de su sillita de comer. Cuando tu bebé ya gatea o camina, es mucho más probable que se pueda lastimar. Si bien es un momento angustiante, es indispensable que mantengas la calma y evalúes la situación con objetividad para ver si es necesario llevarlo al pediatra o si se trata de una caída que no tiene consecuencias importantes. Aquí te cuento más acera de qué debes hacer si tu bebé se cae.

Andrea le estaba cambiando el pañal a su bebita de 7 meses y en una fracción de segundo, mientras ella se agachaba a recoger una toallita del piso, su bebé se volteó y cayó en el piso de madera. Andrea todavía llora cuando recuerda de ese momento. El corazón se le detuvo por un momento y pensó lo peor. Luego del pánico y de llamar a su pediatra de inmediato, Andrea pudo respirar tranquila porque a su bebé no le pasó nada más que un chichón en la cabeza.

Puede que como a Andrea, a ti te haya sucedido alguna vez que tu bebé se haya caído. Y aunque no es lo ideal, a todo el mundo le puede ocurrir un accidente. Las caídas más comunes de los bebés son desde la cama, la mesa de cambiar el pañal, el cochecito o la carriola o incluso, la sillita de comer. Es probable que si tu bebé ya camina o gatea, se pueda tropezar y caer, o derribar algún objeto que pueda golpearle la cabeza. Cualquiera que haya sido la circunstancia de este tipo de accidentes, es importante tomar ciertas medidas para asegurarte de que tu bebé no haya sufrido ninguna lesión grave en la cabeza o en el resto de su cuerpo.

Dicen los que saben que los bebés parecen estar hechos de caucho, porque salen ilesos de muchas caídas que a simple vista parecían terribles. Sin embargo, es muy importante que consultes con tu médico para descartar que tu bebé no haya sufrido una conmoción cerebral (o traumatismo craneal / lesión cráneo encefálica)  — especialmente cuando se golpea la cabeza — que requiera atención.

Se cayó el bebé. ¿Ahora qué?

Si tu bebé llegara a caerse, no te angusties. Muchas caídas parecen peores de lo que son en realidad. Toma nota de lo que debes hacer:

  • Consuela a tu bebé
  • Revisa la cabecita y el cuerpo de tu bebé para ver si tiene algún moretón (magulladura, morado) o herida visible. Quítale la ropa para poder verle todo su cuerpecito. Si no le encuentras ninguna señal de alarma, es probable que no haya pasado nada. Si ves algún tipo de herida, llama de inmediato al pediatra.

Es importante aclarar que aunque no tenga ninguna herida visible en la cabeza, puede haber sufrido alguna lesión interna o lo que se conoce como conmoción cerebral. Para saber si es así, debes observar muy cuidadosamente el comportamiento de tu bebé y estar alerta a síntomas como los siguientes:

  • Pérdida de conciencia (desmayo)
  • Mareo
  • Somnolencia
  • Confusión
  • Problemas de coordinación en sus movimientos
  • Vómito
  • Irritabilidad
  • Salida de líquido transparente o con sangre de su nariz, de su boca o de sus oídos

¿Cuándo debes llamar al servicio de emergencia?

Si tu bebé se golpeó la cabeza y está sangrando, si tiene convulsiones, si perdió la consciencia (se desmayó) o está respirando de manera irregular, llama para recibir ayuda inmediata. Si sabes darle primeros auxilios (algo indispensable cuando se tienen un bebé) hazlo y no lo muevas, a menos de que haya peligro de que se lastime más si no lo haces.

Recuerda que la mejor forma de evitar que tu bebé se caiga, es tomando las medidas preventivas necesarias: amárralo bien cuando está en su silla de comer, en la mesa cambiadora de pañales o en su coche, no lo desatiendas ni por un segundo cuando está en una cama, silla o sofá; no corras ni camines con zapatos altos cuando lo tienes en brazos y crea un espacio seguro en tu casa para que tu bebé no se lastime cuando sale a explorar y a jugar en cada rincón.

Si tienes alguna pregunta acerca de las caídas de los bebés y sus posibles consecuencias, consulta con tu pediatra.

 

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